Kristina Blahnik: “Todavía hay lugar para el zapato de tacón”

Cumple diez años como directora ejecutiva de la firma

Blahník
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Estudió arquitectura y creó su propio estudio en Londres, Data Nature Architects, pero se desenamoró de la profesión y, desde hace 10 años, Kristina Blahnik (Colonia, Alemania, 1974) está al frente de los icónicos zapatos que fundó su tío Manolo Blahnik. La ejecutiva recibe a CincoDías en el marco de la jornada FT Business of Luxury Summit, que se celebró en Madrid esta semana y en la que reivindicó la importancia del legado de las marcas como pilar sobre el que seguir construyendo su propio futuro.

Es arquitecta, ¿no estaba en sus planes dedicarse a la empresa familiar?

Bueno, mi primer empleo fue trabajar en la tienda mientras estaba de vacaciones. Sin embargo, estudiar arquitectura es esa clase de cosas que estoy orgullosa de haber hecho por mi cuenta antes. Entrar en el negocio familiar nunca fue parte del plan, pero cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que era mi destino. El camino que hice antes fue parte de lo que necesitaba para aprender las habilidades que aplico ahora.

¿Qué le hizo cambiar de opinión?

Un cúmulo de circunstancias. Me desenamoré de la arquitectura porque la realidad de trasladar la creatividad a los negocios siempre es distinta de lo que imaginabas que iba a ser. Tuve mi propio estudio durante diez años, pero noté que necesitaba un descanso. Por otra parte, le dije a mi familia que quería entrar en la empresa durante seis meses y explorar bien lo que era aquello. Rondaba los 35 años y tenía la sensación de que ya había creado mis propias ideas, que había dado forma a mis pensamientos y a mi madurez y, por tanto, que tenía que devolverles algo a mi madre y a mi tío desde una nueva perspectiva. Sentí que era el momento. Mucho de lo que he llevado a cabo en mi vida y en la empresa ha sido puro instinto.

¿Siente una mayor responsabilidad al tratarse del legado familiar?

Totalmente, pero es algo que hago con total compromiso y con mucha pasión. Tengo el lujo de saber cuál es mi propósito: proteger lo que mi madre y mi tío han construido durante casi 40 años. También asegurarme de que dentro de 100 años, cuando se vea o se oiga el nombre de Manolo Blahnik, sigan resonando los valores y los principios fundamentales con los que empezó la marca, que son la belleza, la creatividad, la modestia... Los objetos son el resultado final de todo un viaje intelectual y me siento muy honrada de que me hayan confiado esa responsabilidad.

¿Qué huella le gustaría que dejara su paso por la marca?

Un legado honesto y con historia. No solo sobre cómo comenzó la firma, sino que también narre lo que hacemos ahora, los valores que tenemos detrás. Por supuesto, también está el cuidado a los objetos; uno de los proyectos en los que hemos estado trabajando en los últimos cinco años es en la construcción de nuestros archivos. Los hemos unificado, protegido y registrado porque queremos formar una biblioteca de referencias que contenga toda esta energía y pasión que se ha creado en los últimos 50 años y que tenemos intención de seguir generando.

¿Cómo combinan la novedad con la tradición?

Sin tradición no somos nada; Manolo [Blahnik] ha creado el futuro a base de referencias al pasado, el archivo recoge ese relato e, irónicamente, no hay futuro sin ella. La biblioteca es algo de lo que se puede aprender y que nos ayuda a desarrollar los diseños para, a través de la imaginación, llevarlos al siguiente nivel. No hay una fórmula, es un instinto, una emoción; si pudiera expresarlo con palabras, desbloquearía el Santo Grial de la creatividad. En el entorno de la pasión solo puedes innovar e inventar.

¿Cómo atrae a las nuevas generaciones?

Haciéndoles sonreír. Puede sonar cursi, pero es verdad, todo lo que queremos es hacer feliz a la gente. El propósito número uno es crear objetos bonitos, historias bonitas que contar. Nuestras redes sociales no tratan de vender, sino de crear una conexión emocional, algo que se está perdiendo, aunque, irónicamente, pensamos que estamos más conectados que nunca. Por eso creo que establecer estos vínculos es la clave. También con uno mismo, hacerte un regalo, sonreírte, reconectar con tu propio bienestar...

A pesar de la casualización de la moda y el auge de las deportivas, ¿siguen vendiéndose los zapatos de tacón?

Por supuesto, conviven en paralelo de manera muy simbiótica. Afortunadamente, cada ser humano es diferente y todos tenemos gustos distintos. Si la moda fuera como un uniforme, perderíamos nuestra identidad. La diversidad y la capacidad de elección son las herramientas con las que cada uno construye su personalidad. Así que creo que aún queda un muy buen lugar para el zapato de tacón.

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