Belleza en los templos del saber

La evolución de la universidad se puede leer en la arquitectura de sus edificios y en el diseño de sus campus

Universidad Pública de Navarra
Universidad Pública de Navarra.

Prestigio, historia, programa de estudios, buen ambiente, instalaciones deportivas… son solo algunas de las características por las que un estudiante puede decantarse por una determinada universidad. Sin embargo, además, muchas universidades también se distinguen por la belleza de sus edificios, sus bibliotecas, el diseño de sus aulas o sus campus rodeados de jardines.

“Es un hecho incuestionable, demostrado a lo largo de la historia, que la calidad de los campus influye en la calidad de la educación. Donde hay buena arquitectura y buen urbanismo, hay buena educación. Es muy importante tener esto presente a la hora de diseñar las aulas, los campus y su relación con la ciudad”, argumenta Pablo Campos Calvo-Sotelo, catedrático del CEU y miembro de la Real Academia de Doctores de España (RADE), que ha estudiado la evolución histórica del espacio físico en universidades de todo el mundo.

Es necesario recuperar la dimensión humana de la universidad, perdida en los años sesenta y setenta, reintegrándola en la urbe

En su opinión, es necesario recuperar la dimensión humana de la universidad, perdida a partir de la masificación de los años sesenta y setenta. ¿Cómo? “Integrando otra vez la universidad en la ciudad, de donde fue expulsada, entre otras razones para alejar del centro urbano la conflictividad estudiantil, y restableciendo, a través de pasillos, aulas, rincones, espacios intimistas, etcétera, esa escala humana donde el alumno encuentre un sentimiento de pertenencia, es decir, que se divierta, que le apetezca quedarse, que la arquitectura contribuya a motivarle”, resalta el catedrático.

Esto se ha conseguido en algunos casos de manera ejemplar. Uno de ellos es el de la Pompeu Fabra de Barcelona (UPF). Cuando fue fundada en 1990, se trataba de crear una universidad pública, pequeña, muy centrada en la investigación y orientada inicialmente a las ciencias sociales y humanas. La localización elegida fue Barcelona.

Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona.
Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona.

“El campus se proyectó, fundamentalmente, en dos antiguos cuarteles militares ubicados en la Ciutadella, muy cerca de la Villa Olímpica. El Ayuntamiento vio que la universidad podía servir para enlazar el centro de la ciudad, a la vez que se renovaba una zona emblemática deprimida”, cuenta Jaume Guillamet, catedrático de Periodismo del departamento de Comunicación y asesor de Campus y Ciudad de la Universidad Pompeu Fabra. “Es una universidad joven, construida con mucha libertad”, añade. El proyecto fue un éxito.

Vínculo artístico

Esta institución académica ha estado vinculada al arte desde su fundación. El inicio de esta relación fue la colección de pintura que ha ilustrado los carteles conmemorativos de cada curso, el primero lo hizo Tàpies. Ahora, la UPF ha inaugurado el Art Track, un circuito por el campus de la Ciutadella que pone al alcance de los ciudadanos tres de las joyas artísticas más preciadas de la universidad: la Sala de Reflexión de Antoni Tàpies, centro neurálgico del recorrido y una de las pocas capillas laicas del arte contemporáneo en el mundo; la colección de obras que diferentes artistas han donado a la universidad, y el Depósito de las Aguas, un bellísimo edificio modernista, hoy sede de la biblioteca general. El Art Track se ha incorporado a los atractivos turísticos de la ciudad. La universidad abierta a la sociedad.

Universidad de Alcalá de Henares.
Universidad de Alcalá de Henares.

Pero quizás la recuperación más simbólica, por su historia y belleza, y un ejemplo claro de que el sitio de la universidad está en los centros urbanos sea Alcalá de Henares. Fundada en 1499 por el cardenal Cisneros, fue cerrada en 1836 y después abandonada hasta que un visionario, Manuel Gala, que sería su primer rector a partir de 1984, se empeñó en convertir de nuevo a Alcalá de Henares en una ciudad universitaria, recuperando el alma mater que en otro tiempo fue suya. En 1998, la Unesco la declaró patrimonio de la humanidad, un título que ostentan solo cuatro universidades más en todo el mundo. La universidad de Cartagena también volvió en 1998 al corazón de la ciudad con notable éxito.

A la americana

La Ciudad Universitaria de Madrid fue el primer campus a la americana que se desarrolló en Europa. Según Pablo Campos Calvo-Sotelo, es el mayor proyecto urbanístico contemporáneo realizado en España, ocupó más de tres millones de metros cuadrados con residencias, espacios deportivos, zonas verdes… “Fue, además, un escaparate de la nueva arquitectura que en aquel momento estaba emergiendo en Europa, el movimiento moderno. Es un proyecto extraordinario”, define Campos.

