La implosión del 'brexit' inicia la cuenta atrás hacia ninguna parte

El equipo negociador británico dimite a tres meses del plazo fijado por Bruselas para lograr un acuerdo de salida. La caída alienta a los partidarios de que Reino Unido siga en la UE

Brexit
La primera ministra británica, Theresa May, este lunes en el Parlamento británico. AFP.

La secuencia referéndum (2016) y elecciones generales (2017) que llevó al brexit podría darse la vuelta y desembocar en unas elecciones y/o referéndum que confirmen la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea.

Ese escenario, reclamado hasta ahora sin éxito por los partidarios de mantenerse en el club, ha ganado enteros en las últimas 48 horas con la implosión del equipo británico de negociación del brexit, dominado por firmes partidarios de la salida a cualquier precio.

El carismático e histriónico ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, ha arrojado este lunes la toalla tras sufrir la humillación de plegarse a las propuestas de un brexit suave defendidas por la primera ministra, Theresa May.

La caída del ministro llegaba tras la dimisión, a medianoche del domingo, del negociador jefe, David Davis, y de varios de los altos cargos ligados a su equipo.

Los analistas de uno y otro lado del canal de la Mancha se afanan ahora en interpretar si el descalabro de Johnson y compañía supone la rendición definitiva de los brexiters o el principio del final de May ante una inminente rebelión de su propio partido conservador.

Sea cual sea el desenlace, todo apunta a que el Gobierno británico actual no estará en condiciones de completar la negociación de salida en octubre como exige la Unión Europea. Y la prolongación de la pertenencia a la UE (que expira en marzo de 2019) se anuncia cada vez como más inevitable.

"Cada vez es menos y menos probable que se cumpla el mandato del referéndum", lamenta el dimitido negociador jefe británico

 

Las negociaciones entre Londres y Bruselas se regulan por el artículo 50 del Tratado de la UE, que establece un país dejará de ser socio de la UE dos años después de solicitar su salida como muy tarde.

Pero el mismo artículo establece que el Consejo Europeo, por unanimidad y de acuerdo con el país afectado, puede prolongar ese plazo. De ser así, Reino Unido podría seguir perteneciendo a la UE más allá del 29 de marzo a la espera de que el ejecutivo de May se aclare sobre el tipo de salida que desea o de que una nuevas elecciones arrojen un Parlamento más claramente definido a favor o en contra del brexit.

Fuentes comunitarias reconocen que todavía hay tiempo para evitar la primera escisión de la historia de la UE, aunque admiten que la iniciativa debe partir de Londres. En la capital británica, de momento, ni los proeuropeos del partido conservador ni los del laborista se atreven a liderar una propuesta que podría interpretarse como una traición al mandato popular del 16 de junio de 2016, cuando la salida de la UE se impuso en referéndum con un 51,9% de votos a favor.

 Las propuestas a favor de revertir el brexit han llegado hasta ahora de partidos en minoría, como los liberales, o de líderes amortizados, como Tony Blair. Aun así, cunde cada vez más la sensación tanto en Londres como en Bruselas de que el brexit no será ni duro ni blando, sino un camino a ninguna parte o un bucle que termina en el punto de partida.

"Pensaba que todavía era posible cumplir el mandato del referéndum (...) pero me temo que cada vez  parece menos y menos probable", lamenta Davies en la carta de dimisión remitida a May. El ya ex negociador-jefe culpa a la táctica de la primera ministra de imponer una estrategia de regateo que "acabará entregando a la UE el control de una gran parte de nuestra economía a la UE". Davies se muestra convencido de que el acuerdo de salida dejará al Reino Unido prácticamente dentro de la UE, con las mismas obligaciones y sin ninguno de los derechos ni capacidad de influir.

El presidente del Consejo Europeo acusa a los dimitidos en Londres de dejar un colosal conflicto. "Los políticos vienen y van pero los problemas que crean se quedan"

 

El acuerdo de salida, si llega, resultará tan humillante que el Parlamento británico actual difícilmente podría aprobarlo. Hasta ahora, el contraataque de Londres ante ese riesgo se basaba en amenazar con una ruptura brutal, un brexit drástico a partir del 30 de marzo de 2019 que provocase un caso comercial, financiero y logístico en el Reino Unido y en la UE. Pero ese ariete ha perdido fuerza a medida que se ha constatado que el daño sería especialmente irrepararable para la economía británica. Y la caída de Johnson y demás partidarios del brexit duro indica que Londres ha comprendido que tiene las de perder.

May tampoco sale bien parada del encontronazo con Johnson y Davies. La primera ministra quedó tocada tras adelantar las elecciones generales en junio de 2017, una convocatoria pensada para reforzarse y en la que sufrió un batacazo que la dejó sin mayoría absoluta. Ahora bastaría la rebelión de 48 diputados conservadores euroescépticos para desalojarla de Downing Street. Pero ni siquiera esa revuelta garantizaría un brexit acorde a los intereses del Reino Unido. Con o sin May, las negociaciones difícilmente llegarán a tiempo para marzo de 2019.

"Los políticos vienen y van pero los problemas que crean se quedan", subrayó este lunes el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, tras conocerse la cadena de dimisiones en Londres. Tusk culpa a los huidos de marcharse dejando tras de sí un colosal conflicto. "El problema creado por el brexit es el mayor de la historia de las relaciones entre la UE y el Reino Unido". Unas relaciones que parecen condenadas a prolongarse a pesar de Johnson y compañía.

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