La canciller alemana, Angela Merkel, ayer en Berlín.
La canciller alemana, Angela Merkel, ayer en Berlín.

La alergia de Alemania a los eurobonos será difícil de curar

Berlín ha cambiado la Constitución para que sus landers no puedan endeudarse

El pasivo de las regiones germanas casi se ha cuadruplicado en los últimos 25 años

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, está dando esperanzas a quienes desean estrechar los lazos fiscales entre los países de la zona euro. Sus ideas van desde establecer un presupuesto y un ministerio de finanzas comunes hasta emitir deuda conjunta, que facilitaría la financiación a los países del sur. Pero los fans de los eurobonos se enfrentan a un gran escollo: Alemania.

La canciller Angela Merkel, que probablemente ganará un cuarto mandato en las elecciones de septiembre, no muestra señales de suavizar su posición de 2012 de que los eurobonos no existirían “mientras viva”. Es fácil culpar a la desconfianza teutónica hacia los despilfarradores sureños, pero décadas de malas experiencias internas también influyen.

Los 16 lander alemanes pueden establecer independientemente su política fiscal, pero el Gobierno central en Berlín acaba interviniendo si las cosas van mal. Esta garantía implícita de rescate ha permitido a las regiones pobres tomar prestado a voluntad. La deuda regional casi se ha cuadruplicado en los últimos 25 años hasta más 613 millones, y representa casi un tercio de la deuda pública.

Alemania tiene incluso dos versiones domésticas de Grecia: Sarre y Bremen. Estas regiones pequeñas y económicamente débiles tienen un historial de vivir por encima de sus posibilidades. Y ambas están en dificultades fiscales a pesar de la fortaleza de la economía nacional y los reiterados rescates del Gobierno federal. Bremen financió el año pasado el 15% de sus gastos emitiendo bonos. Su deuda per cápita es cinco veces superior a la media de los 16 estados.

El Gobierno federal optó por una solución radical, y asumió la deuda de Bremen y Sarre entre 1994 y 2004. Se ha cambiado la Constitución de modo que para finales de esta década las regiones ya no podrán tomar prestado ni siquiera para infraestructuras. Es una medida cruda pero efectiva. La agencia de calificación Moody’s predice que para 2020, la deuda regional como proporción de los ingresos operativos será casi un 40% menor que la de 10 años antes.

Es una lección para otros países de la zona euro. Una nación que tiene tanto cuidado para dar garantías a sus propias regiones difícilmente lo hará con otros países.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de Cinco Días.


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