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La deuda española deja ganancias a contracorriente: ¿hasta cuándo durará su 'minirally'?

Se desmarca de la periferia europea y entra en el grupo de la francesa o la belga

Los gestores dudan de la continuidad de las alzas, pese a que se prevén mejoras de rating

En un momento en que las rentabilidades de la deuda soberana europea repuntan, contagiada por la deuda estadounidense, la deuda española se desmarca. El Tesoro marcó ayer un hito al adjudicar por primera vez letras a doce meses a un interés incluso inferior al de la facilidad de depósito del BCE, en el -0,4%, el interés que cobra la institución a la banca por aparcar su exceso de liquidez. Y en el balance de lo que va de año, el rendimiento del bono español a una década, plazo de referencia clave para los inversores, es el único que desciende entre la deuda soberana europea. En definitiva, lejos de alejar la inversión, la deuda española atrae capital en este inicio de año.

La visión de los inversores hacia la deuda española ha dado un importante cambio respecto a la recta final del pasado año, cuando el bono y la prima de riesgo soportaban la presión por la crisis política en Cataluña. El castigo fue leve pero suficiente para dejar en desventaja a España frente a la deuda italiana o portuguesa, el otro destino habitual de quienes buscan deuda de la periferia europea.

El tono cambio sin embargo el pasado 19 de enero, cuando Fitch elevó el rating soberano de España a “A-” y colocó a su deuda en una nueva división. “Se ha revertido la situación de meses anteriores. España se está desmarcado del resto de países periféricos y es ya vista como un país semicore, en la línea de Francia o Bélgica”, explica Javier Casal, director de la mesa de deuda de Ahorro Corporación y que apunta que en estos días de volatilidad bursátil, la deuda española ha llegado a actuar incluso como activo refugio. Así, el rendimiento del bono español a 10 años baja del 1,568% de finales de 2017 al 1,52% actual, a la inversa del resto de bonos europeos.

El apetito que despierta la deuda soberana española se reflejó en la subasta de ayer del Tesoro, en la que adjudicó 3.430,51 millones de euros a doce meses, tras recibir peticiones por más de 6.000 millones de euros. La rentabilidad fue inferior por primera vez al -0,4% de la facilidad de depósito del BCE: el tipo marginal pasó del -0,396% de la subasta anterior al -0,415%. Así, habría ya inversores dispuestos a pagar más por la deuda española de lo que el propio BCE les cobraría por tener a resguardo su dinero. Se trataría especialmente de inversores asiáticos, que no pueden acudir a la facilidad de depósito del BCE del mismo modo que los europeos.

La mejora de rating de Fitch a “A-” ha dado luz verde a los inversores asiáticos, más conservadores, para comprar deuda española

Fuentes del Tesoro reconocen que la mejora de rating decidida por Fitch está siendo determinante para el éxito de las últimas subastas y es la principal causa que explica los nuevos mínimos de rentabilidad alcanzados ayer. “Es un salto cualitativo. España ya es considerado un país semicore y para los inversores institucionales asiáticos la deuda española ya es un activo elegible”, explican.

Frente al optimismo del Tesoro, que ve aún margen para seguir abaratando su coste de emisión si hay nuevas subidas de rating, los gestores empiezan a ser prudentes con la deuda soberana española tras el pequeño rally de inicio de año, en el que el bono a una década deja una ganancia del 1% para los inversores.

“La deuda española podría aguantar bien en un entorno de alza de tipos, aunque las noticias positivas ya están en precio”, señala Ascensión Gómez, directora de renta fija de Trea, que muestra así sus dudas sobre la continuidad de las compras. Miguel González, gestor de renta fija de Mutuactivos, reconoce que ha aprovechado las recientes subidas de precios para recoger beneficios. “Quizá la prima de riesgo pueda caer a 50 puntos básicos pero no hay mucho margen. Los aspectos negativos no están recogidos en el precio”, explica, en alusión al recorte de compras de deuda del BCE que vendrá y a la persistente incertidumbre política en España, con falta de presupuestos y ruido de elecciones anticipadas.

Pendientes de Standard & Poor's

Revisión el 23 de marzo. La agencia de calificación financiera S&P vuelve a revisar el rating de España ese día. Lo mantuvo sin cambios a finales de septiembre en “BBB+”, bajo la presión de la crisis política en Cataluña. La expectativa es de subida a A, con lo que España ya entraría en la categoría de mejor perfil crediticio por parte de dos agencias, después de la mejora de Fitch.

Más inversión asiática. El Tesoro prevé que una nueva mejora del rating por parte de S&P permita la entrada de nuevos inversores, en especial asiáticos, más conservadores y para los que un rating A sí es sinómino de luz verde para invertir. Así, la previsión del Tesoro es que su coste de financiación pueda seguir a los niveles actuales o quizá más barato y que la caída de la prima de riesgo sirva para compensar el efecto generalizado de alzas de rentabilidades de la deuda en un horizonte de subidas de tipos.

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