Ana Bella: “Si dices que sufres maltrato se cuestiona tu profesionalidad”

Desde la fundación que lleva su nombre trabajan por empoderar a las víctimas de la violencia de género e involucrar a las empresas en la lucha contra ella

acoso sexual

Antes de crear la fundación que lleva su nombre, Ana Bella Estévez (Sevilla, 1972) vivió en un círculo de violencia y maltrato de género del que no fue fácil escapar. “Las víctimas muchas veces tardamos en entender lo que nos está pasando”. Hasta el año 2002, cuando con el empuje de Ashoka, grupo que invierte en emprendedores sociales, lanzó la fundación que hoy preside. Pelean en muchos frentes, desde el acompañamiento a mujeres en proceso de ruptura con su situación, hasta la formación profesional para víctimas que quieren encontrar empleo. También libran batalla en el día a día de muchas empresas, intentando convertirlas en protagonistas del cambio hacia una sociedad libre de violencia machista.

Las consecuencias de la violencia machista tienen impacto en muchas ramas de la vida de la víctima. ¿También en la laboral?

Cuesta romper el silencio porque hay un estigma de vergüenza. También en el trabajo. La fundación nació en una época en la que, si se hablaba de violencia de género, era con mujeres con la cara oculta, voz distorsionada, ojos morados y lloros... Hay que pelear para que, a las víctimas, el maltrato deje de definirnos como personas. Sigue habiendo mucho desconocimiento de lo que es la violencia machista y se sigue asociando con sumisión y debilidad. Por eso a las que más les cuesta hablar es a las altas directivas, ya que si dices que sufres maltrato se pone en cuestión tu profesionalidad. Se oye eso de cómo va a negociar esta señora un contrato o la concesión de un proyecto si la pegan en casa.

¿Cómo puede combatirse esta realidad?

Convirtiendo a las empresas en agentes de cambio, ya que pasamos la mayor parte del día en la oficina. Nosotras trabajamos con varias organizaciones, formando a los profesionales para que sepan identificar qué es la violencia de género y cómo combatirla. De hecho, algunas compañías obligan a impartir nuestras clases en los cursos sobre riesgos laborales. Esto ayuda a que los empleados puedan identificar si alguna compañera suya sufre maltrato, ya que la víctima no siempre es consciente. También sirve para quitar el estigma, para dejar de tener miedo a contarlo por si nos despiden.

Afirman que para una víctima es fundamental encontrar trabajo. ¿Por qué?

Ayudamos en la inserción laboral a supervivientes, a mujeres que han pasado el proceso de victimización y ya no están en riesgo. Vimos que las oportunidades que había para las víctimas pasaban solo por trabajos invisibles y poco remunerados, que nos llevaban a la exclusión. Parece que si eres una mujer maltratada solo puedes ser limpiadora o reponedora. Así que buscamos una necesidad que tuviesen las empresas, como la comercial, y vimos que trabajando de cara al público nos empoderábamos, dejábamos de sentirnos víctimas pasivas y nos convertíamos en profesionales activas. Creamos un servicio de embajadoras de marca y por primera vez dejamos de ser limpiadoras o reponedoras. Que son trabajos dignos y necesarios, ojo, pero no por sistema deben recaer en nosotras.

Parece que si eres una mujer maltratada solo puedes ser limpiadora

¿Qué significa para una mujer maltratada ser embajadora de una gran marca?

Cambiar el paradigma y la mentalidad. Dejar de ser una pobrecita víctima que necesita discriminación positiva. Y además es que lo hacemos bien. Trabajamos con Campofrío, Pepsi, L’Oréal, Disney... Con Danone, con la que empezamos en 2011, logramos resultados impresionantes. Antes tenían una rotación del 62%, con lo que ello supone en costes de selección y formación. Nosotras lo bajamos al 2%. También tenían un absentismo del 40% que redujimos al 1%. Además, hemos cambiado el perfil medio de estos trabajos. Antes, las empresas requerían a jóvenes 90-60-90 y menores de 25 años. Nosotras hemos puesto a trabajar a mujeres de 64 años. Hemos creado una escuela para el empoderamiento de la mujer, para que libere su potencial y lo ponga al servicio de su liderazgo personal y después de la empresa. El objetivo es que no se nos vea como un problema a resolver, sino que se pongan en valor nuestras capacidades como supervivientes.

¿Cuáles son esas competencias?

Aquellas que hemos desarrollado para resistir al maltrato. No somos mujeres débiles ni víctimas para siempre, somos fuertes, capaces de trabajar bajo presión, de reponernos rápidamente ante el fracaso, somos perseverantes, sabemos entender muy bien el lenguaje corporal... Eso lo ponemos en valor en muchos trabajos.

No somos mujeres débiles ni víctimas para siempre

¿Se incide mucho en la victimización y poco en aspectos como la fuerza y la superación?

Sí, quizá por un exceso de paternalismo. El problema es que esa visión contribuye a perpetuar la imagen de mujer débil y sometida, crea una imagen errónea de la violencia de género y dificulta que las víctimas lo cuenten y denuncien.

¿La indignación que producen casos como el de Diana Quer, La Manada o las denuncias de abuso en Hollywood muestran que cada vez hay mayor conciencia de lo que es la violencia machista?

La violencia de género se toma en serio desde hace ya muchos años. Lo que sí está empezando a ocurrir es que se está rompiendo el silencio, que es lo que nos hace cómplices. Está empezando a destaparse la violencia más sutil, los micromachismos que derivan posteriormente en asesinato. Y lo que es más importante, es la gente que rodea a víctima y maltratador la que está comenzando a hablar y denunciar.

Un reciente estudio de la FAD afirma que uno de cada cuatro jóvenes en España ve normal la violencia de género en la pareja.

Yo no creo que sea así. Lo que ven normales, e incluso positivas, son ciertas formas de violencia camufladas, que no se entienden como tal. Por ejemplo, los celos, el control, el no puedo vivir sin ti. Lo que es necesario es comenzar a visibilizar y destapar estas _formas de violencia que son menos conocidas.

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