Kim Jong Un
El líder norcoreano Kim Jong Un.

Corea del Norte, Crisis de los Misiles y liderazgo en América

Quizás Trump hable el lenguaje que motive a chinos y rusos para quitar de en medio a Kim Jong-un

Tengo un amigo norteamericano que es teniente general de tres estrellas y muchas condecoraciones en el Cuerpo de Marines. Cuando “vuelve a casa”, EE UU, dice que se emociona cuando el comandante del avión agradece a los miembros de las Fuerzas Armadas su servicio a la nación y los pasajeros aplauden. Al salir del avión ve, en todos los aeropuertos estadounidenses, una gran señal de bienvenida a las tropas. Sea en el teatro, comprando la prensa en papel, o en el supermercado, muchas personas se le acercan y le dicen “gracias por su servicio al país”. Saben que es militar porque viste como tal, lo cual en Estados Unidos es tan normal como lo fue en España ver sacerdotes con sotana, en los años cincuenta del siglo pasado. Los militares son parte de la sociedad en un entorno de normalidad.

Es verdad que allí es difícil encontrar una familia que no tenga un veterano de guerra. Estados Unidos, con una economía fuerte, ha vivido casi permanentemente en guerra desde hace mucho tiempo. En 1898, con España, que perdió Puerto Rico, Cuba, Filipinas y las Islas Marianas en favor de Estados Unidos. Primera Guerra Mundial, guerra con México, Segunda Guerra Mundial, guerra de Corea, guerra de Vietnam (ambas en el contexto de la Guerra Fría), guerras de Iraq y Afganistán...

Teniendo lo anterior en mente, es fácil imaginar que nadie se escandalice de que haya una posible guerra con Corea del Norte, de nuevo. Aunque esta posibilidad no escandaliza, sí da miedo. La amenaza de Corea del Norte es nuclear. La amenaza no es nueva, desde 1953, cuando terminó la Guerra de Corea y el presidente Eisenhower amenazó a Corea del Norte y sus aliados, China y la Unión Soviética, con lanzar varias bombas nucleares. La guerra acabó y las dos Coreas, la del Norte, comunista, y la del Sur, capitalista, quedaron separadas por el paralelo 38.

Por contraste con el comunismo soviético o el chino, tanto durante la era Mao como después y hasta hoy con Xi Jinping, la doctrina que impera en Corea del Norte no es propiamente dicha marxista leninista ni maoísta. El líder actual de Corea del Norte, Kim Jong-un, sigue la tradición de su padre y su abuelo. Es un comunismo familiar donde siempre ha primado la inversión en armas a costa de la economía. Corea del Norte es un país paupérrimo, pero tiene uno de los ejércitos más grandes de la Tierra. Sus fuerzas especiales las componen 180.000 militares. Tan solo en la frontera con Corea del Sur y a 45 minutos en coche de Seúl, Corea del Norte tiene 15.000 cañones y un millón de soldados. Aunque no tengan pan, están sobrados de balas.

Por supuesto, el Sur tiene ejército y el apoyo de Estados Unidos. Se ha instalado un sistema de interceptación de misiles (de los tres de que dispone EE UU). Su nombre es THAAD o Terminal High Altitude Aérea Defense, y actuaría como escudo en caso que Corea del Norte cumpliera sus amenazas de atacar Corea del Sur, Japón, Australia o territorio americano. En este último caso, la amenaza ha sido explícita, con el lanzamiento de cuatro misiles Hwasong-12, cuyo radio de acción alcanza los 3.000 kilómetros, a mediados de agosto. Siendo esta amenaza una gran desgracia, lo peor está por venir: dos Hwasong-14, que alcanzan los 7.000 kilómetros. La amenaza no es irreal. Corea del Norte llevó a cabo dos pruebas con misiles balísticos de largo alcance (ICBM) los pasados 4 y 28 de julio. Los Estados Unidos continentales podrían ser alcanzados por uno de esos misiles con una carga nuclear de 650 kilos: Los Ángeles, San Francisco, Washington y Nueva York son objetivos de Kim Jong-un.

Antes de que el presidente Trump apareciera en escena, otros presidentes tuvieron que lidiar con la misma amenaza con el padre y el abuelo del actual semidiós que lidera su país. Ike Eisenhower, Johnson, Clinton y Bush negociaron con los coreanos con la zanahoria y con el palo. Todos, a cambio de la promesa norcoreana de parar su desarrollo de armas nucleares, levantaron sanciones de la ONU y dieron ayuda alimentaria y sanitaria a un pueblo muerto de hambre. En todos los casos y a pesar de las palabras gruesas de todos esos presidentes, Corea del Norte siempre acabó mintiendo y engañando. Para abuelo, padre e hijo, mentir es tradición.

