China frena los planes de compra de sus grandes empresas en el extranjero

La inversión realizada en otros países cae un 44% hasta julio

Los mayores grupos, como Wanda, Fosun o HNA, paralizan sus adquisiciones

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Si el pasado ejercicio, el foco estuvo puesto en las trabas que el Ejecutivo chino ponía para la entrada de capital extranjero, este año la atención parece que se va a desviar hacia el repliegue que están experimentando los grandes grupos empresariales.

Esa parece ser, al menos, una de las explicaciones que justifican el desplome experimentado por la inversión extranjera china en el mundo. Entre enero y julio, según los datos aportados por el Ministerio de Comercio de la República Popular de China, los flujos hacia otros países retrocedieron un 44% al rozar los 49.000 millones de euros. Una cifra muy lejana respecto a los 87.770 millones de euros registrados en el mismo período de 2016. No obstante hay que tener en cuenta que las estadísticas de inversión extranjera están muy condicionadas por la estacionalidad de las operaciones. Eso significa que la caída registrada en los siete primeros meses de 2017 podría obedecer a una tendencia generalizada de retroceso o bien a que el año pasado se cerró una operación sujeta a confidencialidad en ese período que presiona a la baja las cifras de este. También podría deberse a los vetos que algunos socios estratégicos, como Alemania, han puesto a los inversores chinos en ciertas operaciones, como la compra de la firma de semiconductores Aixtron.

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Fuentes consultadas por Efe apuntan a que la principal razón del fuerte descenso en la salida de capitales a otros mercados ha sido la campaña del Gobierno contra el exceso de gasto de los grandes grupos empresariales chinos, por lo que habría ordenado parar nuevos dispendios de gigantes como Wanda, Fosun o HNA. Esto no significa que hayan dejado de invertir, sino que el ritmo es más lento que en años anteriores. Por sectores, inmobiliario, cultura, deportes o entretenimiento han sido los más afectados por esa limitación. Pese a ello se han seguido cerrando operaciones, como la suscrita el martes por el empresario chino Gao Jisheng, presidente de la firma Lander Sports Development, con la adquisición del 80% de las acciones del Southampton, un club de la Premier League inglesa, por 210 millones de libras (231 millones de euros).

En este repliegue de las empresas chinas hacia el mercado interior ha tenido un papel decisivo el viraje de la banca pública, que hasta ahora había dado barra libre a las grandes empresas para que adquirieran compañías en el exterior. Los elevados niveles de endeudamiento, unidos a las nuevas consignas marcadas en el plan quinquenal, han llevado al Ejecutivo chino a fijar límites para que las empresas utilicen la ingeniería financiera para lograr fondos con traspasos entre filiales y a que utilicen activos extranjeros como garantía para financiar sus compras en el exterior.

A las que parece no haberle afectado el repliegue de los grandes grupos es a las inversiones ligadas al proyecto denominado Nuevas Rutas de la Seda, el gran plan de infraestructuras internacionales ideado por Pekín. El montante invertido ascendió en los siete primeros meses del año a 6.537 millones de euros, con un crecimiento del 5,7% y un peso creciente del 13,4% sobre el total de la inversión china. En este macroproyecto de infraestructuras participan 68 países que suman una población de 4.400 millones de personas y el 40% del PIB mundial. Entre los proyectos más simbólico se encuentran el tren Madrid-Yiwu, el corredor China-Pakistán y un oleoducto que conectará el sur de China con Birmania y la bahía de Bengala.

El tren que parte de Madrid, que hizo el primer viaje en noviembre de 2014, recorre 13.052 kilómetros y cruza ocho países durante su trayecto. En sus dos primeros años de vida, sin embargo, apenas han llegado 39 trenes a Madrid y 8 a Yiwu. El mayor coste que el transporte en barco le ha penalizado.

Tensa relación con EE UU


Desde que Donald Trump fue elegido presidente de EEUU, las críticas a China han sido constantes. La primera, nada más llegar, le acusaba de devaluar de forma intencionada su moneda para beneficiar a su sector exportador. Allí, Trump ya amenazó con la imposición de aranceles

El último capítulo se ha producido esta semana tras la acusación directa a Pekín de una posible sustracción de patentes y propiedad intelectual a empresas estadounidenses. Trump ha vuelto a amenazar con la imposición de aranceles, que el Gobierno chino se niega a aceptar.

El conflicto entre EE UU y China se gestó en el inicio de la crisis. En 2008, las exportaciones de EE UU suponían el 8,1% del total mundial y las de China un 8,9%. Ocho años después, la cuota de China sobre las exportaciones mundiales roza el 14% del total (cinco puntos de crecimiento desde el inicio de la crisis) y la de EE UU apenas supera el 9% (un punto de crecimiento en el mismo período).

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