La economía española está en plan ‘Resistiré’

Las reformas se posponen con facilidad y el endeudamiento público sigue elevado

María Jesús Montero, ministra de Hacienda, el pasado miércoles en el Congreso.
María Jesús Montero, ministra de Hacienda, el pasado miércoles en el Congreso.

El Avance de los datos de la Contabilidad Nacional trimestral del INE nos ha dado dos buenas noticias. La primera, que la economía española está en plan Resistiré, como la famosa canción del Dúo Dinámico. En el tercer trimestre –de julio a septiembre– el PIB creció a una tasa del 0,6%, lo mismo que en los dos trimestres anteriores. De hecho, lleva 20 trimestres de crecimiento ininterrumpido. En términos anuales creció a una tasa del 2,5%.

La segunda, que este ha sido el segundo trimestre consecutivo en el que la remuneración de los asalariados ha crecido más que la parte de la Renta Nacional que va a los propietarios del capital, incluyendo en estos últimos a los autónomos. Este aumento ha sido consecuencia del aumento combinado del número de trabajadores, y también de la remuneración media que perciben. Es una buena noticia porque desde que empezó la recuperación, en 2013, estaba ocurriendo lo contrario. De hecho, persiste la duda de si este fenómeno es transitorio o permanente. Los datos de este trimestre apuntan, pero no confirman, lo primero.

Según los datos publicados la semana pasada por Eurostat, en el mismo periodo la tasa de crecimiento en la UE se ha reducido a la mitad. En términos anuales, el crecimiento de los países del euro fue del 1,7%, frente a nuestro 2,5%. Mientras España mantiene el pulso, aunque en un ambiente de desaceleración que nadie niega, en la UE las cosas están cambiando a peor. Italia lleva muchos años estancada. Reino Unido está atrapado en el Brexit. Alemania se enfrenta a la anunciada salida de Angela Merkel, y a una ralentización de su economía, amenazada por aranceles a su poderosa industria automovilística.

Pero el Avance del INE también deja noticias menos buenas. La primera, las exportaciones han presentado tasas de crecimiento negativas por primera vez desde el tercer trimestre de 2013. Sin embargo, este dato debe interpretarse en el contexto de la desaceleración de la actividad en la EU. Lo que está tirando es el consumo, que ha vuelto a crecer, tanto el de las familias como el de las administraciones públicas. Al de las primeras le ha venido bien la mejora en el clima de confianza. Según el último Business and Consumer Survey de Eurostat, España ha sido de los pocos países de la UE en que el índice mejoraba, mientras empeoraba en el conjunto de la UE, especialmente en Alemania, Francia e Italia. A esa mejora no es ajena la creación de empleo en nuestro país, 450.000 empleos equivalentes a tiempo completo en un año. El consumo de las administraciones públicas se ha visto impulsado por las revalorizaciones de las pensiones y del sueldo de los funcionarios.

Dos resultados negativos del Avance del INE son que la productividad sigue estancada con crecimiento cero, o incluso negativo, cuando se mide por hora trabajada. El segundo, la inversión en activos de la propiedad intelectual (en la que se incluye la inversión en I+D y en software) continúa desacelerándose un trimestre más.

Lo que parece claro es que la economía española está desacelerándose, aunque lo vaya haciendo lentamente. Las razones son tanto internas como externas. Está claro que “el lío político” del que hablaba Juan Roig la semana pasada en el Congreso de la Empresa Familiar no ayuda, sobre todo porque ha paralizado las reformas que tan necesarias son para un crecimiento sólido. Seguramente se ha perdido un tiempo precioso para acometerlas en estos años de fuerte crecimiento. Pero además de los problemas internos, los problemas externos están generando una gran incertidumbre. Y la incertidumbre nunca es buena, porque genera temor y el temor suele llevar a la parálisis.

Desde el punto de vista geopolítico los problemas más preocupantes son los de nuestro entorno inmediato. El Brexit sigue sin acuerdo. Seguramente la mejor opción sería un nuevo referéndum sobre el acuerdo final, como defienden los ex primeros ministros John Major y Tony Blair, pero parece muy improbable. Lo que no parece tan improbable es una solución à la Gatopardo: “Que todo cambie para que todo siga igual”. Por otra parte, los que tiraban del carro del proyecto europeo están haciendo aguas. Macron, en Francia, que se postuló como gran europeísta, está perdiendo apoyos. Merkel, otra decidida europeísta, ya ha anunciado que se va después de sendos fracasos en Baviera y Hesse. Y de Italia más vale no hablar.

A lo anterior hay que añadir la posibilidad de que el BCE empiece a retirar las ayudas y los tipos de interés suban. Volver a la normalidad, como ya está haciendo la Reserva Federal de EE UU. En general la idea está bien. En lo que no hay acuerdo es en el ritmo. La última vez que la Fed subió tipos para enfriar la economía se pasó, y precipitó la crisis de Lehman Brothers. Además, el ciclo expansivo de la economía estadounidense ya se acerca a los nueve años, y se sabe que tarde o temprano su economía entrará en desa­celeración y recesión. Con ello empujará a la baja a las demás. Por otra parte, el precio del petróleo hace tiempo que dejó de jugar a favor del crecimiento. La lucha por el poder entre EEUU y China y la guerra comercial desatada por entregas no ayuda nada, todo lo contrario.

Pero también hay importantes riesgos internos. El primero es la facilidad con la que se posponen las reformas. Las prisas por abandonar las buenas políticas en el momento en el que empiezan a resolver los problemas, sin dejar tiempo a que enderecen el rumbo de la economía. La obsesión por aparentar ser el más sensible, diciendo lo que la gente quiere oír, en lugar de explicar las razones para hacer lo que no quieren oír. Nuestro elevado endeudamiento público que no da holgura fiscal para enfrentarse a la próxima crisis. Sin olvidar los problemas de productividad que venimos sufriendo desde hace tiempo. Estos, junto con el agotamiento de los estímulos monetarios son, seguramente, los riesgos más importantes a los que nos enfrentamos.

Matilde Mas es catedrática de Análisis Económico en la Universidad de Valencia y directora de proyectos internacionales del Ivie

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