Cómo invertir en España a prueba de riesgo político

El mercado confía en la disciplina fiscal española aunque vigilará la desviación del déficit y el alza del SMI

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno

La inestabilidad política y la desaceleración económica se han convertido en los dos grandes ejes sobre los que gira el ánimo de los inversores. Pero no en lo que respecta a España. La inesperada llegada al poder de Pedro Sánchez en junio del pasado año o las dificultades que afronta para sacar adelante unos Presupuestos que debería haber presentado el pasado septiembre no han llegado a enturbiar hasta el momento la visión hacia España de los inversores, concentrados en vislumbrar si la economía global se desacelera sin más o va hacia la recesión y en sortear riesgos políticos a gran escala como la tensión comercial entre Estados Unidos y China o el Brexit.

Así, la presentación de las cuentas públicas para 2019 este lunes pasado no ha hecho mella en el mercado español, a pesar de que plantean sobradas incertidumbres sobre la previsión de ingresos y de que, de no lograrse el apoyo político necesario para su aprobación, sería muy probable la convocatoria de elecciones anticipadas.

España ha logrado sacudirse la etiqueta de país problemático en el que invertir. No solo por eliminación, comparada con Italia, la otra gran economía de la periferia europea con la que ha rivalizado para atraer capital. Sino por méritos propios tan apreciados por los inversores como haber completado el saneamiento de su sistema financiero, haberse comprometido con la consolidación fiscal pese a los cambios de signo de Gobierno y no contar con movimientos políticos con capacidad de llegar a modificar el statu quo.

La elevada tasa de desempleo o la profunda desigualdad que ha dejado en herencia la crisis no descabalgan a España del grupo de países que más va a crecer este año, más que el resto de las grandes economías de la zona euro en un entorno de declive económico generalizado.

Ni los Presupuestos ni unas posibles elecciones anticipadas pesan en el ánimo de los inversores

La deuda soberana española logró desmarcarse del duro castigo que sufrió el pasado año la italiana a causa del desafío presupuestario que lanzó su gobierno ante Bruselas, sin que la debilidad del gobierno de Pedro Sánchez –que no ha logrado hasta el momento apoyo suficiente para ninguna reforma de calado– o la problemática del independentismo catalán sean motivos de auténtica inquietud en el mercado.

“España está fuera del radar de los inversores internacionales en términos de riesgo político, como demuestra la estabilidad del diferencial de la deuda en plena tormenta política italiana”, defiende Roberto Ruiz-Scholtes, director de estrategia de UBS Banca Privada en España. La prima de riesgo española está en la actualidad en los 108 puntos básicos, ligeramente por debajo de los 117,6 en que cerró 2018 y alrededor de los 100 puntos en que cotizaba con la llegada de Sánchez al poder.

El gigante estadounidense de banca de inversión Goldman Sachs sobrepondera para este año la renta variable española, en la que ve una de las valoraciones más atractivas de los mercados desarrollados, y también deja en segundo plano el posible riesgo político. “Hay una alta probabilidad de nuevas elecciones en España a la vista de la fragmentada coalición que apoya al Partido Socialista y de que el independentismo catalán también contribuirá dando titulares”, reconoce Goldman Sachs. Sin embargo, ninguno de estos dos frentes de inestabilidad política tendrá un impacto material en la Bolsa española, según el banco estadounidense.

“No hemos observado preocupación hacia España a raiz de la presentación de los Presupuestos. Nos preocupan más internamente que por ahí fuera”, reconocen en el departamento de mercado de capitales de un banco extranjero. Los gestores sí analizan en cualquier caso aspectos como el alza que el salario mínimo puede tener en la creación de empleo –el Banco de España calcula que puede poner en riesgo hasta 150.000 puestos de trabajo– o el grado de desviación de déficit público con que pueda terminar el año respecto al objetivo previsto del 1,3%. “La desviación tendría que ser muy notable como para generar tensión entre los inversores”, apuntan desde un banco de inversión.

La prioridad, la disciplina fiscal

“Los ajustes propuestos en los impuestos sobre la renta y sobre sociedades son relativamente menores y no deberían tener apenas influencia sobre las decisiones de inversión empresarial o financiera. A largo plazo, es más relevante para los inversores contar con un marco jurídico y fiscal estable y un sistema impositivo armonizado con otros países de la UE”, añade Ruiz-Scholtes.

Los expertos coinciden en que la prioridad a la hora de analizar España en términos de inversión está en la disciplina fiscal. El responsable de riesgo soberano de Standard & Poor’s, Marko Mrsnik, reconocía esta semana que el aspecto más valorado por la agencia es el compromiso con la reducción del déficit, que no estaría puesto en duda con los Presupuestos. “Lo que es más importante para nosotros es la clara senda de reducción de déficit de España, las medidas van a esa línea”, insistió Mrsnik, para quien un objetivo de déficit más holgado –de hasta el 2,1% al cierre de 2019 que llegó a prever la agencia respecto al anterior objetivo del Gobierno del 1,8%– sería incluso compatible con un alza de rating.

El foco está en el riesgo de recesión global y de guerra comercial. La prima de riesgo española no acusa la política

Gestores y banqueros dudan de que los Presupuestos presentados el lunes alcancen el respaldo político necesario para salir adelante. Pero, incluso si son aprobados, su efecto neto es bastante neutral en términos fiscales, según ha apuntado la AIReF esta semana. “Tanto si se aprueban como si no, Bruselas y la mayoría de analistas prevén que el déficit público supere el 2% este año por el fuerte aumento del gasto en pensiones y salarios de empleados públicos”, añaden desde UBS.

En Barclays advierten que “es probable que España se desvíe, con mucho margen, de los objetivos de déficit del Gobierno, lo cual se podría traducir en una caída del apetito de riesgo y en mayores rentabilidades exigidas a la deuda española. El banco británico apunta además que el alza del impuesto de sociedades puede suponer una desventaja competitiva y un menor atractivo para los inversores y muestra su preocupación por la elevada deuda pública. Pero pese a apreciar un aumento de la incertidumbre política y fiscal en España, Barclays también reconoce que “la situación en España no parece ser una preocupación importante para los inversores en estos momentos”.

Jesús Sáez, responsable de mercados de deuda de Natixis en España, también reconoce que los inversores no están penalizando a España a causa de la política, al menos de momento. “Y será así mientras haya otros focos de preocupación más generales como el Brexit, la guerra comercial y, sobre todo, la evolución de los tipos a futuro en relación a la situación macro-económica global”, apunta.

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