La Ciudad Universitaria de Madrid, de 1927, es un complejo académico de más de tres millones de metros ­cuadrados

Impulsado por la Monarquía en 1927, este excepcional complejo académico ha sobrevivido a los avatares de la historia reciente de España. Triunfó la República, que lo hizo suyo, llegó la Guerra Civil y lo que empezaba a ser un campus moderno, el centro de un gran proyecto nacional que combinaba novedad arquitectónica, diseño urbanístico y promoción educativa, se convirtió en frente de guerra, en el escenario de la batalla de Madrid: quedó devastado. Durante un tiempo la actividad académica convivió con ruinas y huellas de la contienda. En los años cuarenta y cincuenta del siglo XX se inauguraron progresivamente los edificios que otorgaron al campus su fisonomía actual. Y desaparecida la dictadura, la democracia no ha estado a la altura.

“Lo peor se ha hecho en democracia”, afirma el arquitecto José Ángel Vaquero, del estudio Areán y Vaquero: “Los edificios y el entorno de la ciudad universitaria están muy degradados. Además, la gran obra de finales de la Monarquía y principios de la República ha sido invadida por el tráfico. Se ha convertido en una vía de paso, se ha perdido la escala humana y hoy es una estructura monumental”.

La Universidad de Alicante es otro ejemplo de campus bien concebido, a diferencia de las autónomas (Madrid, Barcelona o Bilbao) fundadas en los años setenta y ochenta. Localizado en Sant Vicent del Raspeig, hace tres décadas una ciudad suburbio de 20.000 habitantes en el área metropolitana de Alicante, abrió las puertas en 1979 a la arquitectura contemporánea y a un urbanismo bien entendido como factor de cohesión social.

Hoy, el campus tiene 24.000 metros cuadrados de zonas verdes y edificios funcionales, algunos con premios y menciones en certámenes de arquitectura: el rectorado es de Álvaro Siza; el Museo Universidad de Alicante (MUA), de Alfredo Payá, premio Nacional de Arquitectura en 1994. También destacan el edificio Germán Bernácer y el Aulario III, ambos del alicantino Javier García-Solera. “Es un campus que, aunque está fuera de la ciudad de Alicante, no es un gueto, es una ciudadela del saber. Es decir, es un campus a la americana, un excelente modelo si se copia bien”, señala Pablo Campos Calvo-Sotelo.

El campus de Tafira, en Las Palmas de Gran Canaria, tiene un gran valor natural. Se encuentra rodeado de un inmenso palmeral y acoge los edificios de Económicas y Jurídicas, y su aulario, concluidos en 1995, diseñados por Juan Navarro Baldeweg, galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura 2014.

Universidad de Vigo.
Universidad de Vigo.

En la Universidad de Vigo, el edificio Miralles, del arquitecto catalán Enric Miralles, combina a la perfección la adaptación al entorno y la subordinación a la construcción del campus, que está fuera de la ciudad, con una arquitectura innovadora. Sus espacios son multifuncionales, motivadores, para que el alumno se encuentre cómodo.

Y en Pamplona, la Universidad Pública de Navarra, creada en 1987, está diseñada en un estilo vanguardista que la hace testigo de las corrientes arquitectónicas de su tiempo. Su campus, un espacio docente rompedor de 240.000 metros cuadrados, es obra del arquitecto navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza. Una de sus particularidades reside en sus jardines, que acogen más de 100 especies de árboles de los cinco continentes. Este campus es, además, un verdadero museo de esculturas al aire libre, donde destaca alguna pieza de Jorge Oteiza.

Tecnológico y sostenible

El campus horizontal frente al campus vertical. Un edificio tecnológico y sostenible de 50.000 metros cuadrados, 35 plantas y una capacidad de hasta 6.000 alumnos, será en 2020 el campus de IE University, al final del madrileño paseo de la Castellana, en el complejo de las Cuatro Torres. Contará con 70 aulas, espacios de trabajo y zonas de descanso y de doble altura que emularán las plazas de los campus tradicionales, según sus promotores. Habrá también zonas deportivas y de ocio, auditorios, bibliotecas y más de 7.000 metros cuadrados de espacios verdes.

“La evolución de la universidad puede leerse en el texto tridimensional que dejan sus espacios edificados”, puntualiza Pablo Campos Calvo-Sotelo. Y concluye: “La seña de identidad secular de las universidades españolas y europeas ha sido que estaban en el casco histórico, y donde permanecen son maravillosas: Salamanca, Alcalá, Santiago, Bolonia, Cambridge, Oxford… El fenómeno de enajenación de los años sesenta ha producido monumentos a la incultura. Yo llamo así a los campus que no tienen entornos vitales en sus polígonos docentes”.

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