Pero la posibilidad de que los aliados de Estados Unidos (Corea del Sur Japón, Australia) y ellos mismos sean amenazados en su territorio ha colmado la paciencia de América. De un país con cuatro generales marines de cuatro estrellas en el Gobierno y un quinto como jefe de Gabinete del presidente Donald Trump. El choque del asesino Kim Jong-un con Trump supera a un choque de trenes.

En la Biblia se habla muchas veces de Dios amenazando con lanzar fuego y azufre sobre un pueblo o nación si no se convierte. Así se lo dijo Dios a Lot respecto a Sodoma y Gomorra y todos conocemos el final de la historia. El presidente Truman, tras lanzar la primera de dos bombas atómicas en Japón en agosto de 1945, dijo que haría caer sobre el Imperio del Sol Naciente una ola de destrucción sin precedentes y de “proporciones bíblicas”. Quizá Truman tenía en la cabeza a Sodoma y a Gomorra cuando lanzó las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. Este año se cumple el 72 aniversario de aquellas catástrofes. De tal manera que todos sabemos lo que significa una bomba nuclear.

Donald Trump ha dejado atrás a Harry Truman con su retórica, también bíblica. “Más le vale a Corea del Norte dejar de lanzar amenazas sobre Estados Unidos. Si nos atacan, se encontrarán con fuego y furia como el mundo no ha visto nunca jamás”. La siguiente declaración del presidente fue más comedida en el tono pero más fuerte en el fondo: “Mi primera orden del 27 de enero consistió en renovar nuestro arsenal nuclear. Jamás permitiremos que otra nación sea más poderosa que nosotros”. En realidad, la renovación del armamento nuclear norteamericano empezó en abril de 2010 cuando el presidente Obama firmó el acuerdo de no proliferación nuclear con el presidente ruso Medvédev. EE UU tiene previsto dedicar un billón de dólares a remozar su arsenal nuclear.

En torno a Corea del Norte, Estados Unidos tiene cuatro escudos antinucleares que protegen a sus aliados en Asia y a sí mismo. Cuatro de 39, que ya han sido activados: Guam (Islas Marianas), Fort Greely (Alaska), Hawaii y Vandenberg Air Force Base.

Estados Unidos tiene tres capas de defensa antimisiles. Y han sido probadas con éxito. Además, el país norteamericano tiene 6.800 cabezas nucleares, de las que 1.400 están activas moviéndose por el mundo en bombarderos B-2, submarinos, misiles en barcos y, por ultimo en silos bajo tierra. Frente a este poderío, Corea del Norte tiene 10 cabezas nucleares. La fuerte retórica de Trump, apoyada por su secretario de defensa (el marine Jim Mattis) y por su consejero de seguridad nacional (el general H.R. Mc Master) ha culminado con la tranquilizadora frase del secretario de estado, Tillerson: “Los norteamericanos pueden dormir tranquilos”. Por tres motivos: primero, las tres capas de defensa (la primera, remozada, la inició Ronald Reagan: Strategic Defense Initiative o Guerra de las Galaxias, para defenderse de la Unión Soviética); segundo, la capacidad militar ofensiva de EE UU, que no tiene parangón en el mundo y, tercero, que China y Rusia quieren paz y que sus economías se recuperen. Kim Jong-un (a quien en el Politburó chino denominan el gordito chulito) es un socio muy incómodo para chinos y rusos. Durante la Guerra Fría, hubo muchas oportunidades para que ocurriera una hecatombe nuclear (la Crisis de los Misiles de Cuba de octubre de 1962, siendo JFK presidente) y no sucedió. Americanos, chinos y rusos no se van a jugar la existencia del planeta por culpa de un loco asesino de su familia y de su pueblo.

Donald Trump no es Jack Kennedy, que manejó con maestría la Crisis de los Misiles de Cuba. Pero, quizá, sea el presidente que hable el tipo de lenguaje que chinos, rusos puedan entender y les motive a quitar de en medio el factor que desemboca en la mortal ecuación: Kim Jong-un.

Jorge Diaz Cardiel es socio Advice Strategic Consultants.

Normas
Entra en EL PAÍS