Llegó la hora de reducir los recortes del crudo

La reunión de la OPEP mantendrá la unión, aunque cambiará las razones de su vigencia

El ministro saudí de Energía e Industria, Khalid al Falih, en la 173 reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) celebrada en Viena (Austria).
El ministro saudí de Energía e Industria, Khalid al Falih, en la 173 reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) celebrada en Viena (Austria). EFE

Conseguir que países con intereses tan diversos como Nigeria, Arabia Saudí, Rusia y Venezuela se pongan de acuerdo en algo será siempre un reto. Más aún cuando la situación está relacionada con situaciones con tantas implicaciones domésticas y geopolíticas como el petróleo.

Lo que hace aún más destacable el acuerdo entre la OPEP y trece países productores que no pertenecen al cártel en noviembre de 2016 para recortar la producción y reducir los elevados inventarios, el llamado acuerdo de Viena. La reunión de la OPEP de esta semana mantendrá la coalición, aunque cambiará las razones que lo mantienen vigente.

El acuerdo se consiguió porque los intereses de la coalición estaban suficientemente alineados alrededor de la decisión de subir los precios mediante el recorte del suministro y la reducción de los inventarios. Las razones eran obvias. Los inventarios estaban cerca de niveles récord. Una vez que las sanciones a Irán se habían levantado y las restricciones de la oferta se habían resuelto en Nigeria y en Libia, estaban a punto de añadirse a la oferta dos millones de barriles de petróleo al día.

La coalición eliminó 190 millones de barriles de los inventarios, un recorte que se ha cumplido ampliamente con las restricciones de producción, lo que ha ayudado a que los precios del petróleo reboten desde el nivel de 44 dólares por barril hasta 60 dólares por barril. La parte que quedó menos clara del acuerdo de Viena es qué es lo que ocurriría cuando se hubieran conseguido los objetivos que se pretendían con los recortes. Los precios ahora se han elevado desde 60 hasta 80 dólares por barril y esto ha obligado a los principales productores de petróleo a pensar de nuevo.

Un factor significativo de esta reevaluación es Estados Unidos. Los mayores precios del petróleo se han transformado en una gasolina más cara en el país, lo que ha llevado el precio del galón desde 2,11 dólares en enero hasta más de 3 dólares en estos momentos. Los americanos tratan el precio de la gasolina como un impuesto a la conducción más que el resultado de una situación de oferta y demanda y esta es una de las razones por las que los niveles de aprobación presidencial están correlacionados con los precios de la gasolina.

De cara a las elecciones de mediados de mandato en noviembre es posible que Donald Trump trate de evitar cualquier sensación entre los votantes de que su gobierno está subiendo los impuestos (o reduciendo a los consumidores las ayudas de 120.000 millones de dólares que se derivan de su reforma fiscal) explicándoles las dinámicas en el precio de la gasolina, así que ha presionado a Arabia Saudí para que libere oferta adicional a precios más bajos.

Arabia Saudí, cuya agenda regional depende mucho del apoyo del Estados Unidos, está feliz de cumplir porque sus reservas de petróleo son fácilmente accesibles y baratas, así que tiene poco que temer de unos precios del petróleo ligeramente más bajos. 

Mientras tanto, Rusia tiene interés en que se produzca un aumento de la producción. Ellos han elevado su capacidad de producción en los últimos años. Esto implica que podrían elevarla en unos 400.000 barriles por día en un breve periodo de tiempo y ya hay algunas indicaciones de que la producción de junio ya ha subido en unos 100.000 barriles diarios.

El sistema fiscal ruso permite al gobierno participar en los mayores ingresos derivados de la subida de precios, hasta que los precios superen los 70 dólares. En este punto los ingresos del gobierno se incrementan sólo si la producción aumenta. Las compañías rusas están dispuestas a evitar más subidas en los precios porque eso sólo ayudaría a aumentar la producción de Estados Unidos. Ellos no ven el sentido en limitar sus suministros si eso significa aumentos de la producción en Estados Unidos algo que, al final, sólo aumentaría la oferta y haría caer los precios. Tanto el gobierno como las compañías petroleras están de esta forma alineados.

Todo esto significa que los intereses de Rusia y de Arabia Saudí -los mayores productores del pacto de Viena- están alineados, pero ahora en una dirección que apunta a subidas graduales de la producción-. Ellos podrían recomendar el aumento de la oferta en unos 750.000 barriles diarios en la próxima reunión de la OPEP

Podrían hacerlo tomando prestado de nuevo el lenguaje de los bancos centrales y hacer una especie de “tapering” de sus actuales restricciones de producción hacia niveles más moderados y posteriormente controlar los datos antes de añadir más oferta. La mayor parte de los expertos optimistas con el petróleo creen que los precios deberían rondar los 80 dólares por barril debido al nivel de problemas geopolíticos en el mundo y consideran que esas tensiones añaden entre 15 y 20 dólares al precio. Dos de las principales tensiones geopolíticas que impactan sobre los precios en estos momentos son las sanciones a Irán y el temor de que la oferta de Venezuela se seque completamente.

Pero las sanciones tendrán sólo un impacto relativamente modesto de unos 200.000-350.000 barriles por día en la producción iraní y los prestamistas de Venezuela, China y Rusia, no van a permitir que el país simplemente deje de producir porque ellos quieren que se paguen sus créditos. La combinación de todos esos factores, y el aumento anticipado de la oferta, deberían ayudar a que los precios se sitúen entre 55 y 65 dólares por barril de Brent.

Más allá, no deberíamos infravalorar lo que Arabia Saudí y Rusia han conseguido tras el acuerdo de Viena. Ellos han modificado con éxito los precios recortando delicadamente su propia producción para apoyar a miembros más débiles como Libia y Nigeria para luego continuar y añadir oferta para sustituir a la de países con disrupciones como Venezuela o Irán. Esto es exactamente lo que querían hacer, pero hacer esos ajustes implica una gran cantidad de trabajo en segundo plano. Puede ser una relación complicada, pero esto tiene que calificarse como un éxito.

Bob Minter es estratega de inversiones de Aberdeen Standard Investments

Normas