Guindos llega hoy a un BCE inquieto de nuevo por el riesgo político

La decisión sobre las compras de deuda podría retrasarse a julio

La crisis italiana ha contagiado a España y Portugal

El presidente del BCE Mario Draghi y el exministro de economía Luis de Guindos en una reunión de ministros de finanzas de la zona euro en junio de 2012.
El presidente del BCE Mario Draghi y el exministro de economía Luis de Guindos en una reunión de ministros de finanzas de la zona euro en junio de 2012. Reuters

El panorama financiero y político que va a encontrarse Luis de Guindos a su llegada al BCE era impensable hace tres meses, cuando fue elegido para suceder a Vítor Constancio en la vicepresidencia de la institución.El exministro de economía asume hoy su nuevo cargo en el BCE, el día en que se cumplen 20 años de la institución y en un momento en que la crisis institucional en Italia ha hecho aflorar viejos fantasmas sobre la viabilidad del euro y con Mariano Rajoy a punto de ser descabalgado del Gobierno en España.

Guindos se va a encontrar algo desbaratado el escenario de placidez en los mercados que con tanto mimo ha contribuido a crear el BCE en los últimos años,desde que en el verano de 2012 Draghi decidiera tomar la iniciativa y crear un mecanismo con el que garantizar el apoyo a los países en dificultades y, con ello, la sostenibilidad del euro. Y aunque la tensión está muy lejos de ser comparable a la de aquel verano –que Guindos conoció en primera línea de fuego como ministro de economía de uno de los países más vulnerables entonces– y las circunstancias económicas e institucionales en la UE sean muy diferentes, Italia ha vuelto a poner en el mapa las debilidades de la zona euro y lleva de nuevo a los inversores a volver su mirada hacia el papel pacificador del BCE.

La primera gran cita de Guindos en el BCE será el próximo 14 de junio, en la reunión del consejo de gobierno a la que está previsto asista por primera vez el nuevo gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, después de que Rajoy haya acelerado su nombramiento con su aprobación por decreto en el BOE. Habrá por tanto dos españoles en esa reunión, uno de ellos en la vicepresidencia del BCE, con capacidad para trasladar la inquietud con que los países de la periferia acusan los repuntes de la prima de riesgo.

El BCE tiene la opción de ayudar a un país a cambio de un rescate, aunque Italia todavía está lejos de una situación límite

Con anterioridad al estallido de la crisis institucional italiana, la reunión del BCE de junio era la fecha prevista por muchos expertos para que Draghi anunciara la fecha del fin de las compras de deuda: bien la confirmación de su final en septiembre o la prolongación a diciembre, con una reducción gradual desde septiembre. “Ahora se abre la posibilidad de que espere hasta julio y deje pasar la cita de junio. Más allá de Italia, se puede argumentar la decisión en las señales de leve desaceleración económica de la zona euro y en la falta de un repunte claro de la inflación, pese al alza del petróleo”, explica Víctor Echevarría, de Analistas Financieros Internacionales.

Para Raymond Torres, director de Conyuntura y Estadística de Funcas, “el BCE podría moderar la retirada de estímulos, con una reducción de las compras más escalonada”. Aunque sin poner en juego su credibilidad. De hecho, los expertos coinciden en que el BCE no condicionará sus decisiones por la crisis política italiana. “El BCE podría sentirse tentado a continuar comprando deuda en 2019, visto el reciente deterioro en la economía real, pero de hecho pensamos que le sería mucho más duro hacerlo por el posible desvío de Italia de las normas de la UE”, sostienen desde BofAML.

Más allá de dejar para julio el anuncio del fin de las compras de deuda, apurando al máximo los plazos en espera de una mayor estabilidad en el mercado, el BCE no cree necesario tomar medidas extraordinarias a causa de Italia, según trascendió esta semana. El coste de financiación de Italia, aunque más caro, es aún claramente sostenible y cuenta todavía con el apoyo de las compras mensuales del BCE. Además, el mecanismo previsto para la ayuda concreta a un país –el programa OMT– se activa solo en caso de que un país reclame un rescate y se avenga por tanto a los ajustes y la disciplina fiscal que conlleva, una exigencia que queda ahora lejos de los postulados de la Liga o 5 Estrella, de los que depende el gobierno en Italia. “Antes de 2012 ni siquiera existía esa opción de intervención del BCE y de ahí el colapso de la deuda”, recuerda Torres.

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