Eliminar barreras al comercio global para alimentar el crecimiento

La rebaja de las cifras de la OMC no puede constituir una sorpresa, pero sí una seria advertencia

El comercio internacional constituye uno de los grandes motores que impulsan el crecimiento de las economías y una de las variables que acusan de un modo más directo los efectos negativos de los conflictos normativos y las tensiones geopolíticas. Las previsiones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para este año son un ejemplo de esta relación causa-efecto. El organismo ha rebajado sus cifras de crecimiento para 2019 desde el 3,9% hasta el 2,6% como consecuencia de un cóctel de circunstancias que incluye la desaceleración de las economías mundiales y la volatilidad de los mercados, pero también el aumento de las turbulencias geopolíticas. Un ejercicio parecido anticipa el propio Fondo Monetario Internacional, que prevé un recorte en sus previsiones de actividad. El incremento de los aranceles comerciales como consecuencia del conflicto entre EE UU y China o el callejón sin buena salida en que parece haberse instalado el Brexit son dos ejemplos de esos últimos factores. Ante un escenario tan complejo como este, parece obvio que la rebaja de las cifras de la OMC no puede constituir una sorpresa, aunque sí una seria advertencia sobre la factura que puede pasar a la debilitada economía mundial un comercio internacional que pierde fuelle.

España ha conquistado una posición sólida en la clasificación de los países de la OMC por su volumen de exportaciones e importaciones, como consecuencia del potente crecimiento que han experimentado en los últimos años las ventas españolas al exterior, pero también de la recuperación de la demanda y el consumo internos tras los largos años de la crisis. Mantener e incluso mejorar esa posición exige trabajar con ese objetivo y avanzar en tareas pendientes. Continuar ampliando la base de empresas exportadoras, con especial atención a las pymes, y seguir adelante con el proceso de liberalización de la economía forman parte de las medidas que el Gobierno que salga de las próximas elecciones debería implementar.

Sin embargo, buena parte de las barreras al comercio y de las razones que están afectando a su crecimiento no dependen de las economías nacionales, sino que requieren de una estrategia común que permita hacer frente a conflictos que exceden el ámbito doméstico, como es el caso de la guerra comercial o el enmarañado laberinto en que se ha transformado el Brexit. La lista de asignaturas incluye también un repaso normativo de la ingente y, en ocasiones, excesivamente rigurosa política europea en ámbitos como el derecho de competencia. El objetivo debe ser facilitar un comercio global que es clave para el crecimiento.

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