El éxito de la emisión de Riad puede ocultar nubarrones a largo plazo

Sus bonos han tenido una demanda de cuatro veces la oferta, pero la deuda con vencimiento más largo ha recibido un diferencial mayor

Khalid Al Falih, ministro de Energía saudí, el miércoles en Riad.
Khalid Al Falih, ministro de Energía saudí, el miércoles en Riad.

Ya ha habido suficiente sobre Jamal Khashoggi. Ese es el mensaje implícito de la última oferta de bonos de Arabia Saudí, respondida con un clamor de los inversores por comprar 7.500 millones de dólares de deuda denominada en dólares a 10 y 30 años a pesar de la indignación internacional por la participación de Riad en la muerte del prominente periodista. Sin embargo, cuanto mayores son los vencimientos de la deuda saudí, más nerviosos parecen sentirse los inversores. Es una mala señal para el reino.

Si los inversores estuvieran realmente preocupados por que el caso Khashoggi llevara a Arabia Saudí a enfrentarse a las sanciones y dudas de Estados Unidos sobre el liderazgo del príncipe heredero Mohammed Bin Salmán, podría pensarse que eso se filtraría hasta el coste de los préstamos. Sin embargo, la primera emisión de deuda saudí desde el asesinato tuvo una demanda cuatro veces superior a la oferta.

El tramo de 4.000 millones de dólares con vencimiento en 2029 recibió una prima de 175 puntos básicos respecto a los bonos del Tesoro de Estados Unidos comparables, mientras que el tramo de 3.500 millones que vence en 2050 tuvo una prima de 230 puntos básicos.

Aún así, los inversores no han sido muy complacientes con el crédito saudí. Moody’s le da una calificación A1 a la deuda del reino, pero un diferencial de 230 puntos básicos está más en línea con la de Colombia, calificada cuatro escalones por debajo, en Baa2. Los diferenciales de la deuda saudí de vencimiento más corto implican una calificación más alta que la de su deuda de vencimiento más largo, una señal de que los inversores piensan que las perspectivas a largo plazo son menos prometedoras.

Dejemos de lado el asunto Khashoggi y veremos por qué esto es así. El objetivo de déficit presupuestario de Arabia Saudí, del 4,2% del PIB en 2019, presupone un precio del petróleo superior a 80 dólares el barril. Incluso después del salto del miércoles impulsado por las promesas saudíes de recortar la producción, el crudo Brent todavía está en torno a los 60 dólares el barril. Si vuelve a caer a 55 dólares, el déficit se dispararía hasta el 10%, según cálculos de la consultora de Londres Capital Economics.

Las reservas de divisas, de alrededor de 500.000 millones de dólares, significan que esto no importará mucho en la próxima década. Pero para el año 2050 podrían haberse gastado y la demanda de petróleo podría haber alcanzado su punto máximo debido al cambio climático, lo cual hundiría los precios.

La estrategia Vision 2030 de Arabia Saudí se basa en el aumento de la inversión extranjera directa mucho más allá de su nivel actual, por debajo del 1% del PIB, y en la creación de un próspero sector privado nacional. Aunque las consecuencias del caso Khashoggi parezcan mínimas a corto plazo, a largo podrían significar que los inversores extranjeros se mantuvieran al margen, que Arabia Saudí no cumpliera su programa de reformas, y que los que solo le prestaron dinero a 30 años sufrieran grandes pérdidas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

 

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