China-EE UU, una guerra tecnológica

La batalla comercial desatada por Washington tiene como objetivo frenar los planes digitales de Pekín

El presidente de EE UU, Donald Trump (dcha.) junto a su homólogo chino, Xi Jinping.
El presidente de EE UU, Donald Trump (dcha.) junto a su homólogo chino, Xi Jinping. REUTERS

En 2018, los medios nos han venido poniendo al día de la Guerra Comercial decretada por Donald Trump, para proteger la industria, los empleos y las inversiones de los americanos. Europa y China, objetivos de la actividad proteccionista de Trump, tratan de negociar amenazando con iguales represalias, subidas de aranceles y restricciones al libre comercio.

Parece una visión a corto plazo, tendente a encarecer los productos importados en USA, para promocionar el producto local, pero los chinos ven más allá de estas amenazas cortoplacistas, y están preocupados por algo mas duradero y grave para sus intereses.

China esta empeñada en crecer en su cadena de valor, abandonado los productos de mano de obra barata y abundante, que impulsaron su crecimiento en el pasado. Su plan Made in China 2025, con el que pretenden cambiar el paradigma de su producción industrial, puede peligrar si Trump, además de subir los aranceles a los productos importados, limita las inversiones de empresas chinas en sectores de alta tecnología en Estados Unidos.

Esto no es una guerra comercial, sino una guerra tecnológica en toda regla. La visión a corto plazo esconde decisiones de largo plazo y de gran impacto. Que Harley-Davidson traslade sus fabricas fuera de USA, ya sea a Europa o a Thailandia, es una anécdota que ilustra las consecuencias a corto plazo de la guerra comercial, pero las conocidas motos americanas, no son un producto de alta tecnología.

La homóloga de Amazon en el mercado chino, Alibaba, está viendo peligrar sus inversiones en empresas americanas de su sector, que ya tenía decididas. También el operador de datos chino Tencent. El conocido ensamblador chino de los productos de Apple, Foxconn, ha expresado su preocupación ante esta guerra tecnológica, que puede cambiar las relaciones entre las empresas de alta tecnología americanas y las chinas.

El plan made in China 2025, ve peligrar así sus objetivos, que pretendían crecer en la cadena de valor de los productos fabricados en China para 2025, principalmente en 10 áreas claves, donde esperaban convertirse en líderes mundiales: tecnología de la información, tecnología aeroespacial, vehículos eléctricos, biotecnología, robótica, alta tecnología marítima y de fabricación de barcos, alta velocidad ferroviaria, equipos energéticos, equipos agrícolas y nuevos materiales.

El objetivo de crecer en la cadena de valor de los productos fabricados en China en estas 10 áreas estratégicas, hasta alcanzar el 70%, peligra. La adquisición de tecnología americana, a través de inversiones en empresas punteras de EE UU, era un punto esencial del plan, y puede verse frenado por esta guerra tecnológica, oculta tras las medidas arancelarias de Trump.

China tiene empresas reflejo, de los líderes americanos de las nuevas tecnologías. Su Amazon es Alibaba, y su motor de búsqueda en internet, equivalente a Google, es Baidu. Ambas están lanzadas, apoyadas por el Gobierno chino, a un plan de inversiones en adquisiciones internacionales de empresas de su sector, que les puedan aportar nuevas aplicaciones o tecnologías.

Porque, si algo parece claro en el panorama político-económico internacional, es que las decisiones políticas, cada vez influyen menos en la economía y los mercados financieros mundiales. ¿Cómo se explica que, en un entorno tan turbulento, como el que dibuja esta guerra comercial iniciada por Trump en 2018, la economía mundial, las Bolsas internacionales y los mercados en general, vayan bien?

Los think tanks chinos creen que se debe al mayor peso de la tecnología, frente al antiguo binomio que regia los mercados: mano de obra y capital. De ahí su obsesión por dominar estos campos estratégicos, donde se van a librar las próximas batallas para llegar a ser la primera economía mundial.

Los algoritmos complejos mueven ya los mercados financieros internacionales, los bancos se redefinen como empresas de alta tecnología, y aparecen criptodivisas sin regulación legal, que buscan un espacio propio. China quiere estar ahí y las empresas europeas de alta tecnología, tienen ahora una ventana de oportunidad para entrar en China, ocupando el lugar que antes estaba reservado para las empresas americanas.

Manuel Rodríguez Fernández es ingeniero industrial

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