Miguel Falomir: “Quiero que la gente de barrios humildes venga al Prado”

Reclama mayor financiación pública para el centro, que ahora recibe el 30% del Estado

Miguel Falomir, director del Prado.
Miguel Falomir, director del Prado. EFE

Llegó al Museo del Prado en 1997, tras licenciarse y doctorarse en Historia del Arte por la Universidad de Valencia y disfrutar de una beca Fulbright en el Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York. Miguel Falomir (Valencia, 1966), jefe del departamento de Pintura italiana y francesa del museo durante 20 años, siempre ha vivido entre libros. Sin embargo, desde marzo de 2017, cuando llegó a la dirección de la pinacoteca, se dedica a su gestión. Echa de menos bucear en textos y pinturas, pero también disfruta de esta nueva etapa, dirigiendo ahora los actos de conmemoración de los 200 años de puertas abiertas del Prado.

¿Cómo está marchando la celebración del Bicentenario?

De forma ideal. Todos los objetivos marcados se están cumpliendo, y la mayoría de reacciones del público y de la crítica son entusiastas. Tocamos madera para que la cosa siga así durante el resto de meses.

En estas efemérides el Museo goza de gran foco de atención. ¿Qué pasará cuando el Bicentenario termine?

Espero que veamos resultados concretos. En el terreno científico, haber alcanzado un conocimiento mayor de la institución y de sus colecciones. En el social, que se renueve e intensifique la relación con el público español. Y en el terreno material el inicio de las obras para el Salón de Reinos.

El comienzo de las obras está sujeto a la aprobación de los Presupuestos. ¿Qué consecuencias tiene para el museo esta prórroga?

Que todo está pendiente. Está previsto que el Salón de Reinos cuente con un presupuesto de 40 millones para su rehabilitación, del que el 75% vendrá del Estado. También hay un compromiso por parte del gobierno de incrementar la aportación ordinaria. Pero de momento poco más podemos decir, todo depende de la aprobación.

¿Tiene el Prado la prestación económica que merece?

Según un baremo de la Universidad de Ámsterdam, en los índices de reputación global el Prado se encuentra en el número octavo. Es uno de los museos más reputados del mundo. Nos gustaría que una institución así estuviese dotada como se merece, y creo que nuestra situación se puede mejorar. Lo lógico sería que se incrementase la aportación estatal, y en eso estamos. Ahora, la Administración aporta en torno al 30% de los fondos totales. Yo creo que una financiación del 50% sería la adecuada. Eso sí, es tan importante que haya una aportación pública como que el museo se vea obligado a buscar fuentes y generar ingresos propios.

Otros centros públicos cuentan con una aportación proporcional mayor. ¿Por qué esta diferencia?

El Prado ha demostrado una capacidad para generar fondos que ha hecho que otros que no tienen esa fortaleza se beneficien más con las aportaciones. Pero cualquiera en España es consciente de que el Prado es la institución cultural más importante del país. Quizá falta ese ejercicio de coherencia para que esté dotado de acuerdo a su estatus.

El Prado es la institución cultural más importante del país

A pesar de todo, en 2018 han aumentado sus visitas un 2,4%. Y en 2017, el último año con datos disponibles, ganó 3,3 millones de euros tras cinco ejercicios sin beneficios.

Es que el museo es un alarde de gestión. Somos capaces de hacer maravillas con cada euro que se ingresa y ahorrar todo lo posible. Hay una plantilla extraordinaria que hace todo esto más fácil. El trabajador del Prado tiene ese punto de saberse parte de una institución especial que le anima a trabajar más y mejor. Y gracias a eso el museo funciona bien, desde el vigilante al electricista o al conservador.

¿Son buenas cifras de visitantes o cabe mejorar?

Son cifras normales, homologables a la mayoría de museos. Lo que se ha experimentado es un fenómeno de la progresiva conversión de Madrid en un destino turístico internacional. Madrid atraía casi siempre a visitantes nacionales. Pero desde 2011 tenemos mayoría de extranjeros, estamos por encima del 60%.

¿Valoramos al museo en España?

Creo que la gente lo valora mucho. Lo que estoy percibiendo es un fuerte respeto y es de las pocas instituciones españolas que no es cuestionada en ningún sitio. Se valora e incluso se le reverencia. El problema es que esa reverencia excesiva lleva consigo cierto distanciamiento. Me gustaría que siguieran teniéndonos en un altísimo concepto, pero que también nos viesen como algo cercano. Tenemos unas buenas cifras, pero lo que más echo de menos en el Prado son españoles. Y me atrevería a decir que madrileños. Leí hace poco que los madrileños tienen con el Prado la misma conexión que los musulmanes con La Meca: van una vez en la vida.

Lo que más echo de menos en el Prado son españoles

¿Hay un divorcio entre arte y sociedad?

La cultura, por desgracia, ha tenido un consumo muy focalizado en franjas determinadas de la sociedad. Una de nuestras obligaciones es captar más visitantes, pero también ampliar su base social. Los que vienen de Madrid tienden a localizarse en distritos postales de clase alta. Lo que queremos es llegar a otras zonas, y que venga gente de barrios más humildes. Eso se consigue saliendo a la calle, trabajando con colegios y promoviendo días de puertas abiertas.

¿Hay que entender de arte para disfrutar del Prado?

No. Si sabes, evidentemente percibirás cosas que si no pasan inadvertidas. Pero el arte son imágenes, es algo que llega al corazón y que no entiende solo de formación, sino de sensibilidad. De la misma forma que hay gente muy formada que no disfruta allí. No tienes que saber de mitología para que te llegue la Dánae de Tiziano. Hay que transmitir que nadie te hace un examen cuando entras al museo, nadie te va a cuestionar. Vemos que hay gente que entra rígida, asustada. Y no, hay que entrar relajado y para divertirse.

¿Faltan cuadros de mujeres en el museo?

Es innegable que las pintoras no han tenido el tratamiento y reconocimiento que merecen, y eso queremos cambiarlo y subsanarlo de alguna forma. Presentamos una muestra de Clara Peeters hace dos años y en octubre ya tenemos programada una exposición de Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, dos modelos de mujeres artistas. También nos planteamos la compra para la colección propia, pero en los siglos en los que el Prado se mueve hay poca diversidad.

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