¿Es importante el volumen al invertir?

Un fondo pequeño puede hacer dudar de la viabilidad del proyecto y uno grande perder flexibilidad

¿Es importante el volumen al invertir?

En la industria de análisis y selección de fondos de inversión hay ciertos requisitos o filtros que deben cumplir los fondos para ser seleccionados y realizar una primera inversión en ellos. Muchos, realmente los que aportan más valor añadido, son cualitativos: entender al gestor y su proceso de inversión, cómo se toman las decisiones, cómo reaccionan ante las embestidas de los mercados, etc. Hay otros que son más cuantitativos y, por tanto, más objetivos. Dos de los requisitos –en este caso cuantitativos– más clásicos y comunes entre los selectores tienen que ver con los años de vida del producto y con su tamaño.

Es una práctica muy extendida exigir a los gestores al menos tres años de track record, de valor liquidativo a sus espaldas. De esta forma, se intenta distinguir entre un gestor consistente y un gestor que ha podido tener un buen año y en el que no tanto su pericia o capacidad, sino quizá la suerte o algún evento aislado, le han permitido brillar en un periodo corto de tiempo. Parece razonable. Al igual que en puestos de alta responsabilidad los conocimientos y la experiencia de un directivo suelen ser requisitos imprescindibles, en algo tan sensible como la gestión del dinero de los demás también resulta apropiado requerir un cierto recorrido.

El otro requisito, el de un tamaño determinado, es algo más controvertido. Es muy normal que, cuando un nuevo gestor está intentando abrirse camino enseñando su producto a potenciales compradores, se encuentre con la respuesta: “Volveremos a hablar cuando tengas un histórico de tres años y un patrimonio de 100 millones de euros”.

Lo de los 100 millones de euros viene a ser algo así como un mínimo bastante utilizado en la industria, aunque, dependiendo del potencial comprador –de su capacidad de compra– ese importe puede verse elevado sustancialmente. Si el ticket habitual de un comprador de fondos es de 50 millones de euros, el mínimo es posible que se eleve hasta los quinientos o mil millones. ¿Realmente es bueno –para el partícipe– que un fondo tenga un patrimonio elevado, o es una limitación del comprador? Un fondo demasiado pequeño puede hacer dudar sobre la propia viabilidad de ese proyecto y, además, hace más pesada a sus partícipes la carga de los gastos fijos –no son muy elevados, pero los hay– que soportan. Un fondo grande pierde flexibilidad, es más pesado, y puede terminar limitando su universo de inversión al tener que desechar oportunidades (pequeñas compañías o emisiones pequeñas de bonos).

Es práctica habitual cerrar un fondo a nuevas suscripciones cuando llega a un determinado tamaño que complica su gestión. Cuando el gestor es, además, propietario de la gestora, la sensibilidad a cerrar antes un fondo suele ser mayor, pues, además de preocuparle los ingresos de la compañía (a fondos más grandes más ingresos por comisiones), le importa mucho la capacidad de seguir generando una buena rentabilidad que le permita escalar en los rankings.

Algunos de los nuevos proyectos de gestión alumbrados en España durante los últimos años han nacido con una idea muy clara de limitación de tamaño, conscientes de ese conflicto de interés y de la importancia de no ponerse trabas en un mundo tan competitivo como el de la gestión de las inversiones.

Como en casi todo, los extremos son puntos que se tocan pocas veces. El blanco y el negro se sitúan entre una amplia gama de grises. Hablar del tamaño ideal no es fácil y, además, depende de lo amplio que sea tu universo de gestión. Diez millones es poco y cinco mil puede parecer demasiado, pero, en general, un gestor independiente velará más por un tamaño que se alinea con los intereses de sus partícipes.

Este pasado fin de semana viendo los rankings de los fondos de inversión en lo que llevamos de año, me alegraba ver a muchos gestores españoles ocupando lugares de privilegio en distintas categorías. No puedo dejar de citar a mi compañero José Ramón Iturriaga, con sus dos fondos muy bien situados, uno en lo más alto. Sin embargo, lo que me pareció más llamativo fue constatar los resultados de la categoría de renta variable internacional, donde la competencia es muy elevada con muchas gestoras internacionales. Entre los cinco mejores -en un ranking de 239 fondos– tres eran españoles, Valentum, Metavalor y AzValor. El primero roza los cien millones de patrimonio y el segundo, setenta.

Rentabilidades de apenas cuatro meses son poco relevantes, pero estos gestores y otros tantos de gestoras independientes españolas, llevan años ofreciendo buenas rentabilidades a sus partícipes ayudándonos a reforzar nuestra tesis de que, en España, como en todas partes, hay muy buenos gestores.

Ángel Olea es Director de inversiones de Abante

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