La Malva, la central que alumbró Asturias cumple cien años

Enclavada en el Parque Natural de Somiedo, fue la primera gran generadora de la región

El Rey Felipe VI inaugura hoy una exposición permanente

Centenario de La Malva
Central hidráulica La Malva, junto a Pola de Somiedo.

Las energías renovables fueron el origen y serán el fin de la producción de electricidad. A comienzos del siglo XX el uso de las aguas para generar energía fue el objetivo de visionarios como Policarpo Herrero y José Tartiere. En 1907, con la colaboración del ingeniero Narciso Hernández Vaquero, estos emprendedores asturianos idearon un proyecto para el aprovechamiento de los ríos y lagos de Somiedo, en la actualidad, Parque Natural y Reserva de la Biosfera, donde habita el oso pardo.

 La construcción de La Malva por parte de la sociedad Saltos de Somiedo (más de 20 kilómetros de canales para llevar el agua a las turbinas de la planta) se prolongó hasta 1915, aunque la producción no comenzó hasta 1917, hace ahora un siglo. La Malva fue la primera gran central de generación de Asturias y el origen de Hidroeléctrica del Cantábrico, desde 2004 controlada por la portuguesa EDP.

El de La Malva, un proyecto titánico para la época, incluyó la construcción de 17 kilómetros de túneles y 570 metros de saltos en una escarpada zona situada a 1.500 metros sobre el nivel del mar. Además, se instalaron los primeros 73 kilómetros de redes de alta tensión entre la central y los grandes núcleos urbanos. No en vano, se considera que con ella llegó el desarrollo a Asturias.

Tras la Primera Guerra Mundial, en 1920, se constituyó la Sociedad Anónima Hidroeléctrica del Cantábrico-Saltos de Agua de Somiedo y comenzó la ampliación de la central con el aprovechamiento del río Saliencia y del arroyo de La Braña.

Algunas dependencias del elegante edificio industrial de La Malva, como el viejo taller, han sido transformados en un pequeño museo sobre la historia de una central aún activa. Contaba con un taller porque, en un lugar tan aislado, había que fabricar hasta los tornillos”, asegura Juan Sánchez, operario de La Malva y de otras cuatro centrales de la zona integradas en la Agrupación Narcea-Miranda.

Su historia y la de su compañero Jorge Marrón, son una muestra de por qué a la eléctrica asturiana se la considera “una empresa familiar”, según sus palabras. Ambos son la tercera generación de operarios de La Malva, encargados del mantenimiento y la seguridad de las instalaciones. Su abuelo, Manuel Marrón, que falleció cuando él tenía un año, comenzó a trabajar incluso antes de que se construyera la central. Acompañaba a caballo a los responsables del proyecto (los animales de carga jugaron un papel relevante en la construcción). Jorge conoce anécdotas como esta por su padre, Domingo, quien entró en la empresa de aprendiz, a los 16 años, casualmente, el mismo día que el padre de Juan, José Antonio.

También ellos se incorporaron el mismo día de 2004 a la antigua Hidrocantábrico, una empresa que consideran “su casa”. Ambos ven como un privilegio trabajar en el lugar donde nacieron, Pola de Somiedo, a tres kilómetros de la central, donde se disfruta de “una gran calidad de vida”. No es raro cruzarse con algún oso (en el mismo monte sobre La Malva hay una osera). “Los hemos visto incluso mirando las turbinas y algún osezno ha seguido a nuestro coche”, comenta Juan.

Su abuelo, Benito Sánchez Somoza, era de Lugo y durante la Guerra Civil estuvo destacado en Asturias, donde conoció a su abuela, natural de Pola. Participó en la construcción del Salto de La Riera en los años 40, una época en que “se refugiaban en cuevas para protegerse”.

La diferencia más notable con el trabajo que desempeñaban sus padres es que estos “estaban a a turnos, las 24 horas al día, mientras que hoy, con la automatización, trabajamos hasta las tres de la tarde y a partir de ahí, si se detecta algún incidente desde Oviedo nos llaman al móvil y hacemos retén siete días”, comenta Juan. Ajenos a los avatares corporativos, estos empleados sí han notado cambios tecnológicos y de gestión: antes no había agrupaciones de centrales (sus padres solo se ocupaban de La Riera) ni la operación era polivalente.

 

Menéndez, Mexía y Nadal, en Somiedo

Interior de La Malva.
Interior de La Malva.

El Rey Felipe VI inaugura hoy el pequeño museo que EDP ha instalado en La Malva, una de las pocas centrales ubicadas en una Reserva de la Biosfera. Las viviendas del director y el encargado de la planta y el viejo taller, todos ellos en desuso, albergarán una exposición permanente de la historia de una central que el pasado 9 de septiembre cumplió cien años.

En el acto participarán el presidente de EDP, Antonio Mexía; el de EDPEspaña y de Liberbank, Manuel Menéndez; su consejero delegado, Miguel Stilvell; el ministro de Energía, Álvaro Nadal y el presidente del Principado. Javier Fernández.

La construcción de esta central, la primera gran generadora de Asturias, resultó vital para para el desarrollo de la región. Con ella se construyó una red de carreteras asfaltadas que permitió la comunicación de los pequeños pueblos del Valle de Somiedo con las principales ciudades. La preservación del entorno y su desarrollo sostenible fue una “prioridad del proyecto, y lo sigue siendo”, según sus responsables.

Esta planta, con una potencia instalada de 9,14 MW y produce 44.000 MWh al año, fue el germen de Hidroeléctrica del Cantábrico, una de las eléctricas de Unesa, creada en 1920. En 2004, la empresa asturiana pasó bajo control de la energética pública portuguesa, EDP, que tiene, entre otras, 11 centrales hidráulicas en España.

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