Trump pasa de la bravuconada al realismo

Su agenda indica que ha acabado la guerra con su partido:bienvenido a la realpolitik

Donald Trump, escoltado por los líderes republicanos, el día 6.
Donald Trump, escoltado por los líderes republicanos, el día 6.

"Es muy entretenida”, dijo Trump a los periodistas tras su reunión con los líderes republicanos en Camp David los días 5 y 6 de enero. Por “entretenida”, el presidente no se refería a la reunión, sino a The Greatest Showman, la última película de Hugh Jackman y que los conservadores vieron en dicha cita. El encuentro entre partido y presidente fue histórico para Trump porque selló el final de la guerra entre el establishment republicano y el presidente tuitero y rompedor. Empezó una luna de miel en la que los conservadores definieron la agenda –lista de prioridades– republicana para 2018: seguridad nacional, infraestructuras, presupuesto y estrategia electoral para las legislativas de noviembre.

Los republicanos expresaron un buen propósito: “Esperamos que 2018 sea un año de mayor cooperación bipartidista”, dijo el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, a los periodistas. McConnell es el mismo que se propuso en 2010 que Obama no ganara en 2012 (Obama ganó) y el mismo al que Trump estuvo a punto de tirar por la ventana tras el fiasco de la no derogación de Obamacare.

Como un corderillo, McConnell sigue al pastor Trump donde quiera que vaya. Ahora bien, cumplir esa promesa de sumar a los demócratas para sus políticas… Hechos son amores y no buenas razones, y Trump, por ejemplo, declaró que no firmará una legislación que proteja a 800.000 jóvenes que fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos cuando eran niños, a menos que el Congreso acepte financiar el muro y reformar la inmigración.

Trump culminó 2017 finiquitando el programa DACA de Obama, que protegía a esas 800.000 personas de la deportación y les otorgó el derecho a trabajar. Trump cree que cualquier acuerdo debe evitar que los inmigrantes traigan al resto de su familia y debe terminar con la lotería de visados. Esto y los fondos para el muro fronterizo con México son ideas impopulares entre los demócratas, enfurecidos cuando Trump pidió al Congreso 18.000 millones de dólares para construir su bello muro. Creo que Trump tiene con el muro la misma obsesión que tuvo con su carro Manolo Escobar. Esa obsesión puede dañarle electoralmente en noviembre en los estados demócratas (California, Nueva York) donde necesita ampliar su base electoral.

La seguridad nacional fue otro tema estrella: “El primer deber de nuestro Gobierno es nuestros ciudadanos: atender sus necesidades, garantizar su seguridad, preservar sus derechos y defender sus valores”, dijo Trump a sus nuevos amigos. La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) es un hito para cualquier presidencia. Es un documento que explica al pueblo estadounidense, a los aliados y a las 18 agencias de seguridad cómo tiene la intención el presidente de poner en práctica su visión de seguridad nacional. Fue esencial en la Guerra Fría, tras la caída del Muro de Berlín y tras los atentados del 11S.

Primero y principal, el documento de Seguridad Nacional de Trump es un reflejo de su creencia en el America first (Lo primero es América): transmitir confianza a los americanos –basta pasear por cualquier calle de Estados Unidos y ver lo fuertes que son las medidas extraordinarias de seguridad. Y, por ende, si América confía en sí misma, podrá reflejar esa confianza en sus aliados, con pocas sutilezas, como hemos visto en el caso de Corea del Norte y su efecto en Corea del Sur y Japón.

La estrategia de seguridad que enunció Trump en Camp David el día de Reyes tiene cuatro pilares: Proteger la Nación, sus ciudadanos y el estilo de vida estadounidense (algo que está en el corazón de demócratas y republicanos); promover la prosperidad económica (esto no es nuevo: Clinton y Obama ya lo hicieron); si vis pacem, para bellum, obtener la paz a través de la fuerza, fortaleciendo las fuerzas armadas (me consta que Trump no lo dijo en latín); y, por contraste con sus promesas de campaña, “proyectar la influencia internacional estadounidense”. De aislacionismo, nada –el vicepresidente, Mike Pence, está visitando Egipto, Jordania e Israel. Tampoco en el comercio: ya les dijo el 9 de enero a los granjeros que no va a eliminar Nafta, promesa electoral, sino a renegociarlo a su favor. Caído del guindo, Trump retorna al realismo.

El magnate fue complaciente consigo mismo respecto a la economía. “Ha vuelto rugiendo a la vida gracias a mi”, les dijo a Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, y McConnell. “El mercado bursátil está en récord histórico, ayudando a más estadounidenses a construir riqueza y asegurar su futuro. Mediante los recortes de impuestos [su único logro legislativo en 2017] generaremos más empleos”. Trump anunció una novedad, “la ampliación de los programas de aprendizaje, la reforma de los programas de capacitación laboral y la unión de empresas y educadores para garantizar formación de alta calidad y mejor capacitación en el trabajo”. Esto es esencial si quieres que un minero desempleado encuentre trabajo en Wall Street o Silicon Valley (quizá exagero).

Por si se habían olvidado, los republicanos recibieron una charla sobre la reforma fiscal aprobada a final de año por ellos mismos: “El impuesto federal de sociedades máximo se redujo del 35 al 21%, lo que sitúa el impuesto de sociedades de Estados Unidos por debajo del promedio de la OCDE”.

La nueva ley tributaria también implica importantes reformas internacionales: un sistema de impuestos territoriales, la repatriación de beneficios, etc. El objetivo es, dijo, “mantener los empleos estadounidenses”.

Para las familias, aseveró Trump, “la ley de recortes impositivos casi duplica la deducción estándar, simplifica la presentación de impuestos y reduce la carga tributaria para millones de familias. Cada tramo de ingresos experimenta un recorte de impuestos”... aunque no mentó que los más ricos salen muy beneficiados.

Trump hizo dos revelaciones importantes: quiere llegar a acuerdos con los demócratas para que estos apoyen su agenda política (Misión: Imposible 6, pero sin Tom Cruise) y, lo que ha alegrado mucho a los líderes del establishment a quienes en campaña electoral quería crucificar (“to drain the swamp”, drenar la ciénaga, decía Trump”): para las elecciones legislativas de 2018 apoyará “solo a los candidatos oficiales del partido”. Bienvenido a la realpolitik, señor presidente.

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants. Autor de Hillary vs. Trump y Trump, año uno

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