Señales mixtas de los ministros económicos, con el diálogo como promesa

Los primeros mensajes de los nuevos responsables han despertado algunas alertas, aunque sin abandonar el respeto al rigor fiscal

Si bien la elección de los responsables económicos del Gobierno apuntaba al rigor en las cuentas y a un respeto de las reformas básicas que han puesto a funcionar la economía en los últimos años, en línea precisamente con los deseos expresados por los empresarios, hay que admitir que el gabinete tiene un sesgo apreciable hacia las materias puramente políticas y sociales, algunas seguramente cargadas de intenciones efectistas. Una inclinación esperada tratándose de un equipo de centro izquierda, que, sin embargo, ha enviado señales inequívocas a las autoridades comunitarias y a los financiadores de que se mantendrá el rumbo de una economía en buena forma.

Pero los primeros mensajes de los nuevos responsables de los departamentos económicos han despertado algunas alertas, sin abandonar el respeto a los pilares básicos de la política de rigor fiscal (se habla en futuro de subidas de impuestos por si sus políticas supusiesen más gasto, como la eliminación del copago farmacéutico) y modernización industrial, así como la apuesta por la tecnología y una energía más respetuosa con el medio ambiente. Parece, no obstante, mantenerse el compromiso de que todas las decisiones estarán tamizadas por el diálogo, una consideración obligada en un Gobierno que está en debilidad parlamentaria.

Con la herramienta del diálogo se pretende alcanzar un gran pacto sobre la reforma de las pensiones, sin duda el más necesiario de los acuerdos por la debilidad financiera en la que se encuentra la Seguridad Social; pero se antoja complicado con el endurecimiento de las posiciones partidistas tras la crisis política que ha llevado a Sánchez a Moncloa. Y también con el diálogo se busca corregir la reforma laboral, una de las decisiones, en 2012 impuesta, que mejor desempeño ha tenido para la economía española en términos cuantitativos de empleo. De hacerse, debe considerarse bien qué cuestiones se tocan y cuáles no, pues se corre el riesgo de afectar al ritmo de creación de empleo, algo que no se puede permitir el país.

Devolver la prevalencia a los convenios de sector ante los de empresa es alejar la toma de decisiones del centro de trabajo e imponer las mismas condiciones a todas las corporaciones de un sector o región, grandes y pequeñas, puedan asumirlas o no. Cierto es que dar prioridad al pacto de empresa fue muy útil para superar la crisis, con descuelgues, expedientes de regulación y devaluaciones obligadas de costes, y que hoy podría ser menos necesario. Pero sigue habiendo un elevado porcentaje de empresas en pérdidas o al borde de ellas que no pueden soportar imposiciones en sus costes.

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