El euro fuerte, un buen motivo para recordar los deberes por hacer

Un euro disparado resta competitividad a casi la mitad de las exportaciones españolas

Exportaciones
Vista de contenedores en un muelle del puerto de Las Palmas.

La escalada el euro empieza a ser una preocupación seria para las empresas exportadoras. Después de ocho años al alza, y de récords continuados de ventas al exterior, la marca prevista también para este año puede verse comprometida por un euro disparado a causa de la falta de certidumbres por parte de los banqueros centrales y por los crecientes focos de tensión geopolítica –remarcadamente en Corea del Norte–. El último ejercicio en el que descendieron las exportaciones españolas fue 2009, cuando el euro se llegó a pagar a 1,5 dólares.

España tiene buena parte de sus ventas al exterior aseguradas. Más de la mitad se destinan a la zona euro y, por tanto, están vacunadas contra las oscilaciones de la divisa. El problema está la otra mitad, las que van al resto del mundo, donde un euro más fuerte equivale a menos competitividad y reducción de márgenes o bajadas de precios en los productos o servicios para poder pujar con compañías de otros países.

La revalorización cercana al 15% en lo que va de año, hasta 1,20 dólares, el nivel más alto desde principios de 2015, obligará a las empresas a actuar en esa dirección –algo que ya se ha empezado a notar el segundo trimestre– o a reorientar más sus ventas a la zona euro.

La estadística confirma que las tres grandes apreciaciones del euro registradas desde 2008 no han perjudicado del mismo modo a las ventas exteriores, y sí que este efecto está muy ligado al ciclo económico. Así lo ven las compañías exportadoras, que valoran que la economía lleve creciendo tres años seguidos y que este ejercicio la subida del PIB prevista supere el 3%, lo que enjugará parte del posible impacto cambiario negativo.

En el lado positivo, la apreciación del euro frente al dólar, la divisa en que cotiza el petróleo, produce una clara moderación del impacto negativo de la dependencia energética. No obstante, la actual coyuntura no debe frenar en absoluto la apertura hacia nuevos mercados de las exportadoras españolas, ni mucho menos el fortalecimiento de las políticas activas para reducir la dependencia energética. Son deberes por hacer que un euro fuerte no puede ocultar.

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