Emilio Aragón: “Mi experiencia como bodeguero fue un fracaso”

Prepara para el 11 de diciembre un concierto solidario en el WiZink Center y asegura que la clave de su éxito es saber escuchar, aunque la camisa de empresario le viene grande

Emilio Aragón.
Emilio Aragón.

Polifacético. Aunque comenzó como humorista, prosiguió su carrera siendo actor, músico, cantante, presentador, productor, director de cine, compositor, empresario audiovisual e incluso bodeguero. Emilio Aragón (La Habana, Cuba, 1959) contribuyó, con la llegada de las televisiones privadas a España, a modernizar el espectáculo audiovisual. En 1993 creó, junto a varios socios, la productora Globomedia, que durante años lideró la producción de ficción y de programas de humor. A pesar de todo ello, le gusta definirse como contador de historias y músico. Y es a esta faceta a la que dedica gran parte de su tiempo en la actualidad. La pasada semana recibió el premio A Toda una Vida Profesional José Manuel Martínez, que concede la fundación Mapfre, un reconocimiento a su compromiso con la sociedad, tanto en su carrera profesional como al margen de ella.

Han pasado casi tres décadas desde su despegue en televisión, con Vip y Vip Noche, en Telecinco.

Parece que fue ayer, y ya van 29 años. Aquella época del comienzo de las televisiones privadas fue algo contagioso, era tal la ilusión que teníamos por hacer las cosas de manera diferente que no había día que no rompiéramos los esquemas. Veníamos de una televisión cuadriculada y nos salíamos de la ortodoxia. Yo quise romper los cánones, me gustaba no respetar un plano, ni estarme quieto, quería sacar el cartón piedra, lo que no era bonito de la televisión. Y el ambiente que había era increíble, de colaboración, a nadie le importaba tirar de un cable si tenía que hacerlo. Había ilusión y felicidad, fue una gran oportunidad.

Todo esto de lo que habla es la base del trabajo en equipo de cualquier empresa.

Así deben funcionar las empresas. Esa ilusión debe ser contagiosa. Es un círculo vicioso y virtuoso. Es una espiral virtuosa que la gente tenga disposición para hacer las cosas. Es importante que en los equipos haya libertad, creatividad, que no haya ataduras.

También es uno de los pilares de la gestión moderna.

Un ejemplo es el caso de Monty Python, de cómo la idea de una persona cambia el mundo de la comedia. Cuando Ian MacNaughton, el director de la BBC, llama a John Cleese para montar un programa de televisión, crea ese equipo, al que le da libertad absoluta. De esa primera reunión sale lo que más tarde se convirtió en Flying Circus, todo un fenómeno que nació de la oportunidad que ofreció un señor al dar libertad creativa.

Ahora le premian por su faceta solidaria.

Me premian por mayor y porque llevo 20 años colaborando con Acción Contra el Hambre, por llevar el mensaje a la calle de que hay que erradicar el hambre. Lo intento con documentales, visitando ciudades donde cooperamos porque se trata de poner cara y ojos a la situación. Con Lucha de gigantes hacemos un documental, un disco y un concierto. Este año será el 11 de diciembre en el WiZink Center de Madrid, y pretendemos con 28.500 entradas ayudar a una causa importante. Mi sueño es que la canción de Antonio Vega la cante Bruce Springsteen. Estoy llamando a puertas para conseguirlo, depende de muchas cosas, pero estoy convencido de que es una combinación perfecta. La canción, Springsteen, su guitarra y su armónica... Si tuviera que escribir una carta a los Reyes Magos sería esta.

¿Es de ponerse muchos retos?

Son pequeños Everest que me gusta subir. No los subo todos, pero me gusta intentar salir de la zona de confort y ponerme retos, es estimulante y necesario, aunque unas cosas salen y otras no. Fuera del ámbito profesional, me gustaría poder hacer un triatlón, pero estoy operado de una rodilla y no voy a poder, así que me conformo con montar en bici.

También ha emprendido varios negocios, ¿se considera un empresario al uso?

La camisa de empresario me queda grande. Yo soy más de lanzar ideas y que sean otros compañeros los que les den forma. A mí me gusta mucho la gastronomía y haciendo una analogía culinaria, soy de los que digo vamos a hacer conejo al ajillo y alguien es el que dice cómo tenemos que cortarlo. Cuando haces una película tienes que escuchar a todo el mundo, hay cien personas trabajando. Recuerdo cuando estábamos rodando Pájaros de papel, yo quería, desde el primer día, una escena de Imanol Arias y del niño sentados en la rama de un árbol con el campanario de Almagro al fondo. Desde producción me decían que era complicado, pero yo sabía que esa secuencia era la película. Un día, el ayudante de dirección, Carlos Gras, me hizo ver que esa escena no tenía mucho sentido porque la verdadera casa de los personajes era el escenario.

¿La clave está en que el jefe sepa escuchar?

En cualquier faceta creativa hay que saber escuchar a los que tienes alrededor. Es importante y lo estamos viendo en política, todo el ruido que distorsiona nuestra vida.

¿Le tienta la política?

Yo, en el mundo de la política, sería un desastre, solo soy un ciudadano de a pie.

También montó la bodega Martúe.

Pero fue un fracaso. Aquella experiencia me dejó un mal sabor de boca. Hay que entrar en negocios que conozcas un poco. El fracaso es un capítulo más de tu vida, lo importante es la actitud. Mis hermanas y yo tenemos la suerte de tener a una gran maestra, que es nuestra madre, que es vitalista, optimista, conduce todavía, tiene Instagram y aunque el pan esté duro dice que es maravilloso.

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