Merkel pierde las llaves de Europa

El acuerdo de coalición socava el control de la canciller sobre la agenda comunitaria. ¿Recogerá alguien el testigo?

Alemania
La canciller en funciones de Alemania, Angela Merkel, y el líder del SPD, Martin Schulz. EFE/ Hayoung Jeon

"Cada uno tendrá que hacer dolorosas concesiones y yo estoy preparada para hacerlo", señalaba este martes la canciller en funciones de Alemania, Angela Merkel, en la recta final de su negociación con Martin Schulz para formar un gobierno de coalición entre conservadores (CDU/CSU) y socialistas (SPD). Pocas horas después se anunciaba el acuerdo. Y quedaba claro que Merkel ha sido la gran sacrificada.

Para sacar adelante su cuarto mandato, la canciller ha cedido el control de los principales ministerios a sus aliados de izquierda (exteriores, finanzas) y de derechas (interior, inmigración). Merkel pierde así la llave de las dos grandes políticas europeas sobre las que ha ejercido un férreo control hasta ahora: la política económica de la zona euro y la política de asilo e inmigración.

Berlín, sin embargo, no queda fuera de juego. El nuevo gobierno buscará, según ha anunciado la propia Merkel, un entendimiento con la Francia de Emmanuel Macron, como vía para fortalecer el club comunitario tras la salida del Reino Unido (marzo de 2019) y frenar el avance del euroescepticismo en el continente.

"No conozco muchos gobiernos que mencionen 312 veces la palabra Europa en un acuerdo de coalición", destaca Juncker

 

Las 177 páginas del acuerdo de Gobierno se abren con el capítulo "un nuevo comienzo para Europa". Y Bruselas no disimula su satisfacción por la preminencia que el proyecto comunitario ha ganado en Berlín gracias al impulso de Schulz, antiguo presidente del Parlamento Europeo.

"Me gusta mucho el capítulo europeo [del acuerdo]", señaló el jueves el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. "No conozco muchos gobiernos que mencionen 312 veces la palabra Europa en un acuerdo de coalición", añadía el luxemburgués.

Juncker también destacaba la declaración expresa del acuerdo a favor de que Alemania aumente su aportación al presupuesto europeo, una concesión arrancada por los socialistas a una canciller que siempre se ha resistido a los trasvases de fondos hacia Bruselas.

Pero la claudicación de Merkel puede costarle caro entre su propio electorado y complicar, más que acelerar, el impulso europeo. El 63% de los alemanes creen que Merkel sale debilitada del acuerdo, según un sondeo publicado el jueves por el periódico Die Welt. Incluso entre los votantes de la CDU, la impresión de derrota es amplia: el 46%.

La canciller afronta su nueva legislatura más frágil que nunca. Y el hecho de que su socio de gobierno, Martin Schulz, también llegue al acuerdo muy debilitado puede agravar aún más la fragilidad de una coalición que de grande solo tiene el nombre.

El nuevo gobierno nace de la suma de dos partidos en caída libre más unos conservadores bávaros (CSU) que tiemblan ante las elecciones de septiembre en su región, en la que temen verse desbordados por la derecha por Alternativa para Alemania (AfD).

El frágil triunvirato socava el dominio de Merkel sobre la Unión Europea donde ha impuesto su voluntad casi sin resistencias desde que comenzó la crisis financiera en 2008. Las recetas de su anterior ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, se abrían paso sin dificultad en un Eurogrupo controlado por un fiel testaferro, el ministro holandés Jeroen Dijsselbloem.

Pero en la nueva legislatura, el SPD espera hacerse con la cartera de Finanzas, un precio muy caro pagado por Merkel para satisfacer a las bases socialistas, que deben ratificar el acuerdo de coalición en un referéndum de incierto resultado.

La presencia de un socialista en el Ministerio de Finanzas puede cambiar el rumbo de una política económica basada en el rigor presupuestario sin reformas de calado. "El crecimiento de Alemania es incluso más impresionante si se tiene en cuenta que lo ha logrado sin acometer ninguna reforma estructural significativa durante la última década", señalaba, el economista jefe de ING, Carsten Brzeski, en un reciente análisis.

Bruselas no espera un giro radical en la política de Berlín. Pero la salida de Schäuble y el relevo de Dijsselbloem en el Eurogrupo apuntan a recetas más imaginativas que la mera disciplina fiscal. El nuevo presidente del Eurogrupo, el portugués Mario Centeno, ha llegado al cargo tras desafiar en su país varias de las prescripciones de la troika (CE, BCE y FMI). Y parece dispuesto a repetir la experiencia a nivel europeo, una ofensiva para la que el nuevo ministro alemán de Finanzas (suena el alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz) podría convertirse más en un aliado que en un obstáculo.

Merkel también verá desmantelada su política de asilo, que había basado en la apertura de fronteras y en la imposición de cuotas obligatorias de reparto de refugiados entre los socios de la UE. El acuerdo de Gobierno cede a la presión de la CSU bávara, cuya política de migración es más cercana al blindaje de fronteras de la Hungría de Viktor Orbán que a las tesis de la canciller. A partir de ahora, Berlín fijará un tope al número de refugiados que puede acoger Alemania (200.000 al año) y todo apunta a que las cuotas europeas, nunca cumplidas, caerán en el olvido.

El nuevo gobierno en Alemania pasa así la página de la Europa de Merkel, marcada por una crisis tras otra. Parece claro que Merkel ha perdido las llaves del continente. Pero no se ha despejado la incógnita sobre quien las recogerá ni si el liderazgo compartido con Macron bastará para sacar adelante la refundación del club europeo anunciada por París.

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