Planificación financiera

Fórmulas para invertir mejor de los 40 a los 55 años

Hay que construir tres apartados: corto, medio y largo plazo

Es conveniente combinar fondos con planes de pensiones

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El tiempo pasa muy rápido y quien hace tan solo unos años podía estar imaginando cómo sería su vida llegados los 40, se encuentra con que acaba de cumplirlos. Atrás quedaron los años en que conoció a la que, hasta el momento, es su pareja y con la que compró piso y tuvo hijos. En lo que sería la trayectoria vital más común, la entrada en la década de los 40 suele ser sinónimo de una existencia más asentada, en la que el lector ya se habrá consolidado en su faceta laboral y habrá formado una familia.

Y si ha podido sortear el azote de la crisis y la precariedad laboral y conserva un buen empleo, que ha permitido pagar puntualmente la hipoteca e incluso ahorrar parte del sueldo, ese momento de madurez no solo vital sino también económica es el propicio para sentarse a planificar la economía familiar a futuro.

La franja de edad entre los 40 y los 55 años es la de mayor capacidad de ahorro. “Llegamos a un momento vital en el que nuestros ahorros mejoran considerablemente, disponemos de un trabajo con unos ingresos medios, las cargas familiares han empezado a disminuir, la hipoteca está casi pagada, los niños ya no son tan niños y los gastos en guardería y extraescolares se van reduciendo”, resume Carmen Barea, responsable de banca privada del área de márketing y estrategia digital de Ibercaja.

Pero superados unos gastos, es momento de pensar en cómo abordar los que vendrán a futuro: un cambio de coche, una reforma de la casa, los estudios universitarios de los hijos o, ya con miras al largo plazo, la jubilación y la dependencia. Por no hablar de la creación de un colchón con el que asumir imprevistos como el desempleo o una enfermedad. Para quien tenga una capacidad de ahorro aceptable, toca por tanto sentarse a pensar cómo disponer del capital con el que cubrir esas necesidades.

La franja de edad entre los 40 y los 55 años es la de mayor capacidad de ahorro.

Los fondos de inversión más rentables en los últimos 5 años ampliar foto

El primer consejo de los expertos es hacer una suerte de cuenta de resultados de la economía familiar, en la que detallar ingresos y gastos. Y a partir de ahí establecer prioridades: qué dinero será necesario tener disponible para imprevistos o necesidades que se harán realidad en el medio plazo y qué cuantía se reserva para mantener la calidad de vida tras la jubilación, el objetivo más desafiante para un ahorrador.

Desde Atl Capital aconsejan establecer tres compartimentos de ahorro, a distintos niveles en función del plazo y de la liquidez deseable. Una primera caja de ahorro, a modo de colchón de seguridad, en la que atender lo más inmediato y tener cubiertos posibles imprevistos a corto plazo. Una segunda caja para necesidades puntuales que superen el nivel de ingresos antes de la jubilación, para afrontar gastos tales como una reforma del hogar, los estudios de los hijos o el cambio de coche. Y por último, una tercera caja reservada para el retiro. Una vez delimitados estos tres ámbitos, habrá que “buscar el equilibrio entre la idoneidad de cubrir necesidades inmediatas o mantener un cierto nivel de vida en el futuro. Y habrá que hacer un seguimiento y revisión periódico”, explica Beatriz Martinez-Avial, Responsable del Departamento de Planificación Financiera de Atl Capital Gestión de Patrimonios.

Un ejemplo de planificación financiera

¿Cómo bajar la teoría a un caso concreto? Un matrimonio de 40 con dos hijos de 10 y 8 años, y un perfil de riesgo moderado, tiene unos ingresos conjuntos anuales de 60.000 euros y gastan cada año 55.000 euros. Su deseo es poder pagar los estudios univesitarios de sus hijos en el extranjero, reservando 20.000 euros para cada uno, cambiar de coche cada 10 años con un desembolso de 25.000 euros en cada ocasión y contar con otros 10.000 euros anuales de su patrimonio financiero una vez se jubilen.

Sus objetivos superan con creces a lo que puede aspirar la media de los ciudadanos españoles y para ello cuentan, además de con una capacidad de ahorro anual de 5.000 euros, con ahorros por 50.000 euros y con la expectativa de elevar ese ahorro en 15.000 euros al año a partir de los 50 años gracias a haber terminado de pagar la hipoteca.

El inversor siempre deberá considerar su perfil de riesgo y su tolerancia a las pérdidas

Para este caso concreto, Martínez-Avial propone tres destinos para ese ahorro de 50.000 euros.Una primera partida de 10.000 euros para un depósito “que les va a dar tranquilidad para poder invertir el resto del dinero con un horizonte temporal mayor optando a rentabilidades más elevadas”.

