El reto de invertir en la compleja China

Será la economía más grande, pero apostar por sus mercados exige conocimiento y tiempo

Esta semana, un inversor, atraído por las expectativas de China, me preguntaba cómo se podía invertir en este mercado. No es la primera vez y creo que es una oportunidad para hacer un análisis. La economía china creció a una tasa media del 10% anual durante tres décadas hasta 2010 y ese año superó a Japón para convertirse en la segunda economía más grande del mundo.

Sin embargo, la inversión extranjera en sus mercados de capitales es insignificante todavía, y resulta muy sorprendente si lo comparamos con el peso de su economía. Tiene su explicación: sus mercados financieros son inmaduros y algunos de sus valores tienen limitado el acceso al inversor foráneo. Esto está cambiando, China se está abriendo al inversor extranjero y todos sus tipos de acciones, e incluso los bonos, están empezando a incluirse en índices globales.

En China existen tres mercados: Hong Kong, Shanghai y Shenzhen. La bolsa de Hong Kong es la más antigua y pueden invertir inversores extranjeros. Las otras son bastante jóvenes, nacieron en 1990 y tienen limitado el acceso a los inversores extranjeros. Sin embargo, ambas son muy importantes por capitalización bursátil; Shanghai es la quinta bolsa más grande del mundo. Además, la selección se complica porque existen diferentes tipos de acciones que incluso pueden convivir en el mismo mercado, cotizando en diferentes divisas. Hay acciones A, B, las H, las red chips, las P-chips y las listadas en mercados extranjeros.

China ya tiene una importancia notable en el peso del índice de bolsa emergente. Cuando las acciones de China se incluyeron por primera vez en el MSCI Emerging Markets, en 1996, sólo pesaban un 0,46% del valor del índice. En marzo de 2018, ya pesaban casi un 30%. Pero estamos hablando principalmente de acciones que cotizan en Hong Kong en dólar hongkonés (acciones H).

Las acciones A, acciones cotizadas en los mercados domésticos (Shanghai y Shenzhen) y en reminbis o yuanes, como queramos llamar a la divisa china, sólo eran accesibles para inversores chinos y algunos pocos extranjeros cualificados (con permiso del gobierno chino). El mercado doméstico, en concreto el de acciones A, es muy volátil. Hay que tener en cuenta que el inversor chino tiene poca experiencia como inversor comparado por ejemplo con el inversor americano y parece que el apalancamiento y otras prácticas pasadas, un poco especulativas, no ayudaron, con lo que en ocasiones, el gobierno ha intervenido en los mercados para parar caídas muy agresivas. En las estructuras del poder parecen concienciados de que tiene que hacer madurar e internacionalizar sus mercados.

Los índices MSCI de bolsas mundiales comenzaron a incluir en 2018 las acciones chinas de clase A en su composición y el objetivo es que vayan entrando de manera escalonada.

Aunque el impacto de esta inclusión todavía es poco apreciable –son pequeños pasos todavía y queda un largo camino– la importancia de los mercados chinos será muy significativa en el futuro. Como dato, cuando se acaban de incluir las acciones A, China pesará más del 40% en el MSCI Emerging Markets.

Esto obligará a los gestores pasivos a incluir estas acciones en fondos indexados a estos índices y según las estimaciones realizadas por Goldman Sachs, podrían entrar más de 200.000 millones de dólares a las bolsas chinas en los próximos cinco años.

Pero de momento, la complejidad de sus mercados, fragmentados en varios tipos de acciones, que cotizan en diferentes divisas y mercados, así como su volatilidad no lo hacen aptos para todos los públicos. Además, la rentabilidad de las acciones chinas ha sido muy volátil y con resultados muy diferentes en diferentes periodos

El MSCI China se lanzó en octubre de 1995. El índice, que representa todo el universo de acciones disponibles para cualquier inversor, desde que se calcula y a pesar del espectacular crecimiento del PIB chino no bate al índice de bolsa mundial de países desarrollados (MSCI World) que le supera por casi el doble de rentabilidad. Y tampoco supera al de bolsa global emergente. Sin embargo, de 2000 a 2007, la bolsa china subió más del 200% mientras que la bolsa mundial solo ganó un 30%.

En los últimos 3 años, China supera ampliamente tanto al mundo como al índice de emergentes, pero sus caídas en correcciones suelen ser del doble de magnitud. El problema es que ahora hay al menos cuatro índices sólo para el mercado chino y sólo de MSCI: MSCI China, MSCI China A, MSCI China All Shares y MSCI China H.

Varias gestoras extranjeras han obtenido la consideración de inversor cualificado y pueden invertir en cualquier tipo de acciones del mercado chino. En teoría, como el mercado chino es inmaduro debería ser fácil de batir, sin embargo, es difícil decidir contra qué índice deberíamos medir la gestión activa si se quiere invertir en China pensando en el futuro. Pero por el mismo motivo también sería difícil elegir que ETF compramos. Además, en este universo sí se encuentran fondos que baten por una cantidad considerable a los índices, lo que no implica necesariamente que sean poco volátiles ni mucho menos. El inversor que se vea atraído por rentabilidades del 40%, que acumulan algunos índices chinos en lo que va de 2019, tiene que saber que puede sufrir caídas del mismo nivel, lo que no implica que no pueda ser la mejor inversión de los próximos 20 años.

En mi opinión invertir en China es totalmente desaconsejable para inversores particulares sin asesoramiento profesional.

Marta Diaz-Bajo es Directora de análisis de fondos de atl Capital

Normas