La amenaza de la ‘vieja normalidad’

La posibilidad de que los bancos centrales suban los tipos preocupa a los inversores

Mario Draghi
El presidente del BCE, Mario Draghi.

A principios de 2009, los gestores de fondos de PIMCO acuñaron el término nueva normalidad para describir el panorama financiero posterior a la crisis. Su proyección de un crecimiento lento, inflación moderada y tasas de interés a ras de suelo demostró ser fiable la mayor parte de los ocho siguientes años. Ahora los mercados temen que ese período esté llegando a su fin.

Ha quedado claro que la economía mundial está funcionando mejor. El FMI espera que el crecimiento del PIB mundial alcance un 3,5% este año. Los temores de que una crisis financiera pueda desencadenar una recesión en China han disminuido. La confianza económica en la zona euro está en su nivel más alto en casi una década. Sin embargo, la posibilidad de que los bancos centrales respondan a esa mejora ha pillado a los gestores del dinero por sorpresa.

Los rendimientos de los bonos de la zona euro subieron esta semana después de que los inversores interpretaran los comentarios del presidente del BCE, Mario Draghi, como un endurecimiento de la política monetaria. La perspectiva de que el dinero se encarezca se ha hecho sentir en las acciones. La noción de que un crecimiento más fuerte puede llevar a bajar los precios de las acciones es un recordatorio de la distorsión de los mercados. La liquidez no solo ha rebajado los rendimientos de los bonos del Estado, sino también ha reducido los costes de endeudamiento para empresas y consumidores.

Es demasiado pronto para declarar la nueva normalidad. Después de todo, el BCE sigue gastando 60.000 millones de euros al mes comprando bonos. Los signos de una recuperación también podrían resultar falsos. Las esperanzas de que la elección del presidente Donald Trump conduzca a recortes de impuestos que impulsen el crecimiento y el gasto en infraestructuras se se ha desvanecido en gran medida. Los bancos centrales saben que un endurecimiento de la política monetaria demasiado rápido podría golpear a los mercados y, a su vez, la confianza de los consumidores y las empresas. Sin embargo, las piedras de toque de la era post-crisis se están tambaleando. Los inversores tendrán que acostumbrarse a observar bajo cubierto.

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