Un segundo bloque de 25.000 euros en una cartera de fondos de inversión, que poder reembolsar cuando empiecen a necesitar el dinero, en un plazo de 5 a 7 años y que diseñar en un 35% con activos monetarios, un 45% en renta fija y un 20% en renta variable. Y una tercera partida de 20.000 euros destinada al ahorro de cara a la jubilación, que no se utilizará hasta dentro de 25 años y donde el largo plazo deja margen para hacer una apuesta decidida de inversión en Bolsa.

A largo plazo reina la Bolsa

Los asesores coinciden en que, al más largo plazo, la Bolsa es la mejor alternativa de inversión. En Atl Capital explican que “desde un punto de vista objetivo, en series de 20 años, incluso aun habiendo vivido el peor de los periodos posibles, sería mejor invertir en una cartera 100% de renta variable”. Tomando las rentabilidades medias de los últimos 20 años, en una cartera moderada –con un máximo de Bolsa del 40%–, la rentabilidad anual en términos reales –descontando la inflación– es del 4,4%, inferior al 6,07% anual de una cartera que hubiera apostado en su totalidad por la Bolsa.

“Otro asunto es que un inversor hubiera aguantado estoicamente los 20 años sin venirse abajo en los momentos más duros a pesar de que tenga claro que ese dinero no lo necesita en ese momento”, añade Martínez-Avial.

El perfil de riesgo del ahorrador es por tanto determinante a la hora de hacer una planificación financiera a largo plazo, sin olvidar que en los momentos de mayor castigo bursátil la reacción más habitual es la de vender, perdiendo así la oportunidad de aprovechar las ganancias que suceden a las crisis.

José María Luna, director de análisis de Profim, coincide en que “a largo plazo la Bolsa es imbatible”. E incluso recomienda invertir a 20 años vista no en planes de pensiones –pese a su evidente ventaja fiscal–, sino en fondos de inversión. “Las rentabilidades son superiores y hay un abanico más amplio en el que elegir”, defiende.

Fondos de inversión en función del plazo

En línea con la creación de tres compartimentos de ahorro en el tiempo, para el más corto plazo de un año apuesta por el fondo Cartesio X de renta fija europea; para el medio plazo, de al menos tres años, su consejo es un fondo mixto de hasta un 20% de Bolsa. Y aquí las opciones estarían entre el Renta 4 Valor Relativo, el Gesconsult León Valores, el Deutsche Concept Kaldemorgen, el Global Core Equity de Goldman Sachs, de bolsa internacional, y el Valentum de Gesiuris, de valores europeos de pequeña y mediana capitalización. En definitiva, un coctel en el que combinar de forma flexible la renta fija y la variable.

Para el largo plazo, el consejo de Luna es combinar los fondos mixtos de Bolsa con los puros, graduando el grado de exposición a la renta variable. La cartera de fondos pasaría por tanto por fondos mixtos de Bolsa con un punto de mayor agresividad que los ya citados, como el Abaco Global Value Opportunities o el Metavalor Global, junto a otros puros de Bolsa como el Fidelity Technology, el Groupama Avenir Euro, de Bolsa europea, o el Vontovel Emerging Markets, de mercados emergentes.

La fiscalidad de los planes de pensiones es más atractiva a la hora de ahorrar, no tanto en el reembolso

En cualquier caso, una planificación financiera que se precie deberá vigilar muy de cerca la marcha del mercado. La selección de una cartera de valores o de fondos no puede ser una foto fija sino adaptada a las circunstancias del momento. Así, en la actualidad la inversión en renta fija a largo plazo no resulta atractiva, ante un entorno de tipos de interés al alza, mientras que la Bolsa surge con todo su potencial de rentabilidad pese al riesgo. Sobre el gestor recae la tarea de seleccionar el mejor activo en el que invertir en cada momento y el vehículo más adecuado, ya sea un fondo o un plan de pensiones.

Carmen Barea recuerda que “si podemos comprometernos a no tocar nuestra inversión, que no tenga liquidez inmediata, podemos invertir en un plan de pensiones. Obtendremos un ahorro para nuestra jubilación y además disfrutaremos de importantes ventajas fiscales”. De hecho, las aportaciones a planes de pensiones reduce directamente la base imponible en la declaración de la renta, con un máximo de 8.000 euros anuales, aunque luego en el reembolso el gravamen es superior al del ahorro. “Para el corto plazo, activos baratos y transparentes pueden ser una buena opción. Para la jubilación, los planes de pensiones suelen ser imbatibles”, añaden en Alt Capital. Sin perder de visa la máxima de pagar comisiones de gestión acordes con la rentabilidad.

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