Cuando Wagner se cuela en el despacho

La gestión empresarial, al igual que una sinfonía, puede estructurarse en cuatro pasos: análisis, planificación, ejecución y revisión. O idear, construir, medir y aprender

Una orquesta sinfónica en concierto.
Una orquesta sinfónica en concierto. GETTY IMAGES

Podemos comparar al management (lo siento, pero esta palabra en inglés no tiene todavía traducción precisa al español) con los clásicos cuatro movimientos de una sinfonía. Estos cuatro movimientos explicarían los cuatro grandes momentos de la dirección de empresas, según pensadores clásicos como Mintzberg, Drucker o Porter: el análisis, la planificación, la ejecución y, finalmente, la revisión… o si nos queremos poner modernos, y citar el modelo Lean: idear, construir, medir y aprender. Para inspirarnos en cada uno de estos momentos propongo una pieza musical, que no sólo recoge el espíritu de ese momento, sino que además puede ayudar a ponerse en situación y resolver los problemas que se planteen.

Bellas artes y gestión empresarial

Sección elaborada por profesores de Esade que analiza diferentes ramas de las bellas artes bajo la óptica de las lecciones que pueden extraerse para el management.

El primer momento del management es el análisis, entender el entorno y el contexto que rodea a nuestro proyecto. Los directivos, los empresarios, los emprendedores, deben aquí levantar el vuelo, como un águila imperial, para otear, majestuosos, el horizonte y descubrir en él los valles fértiles de las oportunidades de mercado, las cordilleras amenazadoras de la competencia, y las tormentas de los cambios en el entorno. Qué mejor para este vuelo que elevarse con la Obertura de Tannhäuser de Wagner.

Una vez contemplado el paisaje, detectadas las amenazas, oportunidades, debilidades y fortalezas, llega el momento de ponerse manos a la obra y diseñar una estrategia. El plan aquí tiene que ser completo y ordenado, recogiendo de manera organizada todos los matices de la estrategia prevista. Tiene que ser matemática y creativa, como dice Mintzberg, “la creación de una estrategia debe funcionar más allá de lo establecido, para animar el aprendizaje informal que produce nuevas perspectivas y nuevas combinaciones”. Para ello, nada como dejarse llevar por las notas precisas, matemáticas, pero también artísticas de la Badinerie en la suite número dos de Bach.

Con una estrategia trazada y un plan ya escrito, llega el momento de la implementación o la ejecución (depende de cómo de sanguinario se haya levantado uno ese día). Este sea probablemente el momento más peligroso del management. Como bien decía Helmut von Moltke El viejo, que no fue profesor de Harvard, pero que ha inspirado a muchos directivos y directivas, “ningún plan de batalla sobrevive el encuentro con el enemigo”. En el management “el enemigo” no son sólo los clientes, sino que a menudo son también los propios directivos que se dejan llevar por su hubris de conquista, o las condiciones del mercado, que pueden cambiar rápidamente (nuevas tecnologías, cambios legislativos), haciendo naufragar los planes mejor trazados. Por ello, en vez de proponer una música de conquista, militar y algo trillada, como La cabalgata de las Walkirias de La Walkiria, y que me haría repetir a Wagner, que tampoco es tan santo de mi devoción, propongo algo menos marcial y más exploratorio como el cuarto movimiento de la sinfonía número nueve de Dvorak, Del nuevo mundo.

Más que lanzarnos con los helicópteros, dispuestos a aniquilar toda resistencia que se presente, la clave para una buena implementación es estar atento a los cambios, al nuevo paisaje con el que nos encontremos, para poder reaccionar entonces con inspiración y con elegancia, “allegro con fuoco”.

Muchos directivos y directivas dan por finalizado su trabajo cuando las estrategias ya están en marcha, funcionado y produciendo resultados, pero es entonces cuando llega el momento tal vez más importante del management: la revisión, que da pie al aprendizaje. En una ciencia tan decepcionante como esta, en la que los modelos apenas sobreviven una década, y en la que las anécdotas se erigen a menudo en leyes inmutables, como la que dice que “si a Steve Jobs le fue bien, seguro que le irá bien a usted”, aunque los contextos se parezcan como un huevo a una castaña, es muy importante pararse a reflexionar sobre el éxito y el fracaso.

Si queremos tener éxito en el futuro no es que haya que fracasar ahora, como dice el famoso dicho del mundo startup fail fast, fail often, sino que hay que darse el tiempo de ser críticos y entender el porqué del fracaso o del éxito. Para ello el momento de revisión es esencial, y hay que afrontarlo con humildad y siendo concienzudos, evaluando uno a uno los resultados de todas las decisiones tomadas, y contemplándolas de manera crítica y despasionada. Como el repetitivo pero inspirador Prophecies, del Koyaanisqatsi de Philip Glass.

El arte de las musas

  • La música, el arte de las musas, es la combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios de la melodía, la armonía, y el ritmo. Sin embargo y pese a su lógica, esta definición sigue dividiendo a propios y extraños incluso hoy, cuando se discute más que nunca si algunas experiencias artísticas límites son o no música. Quizá, para no entrar en polémica, muchos prefieren definirla como un producto humano elaborado a partir de sonidos con un objetivo estéticoaugural del cine retra.
  • A diferencia de otros la música es de los primeros artes que se manifestó como herramienta para el desarrollo mental. Hoy sabemos que el aprendizaje de la música como disciplina activa ambos dos hemisferios cerebrales y que favorece la concentración y la memoria. Así, desde el punto de vista del ejecutante, que si nos centramos en el receptor podemos descubrir otros muchos que se han utilizado a lo largo de la historia, sobre todo como base de terapia psicológica o en el tratamiento de diferentes patologías. Ya Platón en su obre La república hablaba de la música como clave para la educación de los jóvenes y reconocía en ella la capacidad de dar placer o sedar.
  • En cuanto a su función varía en relación a la cultura, los instrumentos utilizados y el lugar donde inicialmente está planteada su ejecución; no es lo mismo un hilo musical que un réquiem, que una marcha militar. Y es que, a diferencia de otras artes, no siempre es el compositor el que ejecuta la música, y solo hasta hace apenas unos siglos, el receptor tenía que compartir espacio físico con éste para poder disfrutar de la obra. De ahí la relevancia de la notación musical, que pronto —si se puede definir como tal que ocurriera hace apenas 500 años— empezó a establecer sus bases definitivas. A saber: la melodía con su ritmo en un eje horizontal y, la armonía, en otro vertical.
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