La nueva Ruta de la Seda puede excluir a España

No hay ninguna conexión española en el megaproyecto del Gobierno chino

El presidente chino, Xi Jinping.
El presidente chino, Xi Jinping. REUTERS

En 2013, el presidente chino Xi Jinping, lanzó el gran proyecto de promover una nueva Ruta de la Seda en el siglo XXI. La iniciativa, llamada oficialmente One Road, One Belt, pretende conectar China con Europa, Asia Central y Asia Suroriental, así como con Oriente Medio, a través de una gran vía terrestre (One Road) y otra marítima (One Belt). La gigantesca empresa uniría 60 países donde se encuentra el 70% de la población mundial, el 75% de las reservas energéticas, y el 55% del PIB actual. Este, calificado por sus detractores, especie de Plan Marshall chino, contaría con inversiones gigantescas, de mas de 1,4 billones (de los nuestros) de dólares, financiadas por el recientemente creado Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras.

Ferrocarriles de mercancías y alta velocidad van a unir China con Europa, pasando por las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, Irán y Turquía, los Balcanes, alcanzando el puerto de Róterdam. Diversos ramales subirán hasta Moscú o bajarán hasta Venecia. La ruta marítima bajará por el mar de China, costeando Vietnam, Malasia, Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, para abordar África por Kenia y subir por el mar Rojo, el canal de Suez, hasta Atenas y Venecia. A las dos grandes conexiones, marítima y terrestre, se unen corredores económicos específicos con países de gran interés estratégico para China. El corredor con Pakistán y el corredor con la antigua Birmania, países fronterizos con China, donde la influencia político-económica del Gobierno de Xi Jinping ha puesto gran interés y enormes recursos financieros.

Solo en Pakistán ya se han invertido 60.000 millones de dólares en infraestructuras, sanidad y medioambiente, bajo el paraguas de esta macroiniciativa. Otros aspectos propagandísticos que el Gobierno chino no descuida, para promover internacionalmente esta iniciativa, son los intangibles como la comunicación, la cooperación y el contacto fluido entre las diversas naciones de la nueva Ruta de la Seda. Las líneas aéreas chinas dan prioridad al establecimiento de nuevos vuelos que conectan estos países con China. Ya existen 5.100 vuelos semanales con 45 países de la nueva zona, y continuarán creciendo en los próximos años.

Este plan a 30 años vista pretende terminarse en 2049 para conmemorar los 100 años de la creación de la República Popular China, y ya está en marcha, aunque en España estemos al margen de esta gran iniciativa económica, que va a dinamizar las inversiones en infraestructuras de los próximos 30 años. Los constantes viajes de Xi Jinping a Oriente Medio y África, así como a algunos países europeos, entre los que no se encuentra España, están acompañados de grandes acuerdos de inversiones y desarrollo con países como Egipto, Irán y Arabia Saudí, pero también de acuerdos financieros con Gran Bretaña, Francia y Alemania, que ya han entrado a formar parte del capital del mencionado Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, a pesar de la mala cara que ha puesto en este caso el Gobierno de Donald Trump. Nadie importante quiere perderse la participación en los grandes proyectos que se avecinan, y la mejor manera es estar dentro del banco que los va a financiar.

Esta gigantesca iniciativa parece ignorar claramente el área del Pacífico, que queda a disposición de Japón y EE UU, y se centra donde cree que tiene una gran oportunidad de influencia. Las antiguas repúblicas soviéticas, con el permiso de Rusia, que ve con buenos ojos que se debilite a EE UU, Oriente Medio –donde la influencia americana está en retirada– África y una Europa muy beligerante con Trump. Una buena parte del mundo puede formar parte de este nuevo orden económico-político que propugnan los chinos, según sus detractores, y que es negado por el Gobierno chino, que afirma carecer de objetivos políticos ligados a los nuevos planes de infraestructuras y de desarrollo.

Como ya hemos comentado, desde España apenas se presta atención a estos acontecimientos. Se ven como algo lejano, que recogen los periódicos de vez en cuando y que no van a alterar nuestras vidas. Puede ser que no, a corto y medio plazo, pero como analizaremos a continuación, los efectos a largo plazo pueden ser muy importantes, y deberían hacer reflexionar a nuestros políticos y empresarios, porque hoy ya se deberían estar tomando decisiones, en función de los planes de este nuevo gigantesco proyecto.

En ningún momento de este artículo hemos mencionado que algún puerto o ciudad española esté incluido en los planes de la nueva Ruta de la Seda, tanto en su aspecto terrestre como marítimo. Es sintomático que la llegada de la ruta marítima al Mediterráneo, a través del canal de Suez, no toque alguno de los magníficos puertos que tenemos en esa costa, como Barcelona, Valencia o Algeciras. ¿Estamos moviendo nuestras influencias como país para que esto no sea así o contemplamos con indiferencia estos movimientos a largo plazo, que no van a afectar a esta legislatura de políticos, preocupados por elecciones y gestos cortoplacistas?. No es casual, que la ruta marítima de este gran proyecto termine en dos puertos, gestionados por empresas chinas, el Pireo en Atenas y Venecia, en Italia. A Venecia llegará el ramal sur del gran ferrocarril de mercancías, que la unirá con Róterdam, punto final de la ruta terrestre, que partirá de Xian, en el oeste de China, atravesando los dos continentes.

España, que en algunos mapas del proyecto aparecía uniendo Madrid y Róterdam por ferrocarril, ya no cuenta en los últimos planes. Sus puertos mediterráneos, con su litoral e islas desindustrializados, cada vez más volcados en el turismo, nunca estuvieron en los planes de rutas marítimas de este megaproyecto, y no parece que a nadie le importe mucho en el Gobierno central, aunque si se han alzado algunas voces en Cataluña, reclamando una acción política que remedie la situación.

Al menos nos queda la esperanza de conseguir alguno de los proyectos de infraestructuras que abarcaran estos gigantescos planes en los próximos 30 años. La experiencia de nuestras empresas en ferrocarriles, autopistas e infraestructuras en general debería invitarnos a ser optimistas de cara a los próximos años. No obstante, para ello deben darse pasos necesarios hoy, como sería el formar parte del nuevo Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, como han hecho Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania.

Otro aspecto muy recomendable para las empresas españolas que quieran participar en los innumerables proyectos de infraestructuras que saldrán a concurso en los próximos años sería desarrollar, desde hoy, relaciones empresariales con empresas chinas de sus sectores para ir juntos a estos proyectos. Se deben detectar los socios adecuados desde ahora mismo, con la experiencia y dimensión necesaria. Existen compañías chinas muy importantes en todos los sectores que verían como una buena oportunidad forjar alianzas con reconocidas empresas españolas de infraestructuras para ir juntos a estos proyectos en los próximos años. Este es el único modo de formar parte de esta enorme oportunidad de futuro, al menos como contratistas, y nuestras empresas deberían tenerlo en cuenta desde hoy mismo.

Manuel Rodriguez Fernández es ingeniero industrial y consultor de negocios para China

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