¿Qué podemos esperar de 2019?

El mayor riesgo interno para la economía española es la italianización y la fragmentación parlamentaria

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una comparecencia en La Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una comparecencia en La Moncloa. EFE

El año 2018 ha terminado con volatilidad en las Bolsas y dudas sobre el crecimiento mundial. La guerra comercial de Trump empieza a tener efectos y la luz al final del túnel es otro tren que viene a arrollarnos. China ya es la primera economía mundial, aunque su renta por habitante sigue siendo la mitad que la de los países desarrollados. El consumo del dragón asiático se ha frenado y sus exportaciones ya no crecen a las tasas previas a la crisis. El Gobierno ha aumentado el crédito y ha bajado el impuesto sobre la renta a las familias más humildes y a la clase media y el escenario más probable es que en 2019 el consumo y la inversión en China repunte.

EE UU, por el contrario, ha crecido más que en 2017. Trump ha bajado los impuestos y ha aumentado el déficit y la deuda pública y, como nos enseñó John Maynard Keynes, el empleo y el PIB han crecido más. El problema es que en la Teoría General, Keynes recomendaba a los Gobiernos hacer políticas fiscales expansivas en las recesiones. Trump la está haciendo con la economía en pleno empleo y como nos enseñó Milton Friedman, su política está generando tensiones inflacionistas y desequilibrios.

EE UU se encuentra en su segundo ciclo expansivo más largo de su historia, casi una década de crecimiento ininterrumpida, y solo superada por los felices noventa. Ese ciclo acabó tras el pinchazo de la burbuja tecnológica en Bolsa y de nuevo vemos exuberancia irracional y burbujas en las Bolsas estadounidenses. ¿Anticipan las caídas de las Bolsas una posible recesión en EE UU? La política monetaria sigue siendo expansiva, los efectos de la bajada de impuestos se agotan, no hay oferta de empleo, los salarios suben más que la productividad, los márgenes empresariales han empezado a disminuir y pronto la inversión y el empleo también lo harán. ¿En 2019? Es muy probable, aunque la economía lleva mucha inercia y sería a final de año.

¿Será otra crisis como la de 2008? De nuevo hay sobreendeudamiento e inflación de activos, también de precios de la vivienda en varias ciudades de EE UU. La única duda es si el sistema bancario de nuevo tiene exposición a esos activos. Los bancos centrales nos dicen que no, igual que en 2007, pero no lo sabremos hasta que llegue la crisis.

Europa fue la única área que tuvo doble recesión en 2012 y lleva solo cinco años de ciclo expansivo. Pero al ser una economía dependiente de las exportaciones, el menor crecimiento del comercio mundial ha frenado en seco a las principales economías europeas; Alemania registró una caída de su PIB en el tercer trimestre. En 2019 el BCE mantendrá los tipos al 0% pero reducirá significativamente sus compras de deuda, lo cual debería provocar aumento de los tipos de interés de financiación de empresas y familias y apreciación del euro. Y eso supone más viento en contra.

Macron ya ha anunciado una política fiscal expansiva con un déficit previsto del 3,5% que generará problemas con Bruselas al incumplir el Pacto de Estabilidad. Merkel está débil y de salida y no es previsible que abandone su bandera de la austeridad y el control estricto del déficit con la tasa de paro en mínimos históricos. Italia, tras su enfrentamiento con Bruselas, ha reducido su déficit previsto para 2019 y su política fiscal será neutral. Su prima de riesgo ha caído tras el acuerdo, pero sigue siendo 140 puntos básicos superior a la de España, cuando hace un año era de 30. Italia es una economía altamente endeuda que no crece y aún no ha saneado su sistema bancario.

Por lo tanto, si hay inestabilidad financiera en los mercados internacionales tendrá serios problemas para financiar casi 300.000 millones de deuda pública que tiene que emitir este año.

España crece y su sistema bancario ha saneado buena parte de los activos tóxicos generados tras la burbuja inmobiliaria. Con las exportaciones estancadas, el PIB y el empleo crecen a tasas próximas al 2,5% anualizadas. La rentabilidad de las empresas es muy superior a sus costes de financiación y el ciclo de inversión se mantiene. Pero el crecimiento de la demanda interna con exportaciones estancadas y aumento de los precios del petróleo nos llevará de nuevo a un déficit exterior. La deuda externa ha superado ya los dos billones de euros y 500.000 hay que renovarlos este año. España es una economía extremadamente dependiente de los mercados financieros y si se producen nuevos episodios de inestabilidad también tendremos problemas para financiar los 220.000 millones de deuda pública que el Tesoro tiene que emitir en 2019.

El mayor riesgo interno para la economía española es la italianización y la fragmentación de los ­parlamentos. Rajoy gobernó con un Gobierno débil desde 2016. Pedro Sánchez lo hace con un Gobierno más débil aún. En Andalucía el PP y Ciudadanos dicen que gobernarán en minoría y necesitarán el apoyo de un partido como Vox que no reconoce el Pacto de Estabilidad, como Salvini en Italia, y apela a la soberanía nacional por encima de los tratados europeos. Y las encuestas anticipan que Andalucía es tan solo la punta del iceberg y que en mayo el contagio llegará al resto de comunidades autónomas y ayuntamientos.

España necesita consensos para tener un proyecto ganador en la era de la tecnología global y cada día es más difícil aprobar leyes que permitan dinamizar esos cambios.

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