¿Qué implica para los mercados la incertidumbre del Brexit?

El análisis político y el análisis fundamental de la inversión son ya dos caras de la misma moneda

Queda muy poco tiempo para que se tome una decisión sobre el Brexit y la niebla que rodea la situación es más espesa que nunca. Los riesgos para la economía y los mercados de Reino Unido son altos y, en este momento, sobre la mesa todavía hay planteados un buen número de resultados potenciales.

La fecha límite para la esperada salida de la Unión Europea es el 29 de marzo. Y el camino que queda por recorrer no es ahora más certero de lo que era en el verano de 2016, cuando los votantes británicos aprobaron en referéndum por un estrecho margen este histórico desacoplamiento. Hasta el momento, la libra esterlina ha sufrido la mayor parte de las consecuencias, con caídas de un 11% frente al dólar. A partir de ahora y hasta finales de marzo, las consecuencias podrían ser incluso más severas si los líderes europeos y británicos no se ponen de acuerdo en una hoja de ruta de salida razonable. El Parlamento británico rechazó por un amplio margen uno de esos planes y esta derrota ha desencadenado una incertidumbre política sin precedentes.

Hay tres escenarios plausibles que podrían ponerse en marcha en las próximas semanas, de más a menos probable.

u Que los líderes británicos y europeos acuerden extender la fecha límite. Un aplazamiento es casi inevitable en este punto porque no queda mucho tiempo para renegociar los términos de la salida. Si bien algunos líderes europeos han insistido en que no quieren dar más tiempo a Reino Unido, quizá no tengan más opción. Si el país abandona sin un acuerdo, entonces virtualmente todo el mundo pierde.

u Que otra votación trascendental pueda decidir el destino de Gran Bretaña. Se produce una nueva votación. Lo que no está claro, en cualquier caso, es quién pondrá en marcha esa elección trascendental. Dependiendo de la duración del retraso, se presentan varias opciones. Estas incluirían otra votación en el Parlamento sobre un acuerdo de retirada reformado, unas elecciones generales que puedan reconfigurar la Cámara de los Comunes o, incluso, un segundo referéndum nacional que pudiera reabrir toda la cuestión sobre el Brexit. La opción más plausible es un acuerdo de salida reformado.

u Que Reino Unido abandone Europa abruptamente sin acuerdo. Este sería el resultado más complicado y desencadenaría la mayor incertidumbre, ya que significaría que la relación entre Reino Unido y Europa se ha roto. Si llegara a suceder, el país volvería a regirse por las reglas de la OMC que establecen las directrices del comercio internacional, limitando severamente el libre flujo de bienes, servicios y personas hacia y desde Reino Unido.

Bajo un Brexit sin acuerdo, se produciría un fuerte descenso en el comercio entre Reino Unido y sus vecinos más cercanos de la Unión Europea: Irlanda, Francia, Países Bajos, Dinamarca y Alemania, según sugieren algunas estimaciones independientes. Es casi seguro que este escenario conduciría a una nueva caída de la libra y que se produciría una venta masiva de acciones de compañías con alta exposición a la economía doméstica de Reino Unido o aquellas que comercian con Europa.

Una vez que hemos superado los desafíos a corto plazo descritos anteriormente, las implicaciones a medio y largo plazo son más cuantificables.

Probablemente Reino Unido abandone la UE, si no el 29 de marzo, sí en algún momento en el futuro cercano. El alcance del impacto económico dependerá del nivel de alineamiento que mantenga con el mercado único de la UE y la unión aduanera. La economía británica se ha beneficiado de décadas de comercio regional sin restricciones; sus socios comerciales más importantes siguen siendo los otros 27 miembros de la UE.

Si opta por alejarse, podríamos esperar una menor actividad comercial, un crecimiento económico más débil y, en última instancia, un menor nivel de vida. Algunas compañías pueden decidir trasladar sus instalaciones a la Unión Europea, como lo han advertido varias multinacionales, y otras pueden optar por no expandirse a Reino Unido.

En el largo plazo, las acciones tienden a moverse más o menos en línea con el crecimiento del PIB de las economías. Eso no es un buen augurio para la perspectiva a largo plazo de la Bolsa de Reino Unido en conjunto. Sin embargo, vemos opciones para un mercado bifurcado en los próximos años. Las empresas con gran exposición a la economía doméstica del país, como los bancos, los minoristas y las empresas de servicios públicos pueden tenerlo más difícil que las multinacionales con sede en el país.

Algunas de las compañías de gran capitalización que cotizan en la Bolsa de Londres pertenecen a esta categoría, entre ellas el gigante petrolero BP, el fabricante de medicamentos GlaxoSmithKline y la firma de bebidas alcohólicas ­Diageo.

El Brexit debería tener poco o ningún impacto en la perspectiva a largo plazo para varias multinacionales con sede en Reino Unido. Sin embargo, para algunas firmas del país, la salida de Europa podría impactar de forma significativa en términos de crecimiento de ingresos, rentabilidad futura y gestión de la cadena de suministro. Desde una perspectiva de inversión, eso significa que un análisis fundamental de las compañías del país y sus fuentes de ingresos será fundamental para identificar oportunidades potencialmente atractivas a largo plazo.

La creciente incertidumbre política es un tema con el que los inversores probablemente vivirán durante una década o más. Es un problema generacional y una desviación significativa de la política relativamente estable de la era posterior a la Guerra Fría. Si alguna vez hubo un momento en que los inversores podían ignorar la política y seguir prosperando, ese momento ha llegado a su fin. Los acontecimientos de los últimos dos años lo han dejado claro: el análisis político y el análisis fundamental de la inversión son ahora dos caras de la misma moneda.

Robert Lind es Economista de Capital Group

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