La fusión de Fiat y Renault deja a Peugeot mordiendo el polvo

Tavares tiene alternativas, como Jaguar Land Rover y General Motors, pero lo que podría ganar está lejos de la opción de unirse a FCA

Coche de Peugeot.
Coche de Peugeot.

Imagínese a Carlos Tavares solo en una pista de baile viendo a Fiat Chrysler Automobiles abrazar a su rival de amores Renault. El solitario consejero delegado de Peugeot tiene algunas opciones alternativas, pero esos emparejamientos carecerían de la química que existía entre Tavares y su pretendiente italo-americano.

El grupo automovilístico de Tavares, valorado en 18.400 millones de euros, se acercó a FCA para llegar a un acuerdo a principios de año, informó el Wall Street Journal, mientras que Robert Peugeot, del grupo epónimo de la familia de accionistas, dijo que “los planetas podrían alinearse”.

La fuerte presencia de Fiat en Estados Unidos a través de Jeep habría impulsado el objetivo de Tavares de diversificarse, alejándose de una Europa que crece lentamente, y que proporciona la mayor parte de sus ventas. Los ahorros derivados de la combinación de comprar y fabricar en Europa, mientras, habrían ayudado a pagar un impulso hacia los vehículos eléctricos.

En lugar de eso, el presidente de FCA, John Elkann, ha optado por una fusión con Renault, cuyas alianzas con las japonesas Nissan Motor y Mitsubishi Motors proporcionan un peso global superior y una ventaja en electrificación.

La alternativa más obvia para Tavares es Jaguar Land Rover, con sede en Gran Bretaña y propiedad de Tata Motors, de India. Tiene un valor de 5.800 millones de euros, incluida la deuda, según las estimaciones de Credit Suisse, y registró una pérdida operativa de 180 millones de libras (204 millones de euros), frente a los 24.200 millones de libras (27.300 millones de euros) de ventas registradas en el ejercicio hasta marzo. Tavares podría ayudar trasladando la producción a Francia para protegerse del Brexit, y combinando las instalaciones de Reino Unido con su marca Opel Vauxhall. La unidad otrora deficitaria que Tavares compró en 2017 a General Motors obtuvo un margen operativo del 4,7% el año pasado, lo que confirma su reputación como especialista en cambios de rumbo.

Aún así, ese acuerdo no ayudaría mucho a las ambiciones de Tavares en Estados Unidos, ya que casi las tres cuartas partes de las ventas de Jeep Land Rover provienen de fuera de EE UU. Y no hay pruebas de que Tata esté dispuesto a vender la joya de la corona.

Tavares podría quizás llamar a la consejera delegada de General Motors, Mary Barra, en su lugar: los dos grupos tienen un conjunto complementario de modelos de vehículos y regiones. Pero es poco probable que se produzca una fusión, ya que GM, valorada en 50.000 millones de dólares (45.000 millones de euros), es mucho más grande y Barra parece estar centrada en producir robotaxis en EE UU. En el mejor de los casos, Tavares podría utilizar parte de la capacidad sobrante de GM para su impulso americano.

Esta cooperación fragmentaria está lejos de lo que se ha perdido de una fusión con FCA, que prometía un ahorro de costes de 5.600 millones de euros utilizando la referencia del 3% de los ingresos conjuntos de la operación prevista con Renault. Tavares está mordiendo el polvo de las fusiones y adquisiciones.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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