En las entrañas suizas de la relojera Panerai

La firma de origen italiano apuesta por la tecnología, en busca de precisión

Crean impresiones en 3D para tener una imagen de los modelos antes de producirlos

relojes panerai
Montaje del interior de uno de los relojes de Panerai.

En un moderno edificio, en lo alto de Neuchâtel (Suiza), está encerrado el mayor secreto de los relojes Panerai. La sede fue inaugurada en 2014 y todo su funcionamiento es ecológico: con paredes de cristal para aprovechar mejor la luz, usa energía solar y reutiliza el calor que desprenden las máquinas. Además, aprovechan el agua de la lluvia para los cuartos de baño y para regar los jardines.

El origen de la marca se remonta a 1860, cuando Giovani Panerai abrió en Florencia una tienda de relojes suizos, además de una escuela de relojería. Sin embargo, no fue con relojes con lo que comenzó la fabricación de Panerai, si no con instrumentos de precisión, como brújulas, profundímetros y antorchas de buceo. En aquel entonces, la Marina italiana era su único cliente, y no fue hasta 1936, por encargo de esta, cuando fabricaron su primer reloj. Este debía ser sólido y sumergible, características que todavía hoy continúan siendo parte de la identidad de la marca. La innovación es el motor de Panerai, por lo que poco a poco fueron mejorando los relojes para hacerlos más resistentes. Así surgió la idea de incluir las asas en un solo bloque con la caja, en lugar de soldarlas, y añadir un puente para proteger la corona, lo que se convirtió en un distintivo de su diseño.

Exterior del edificio de Panerai en Neuchâtel, Suiza.
Exterior del edificio de Panerai en Neuchâtel, Suiza.

En 1993, Panerai comenzó a vender relojes al público en general, y cuatro años más tarde fue comprada por el grupo Richemont, propietario de marcas como Cartier, Montblanc o Piaget. Al principio, les compraban los movimientos a las grandes marcas suizas de relojería, pero en 2005 se creó el primer movimiento desarrollado íntegramente por Panerai. “Diseño italiano, tecnología suiza” reza debajo del cartel de uno de sus modelos más emblemáticos, el Radiomir 1940. Esta combinación sigue constituyendo Panerai ya que el equipo de marketing se encuentra en Italia y la producción se realiza en Suiza.

Aunque la manufactura esté en Neuchâtel, todo empieza en Milán, desde donde el equipo de marketing propone una idea que manda a Suiza. Una vez allí, se genera una imagen tridimensional del diseño por ordenador, y para tener una idea más real, se imprime con una impresora 3D. Además de este primer modelo, se hacen varios prototipos para someter los nuevos diseños a pruebas de calidad. Los prototipos son los únicos que se crean íntegramente en la propia manufactura, pues normalmente Panerai solo produce los puentes y las platinas. A excepción de las pruebas para modelos que llevan oro, que también se realizan externamente, pues lo contrario sería demasiado costoso.

Para asegurar la calidad, Panerai, además de pasar las pruebas que dictan las normas, realizan pruebas extras. Todos los nuevos diseños deben superar test climatológicos, de resistencia a golpes, de campos magnéticos y de sumergibilidad, la cual se prueba en una profundidad un 25% mayor de la anunciada. Además de las pruebas a los nuevos modelos, toda la producción vuelve a pasar por tres test de sumergibilidad antes de salir a la venta. También es frecuente ver a los trabajadores llevando relojes porque ejercen de probadores para experimentar evoluciones con el uso que no se pueden recrear en un laboratorio. Aunque esta no es la única razón por la que los relojes son populares entre los empleados, y es que Panerai regala a sus trabajadores un reloj por cada diez años en el grupo Richemont.

En contra de la opinión de que lo hecho a mano es sinónimo de calidad, desde Panerai apuestan por automatizar los procesos para garantizar una mayor precisión. Incluso los destornilladores que utilizan los trabajadores en el montaje de los relojes, que sí se hace a mano, tienen calculada la fuerza para que siempre sea la misma. Desde la marca justifican los altos precios de los relojes (desde 4.600 euros) por el elevado coste de la maquinaria y la gran inversión que realizan en innovación. La filosofía de Panerai es usar mecanismos complejos para hacer la utilización más sencilla para el usuario. Además, aseguran que, aunque las cantidades son secretas, venden todo lo que producen.

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