La aventura de invertir con éxito cuando manda la incertidumbre

Los gestores de los grandos fondos creen que la mayoría de los riesgos terminarán conjurándose en el medio plazo

Plena certidumbre para el desenvolvimiento de la economía y la inversión segura no ha existido nunca; pero en la era de la globalización es una quimera siquiera pensarlo, puesto que el efecto mariposa lleva las consecuencias de cada acontecimiento, regular o no, a todos los rincones del planeta. La interconexción financiera de las economías es una correa que transmite en tiempo real los impactos de cada decisión, y son precisamente los activos financieros los que primero los absorben. Con la única excepción del riesgo bélico, no enteramente despreciable ahora si nos atenemos al rifirrafe entre Rusia y Ucrania en el mar de Azov, las incertidumbres económicas siguen condicionando las decisiones de los inversores y los flujos globales del dinero. La guerra comercial abierta por EEUU con China y Europa; la intensidad de la salida del Reino Unido de la UE; la rebeldía fiscal de Italia; la escalada de los tipos en Norteamérica y su efecto en el flujo de capital a los emergentes y en sus divisas; el avance desigual pero creciente del populismo que cuestiona la democracia liberal y representativa; o la latente amenaza de explosión de la burbuja de la deuda, son variables que todos los inversores miden antes de tomar decisiones sobre el destino del dinero.

El escenario más probable para la práctica totalidad de los gestores de grandes fondos mundiales, como para los de pequeñas boutiques, es que la mayoría de los riesgos terminarán conjurándose en el medio plazo, porque mantenerlos en exceso termina dañando a volúmenes importantes de ciudadanos y de empresas. El consenso apunta a que se mantendrá un crecimiento sólido de la economía mundial, y que el principal obstáculo sigue siendo la guerra comercial iniciada por Trump. La disposición de China y de Europa a mantener abiertas las fronteras y practicar el multilateralismo económico parece imponerse, o al menos eso esperan de la cumbre del G-20 que este fin de semana se reúne en Argentina.

En todo caso, la presencia de tantos focos de incertidumbre genera una desacostumbrada volatilidad en los precios de las acciones y de los bonos, que muchas veces son los mejores aliados para tomar posiciones en determinados activos a precios muy inferiores a su valor. Es una estrategia apropiada tanto para explotar inversiones a muy corto plazo, como para consolidar carteras de muy largo plazo regidas por los fundamentales de las compañías cotizadas o la economía de un país. Si la elección son empresas con demanda garantizada, poca o nula deuda, dividendos recurrentes y mercados diversificados y de rentas elevadas, a largo plazo el mercado lo reconocerá en sus cotizaciones.

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