Alfredo Serrano: “Es más fácil prohibir los cruceros que saber gestionarlos”

España es el segundo país europeo que más cruceristas recibe, tras Italia

Alfredo Serrano: “Es más fácil prohibir los cruceros que saber gestionarlos”

Primero como director general del ya desaparecido Iberocruceros y después como director de Cruise Lines International Association (CLIA) en España, Alfredo Serrano (Madrid, 1963) lleva casi 20 años sumido en el mundo de los cruceros. CLIA, la patronal del sector más importante a nivel global, se instaló en España hace cinco años, con el fin de conocer e impulsar un mercado emisor que se ha convertido en el cuarto más importante a nivel europeo.

¿Qué balance hacen de 2018?

Hay que distinguir entre el mercado emisor y el receptor, que son diferentes. Nuestro país es el cuarto mercado emisor de Europa. Cerca de 515.000 españoles fueron de crucero en 2017, y las cifras de 2018, que aún no están cerradas, hablan de un crecimiento de entre el 2% y el 4%. Es un buen dato. En cuanto al mercado receptor, nos cuesta más trabajo saber cuántas visitas ha habido, porque las compañías de cruceros no suelen segregar esos datos. Puertos del Estado habla de más de 9 millones de cruceristas en 2018, un 14% más que en el ejercicio anterior. Lo que sabemos es que España es el segundo país receptor en Europa, por detrás de Italia, y que el tercero ya se encuentra lejos.

¿Cómo definiría al crucerista? Antes estaba más vinculado a un perfil con cierto poder adquisitivo.

De nuevo habría que diferenciar. El que nos visita suele tener una edad media de 50 años. Son, en este orden, norteamericanos, alemanes y británicos. El crucerista español, por su parte, tiene de media 42 años. Antiguamente el público conformaba un grupo de gente relativamente cerrado, que año tras año hacía un crucero, siendo fiel y sin crecer tanto. Ahora ya hay mayor segmentación de la oferta, con un target de cliente diferente al que cada compañía se dirige.

Los terceros que más vienen son británicos. ¿Teme el sector un Brexit sin acuerdo?

Lo que nos trasladan nuestros colegas de Reino Unido es que no hay ninguna preocupación desde el punto de vista regulatorio. Lo que sí se está produciendo es una ralentización de las reservas, posponiendo la decisión vacacional más que otros años. Para 2020 las cifras están igual que en otras circunstancias con dos años vista, pero para 2019 sí que hay más pausa a la hora de reservar. Hay perspectiva de que las cosas se van a arreglar, pero mientras la gente está esperando.

Este es un sector muy criticado por organizaciones ecologistas como Oceana, que hablan, entre otros puntos, de un impacto de mil toneladas diarias de aguas grises por barco. ¿Falta una mayor regulación?

Lo que falta es mayor información. Las mil toneladas de aguas grises, de hecho, significan poco, porque lo importante no es la cantidad, sino cómo se tratan. La gente que va en un barco se sigue duchando y utilizando el inodoro. Lo que hay que ver es si esas personas están generando más impacto medioambiental que si se quedasen en tierra. Lógicamente, tenemos parte de responsabilidad en la contaminación, pero hoy, el 100% de los 116 barcos que están en cartera de construcción en todo el mundo incorporan sistemas de tratamiento de agua. También estamos en la vanguardia en cuanto al uso de combustibles, y somos menos del 1% de la flota naval a nivel mundial.

Hace poco, Francia multó a un barco del grupo Carnival por exceder los límites de combustible permitidos. ¿Fue algo aislado?

Hay falta de coherencia en la aplicación de la normativa entre los distintos países, ya que era un combustible suministrado en un país de forma legal. Lo que más frustración causa es la falta de claridad con respecto a la normativa y la falta de un criterio único para la UE. Somos un sector que se mueve, y debería haber convenios internacionales para que los países los fuesen ratificando.

Miles de personas desembarcan, van al mismo lugar y se marchan al día siguiente. ¿Entiende a quienes critican esta forma de turismo y sus consecuencias en la ciudad?

Es legítimo que un residente pueda pensar que su ciudad se encuentra más congestionada de lo que le gustaría. Lo que quizá falta son estudios que lo confirmen. En el puerto de cruceros más importante de Europa, que es Barcelona, según datos del propio ayuntamiento, desembarcan el 7,5% del total de turistas de la ciudad. Es un porcentaje que no es para obviarlo, pero que no va a arreglar el problema. Además, muchos puertos se utilizan como base para ir al aeropuerto, no siempre para visitar la ciudad.

El 7,5% de los visitantes que recibe Barcelona viene de un crucero

Según Puertos del Estado, el 55% de los cruceristas que recibió España se repartieron solo entre Barcelona y Baleares.

Se genera un debate de brocha gorda. Hoy no sería difícil saber si una zona está congestionada y si la gente ha venido en barco, en coche o si está pernoctando en la ciudad. Además, los cruceros representan el único caso en el que las autoridades saben con un año de antelación que un día en concreto van a llegar en barco 3.000 personas, porque las rutas se presentan dos años antes. También es posible administrar esas llegadas para no colapsar la ciudad. Es más fácil prohibir o limitar los cruceros que gestionarlos. Si el turismo no se administra, se convierte en un problema, pero este turismo permite anticiparse.

¿Podría España tener una industria naviera fuerte?

La fabricación de cruceros es un segmento muy especializado y son tres o cuatro países los que lo hacen. No solo hay que tener el conocimiento, sino un sector auxiliar alrededor. Pero el mercado funciona bien, la cartera de pedidos llega a más de 10 años, algo que no ha ocurrido casi nunca, y eso está animando a los astilleros que no se habían dedicado a esto a empezar. Las compañías, si tienen que esperar 10 años a que les construyan el barco, pueden optar por probar otros astilleros nuevos. En 2019 se espera que se inaugure el primer crucero construido en España desde hace mucho. Será de Hijos de J. Barreras, para Ritz-Carlton. Navantia, en Cádiz, tiene peso en el mantenimiento de cruceros. España podría, pero cualquier paso necesitaría de mucho tiempo e inversión.

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