De misión en misión tras la huella jesuítica en Paraguay

La ruta recrea el paso de la orden religiosa por el país austral

Un aliciente para el viajero es alojarse en auténticas posadas guaraníes

Misión de Tabarangüé
Panorámica de la misión de Tabarangüé, una de las mejor conservadas. Fotos: Turismo de Paraguay

Paraguay es uno de los países más desconocidos del Cono Sur americano. Comprimido entre los dos gigantes de la región, Argentina y Brasil, este pequeño país lucha por labrarse un camino propio en el turismo y, aunque encantos naturales no le faltan, no renuncia a potenciar nichos de negocio más exclusivos.

Entre los primeros hay rincones con nombres tan evocadores como el lago Ojo del Mar, en Bella Vista Norte, que surgió tras una erupción volcánica; las dunas de San Cosme y Damián, montañas de arena de más de 30 metros de altura en el centro del lago Yacyretá; la reserva natural del Gran Chaco; el Pantanal, que es el mayor sistema de humedales del mundo, o la caverna Kururu Kua, que oculta un espectacular cenote (río subterráneo).

Misión de Tabarangüé
Misión de Tabarangüé.

Mas Paraguay también quiere poner en valor y dar a conocer otros tesoros menos evidentes, pero que tienen que ver con su patrimonio histórico y cultural. Ahora que el turismo rural y el slow travelling (viajar sin prisas) atrae cada vez a más viajeros, Paraguay lanza la ruta de las misiones jesuíticas guaraníes.

Un circuito que recrea el paso de la Compañía de Jesús por este país en su afán de evangelización de las poblaciones precolombinas que habitaban en las selvas sudamericanas y que superaron en arte y cultura a las fundadas en otras zonas del continente.

La ubicación de los poblados en medio de paisajes naturales permite actividades de ecoaventura

La ruta tiene el aliciente para los turistas de alojarse en auténticas posadas guaraníes, los indígenas que antes de la llegada de Colón poblaban Paraguay, el noreste de Argentina, el sur y suroeste de Brasil, el sureste de Bolivia y el extremo norte de Uruguay.

“Una experiencia muy enriquecedora en todo sentido, ya que permite al visitante empaparse de la cultura local y de sus costumbres, de su gastronomía y de las actividades propias de cada región”, explica la ministra saliente de Turismo, Marcela Bacigalupo, en su última visita a Madrid.

Se calcula que los jesuitas fundaron unas 50 misiones, aunque solo 30 lograron consolidarse; 8 de ellas están en territorio paraguayo y son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: San Ignacio Guazú, Santa María de Fe, Santa Rosa, Santiago, San Cosme y San Damián, Itapúa –la actual ciudad de Encarnación–, Santísima Trinidad del Paraná y Jesús de Tavarangüé.

Misión Santísima Trinidad del Paraná
Vista nocturna de la misión Santísima Trinidad del Paraná.

Turismo experiencial

En la actualidad, existen “más de 210 posadas acondicionadas para el turismo en todo el país y en 62 destinos que permiten al viajero pasar de una región a otra con el mismo espíritu de inmersión en la cultura local”, añade Bacigalupo.

Este tipo de alojamiento se caracteriza por ser viviendas familiares transformadas en establecimientos turísticos en las que se dedica una, dos o tres habitaciones, dependiendo del tamaño, “a un turismo que no es masivo y que respeta el entorno que lo rodea”.

Ñandutí
Mujer guaraní tejiendo un ñandutí o encaje.

Además, se da la circunstancia de que la mayoría de las personas que regentan las posadas son mujeres que forman parte de un programa gubernamental de empoderamiento de las féminas en el sector turístico.

El viajero que se decida por esta ruta descubrirá edificaciones y obras de arte con siglos de antigüedad, entre ellas, tallas y pinturas que se conservan, por ejemplo, en San Ignacio Guazú, a 226 kilómetros al sur de Asunción, realizadas por los indígenas, dirigidos por los jesuitas, que conforman hoy un vasto patrimonio y que, unido a los bellos paisajes que rodean las misiones, ofrecen una inusitada experiencia viajera en el tiempo.

En San Ignacio, la más antigua de las ciudades jesuíticas, fundada en 1609, apenas se conservan restos de las construcciones originales, pero atesora la colección más valiosa y representativa en cuanto a imágenes y tallas religiosas que se guardan en el Museo Diocesano y que son el culmen del barroco-guaraní.

En la capilla de Nuestra Señora de Loreto, en la ciudad de Santa Rosa de Lima –a 245 kilómetros también al sur de la capital–, se pueden observar intactos los frescos pintados por los indígenas. La ciudad, fundada en 1698, conserva una casa de indios íntegra, el campanario y los restos de la iglesia original, destruida en un incendio en 1883. Fue una de las más admiradas por su riqueza arquitectónica.

Posada guaraní
Posada guaraní acondicionada como alojamiento turístico.

La misión de Jesús Tavarangüé, en el departamento de Itapúa, al sur del país, es una de las más importantes –tiene cinco hectáreas– y mejor conservadas; data de 1865 y en ella destaca la grandiosidad de su iglesia, aunque nunca fue acabada por la expulsión de los misioneros.

Además de la visita a las misiones, la ruta jesuítica ofrece infinidad de actividades complementarias para viajar en familia, como ecoaventura, acudir a talleres donde se trabaja la lana, el algodón y la madera o visitar los pequeños puestos donde los artesanos exponen sus hamacas, tapices o ponchos.

Más que hoteles con encanto

Posada guaraní
Posada guaraní.

¿Qué son? Las posadas guaraníes son auténticas viviendas familiares ubicadas en parajes naturales, cerca de las antiguas misiones jesuitas y transformadas en alojamientos turísticos, destinadas a un viajero no masivo ni invasivo y que forman parte de un proyecto para mejorar la calidad de vida de los residentes locales.

Sin estrellas. En la actualidad existen tres categorías de posadas: básica, estándar y superior, en función de las mejoras introducidas en las viviendas. Ofrecen servicio de alojamiento y régimen de alimentación dependiendo de la posada, así como distintas experiencias y actividades recreativas.

Precio. Entre 10 y 20 euros la noche por persona.

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