Activismo accionarial

La voz de los minoritarios se alza en las empresas

En 2016 hubo 342 campañas de activismo accionarial fuera de EE UU, según FTI Consulting

En Estados Unidos estas campañas sumaron 645

Los miembros del consejo de administración de Volkswagen, durante la presentación de resultados el pasado martes en Wolfsburgo. Su presidente, Matthias Müller, aparece en la pantalla gigante.
Los miembros del consejo de administración de Volkswagen, durante la presentación de resultados el pasado martes en Wolfsburgo. Su presidente, Matthias Müller, aparece en la pantalla gigante. Reuters

La estructura de gobierno corporativo de las empresas en Alemania, en dos niveles, un consejo de supervisión y otro de administración, se ha visto siempre como una barrera para el activismo de los accionistas. Sin embargo, la exitosa campaña de The Children’s Investment Fund Management (TCI) contra Volkswagen, en la que el fundador del fondo de cobertura, Chris Hohn, pedía un nuevo sistema de bonos basado en objetivos para mejorar la alineación de los ejecutivos con el interés de los accionistas, ha dado confianza a otros activistas. Así, el activismo accionarial en el país centroeuropeo totalizó 18 campañas el año pasado, frente a una sola registrada en 2015.

La campaña de TCI es un ejemplo del aumento del activismo accionarial en el mundo, como constata FTI Consulting, que acaba de publicar una actualización de su mapa interactivo de activismo accionarial global. En él muestra que ha ganado impulso y amplitud geográfica en 2016, más allá de su principal exponente, Estados Unidos.

Metodología

El área de comunicaciones estratégicas de FTI Consulting ha llevado a cabo una investigación secundaria para mapear el entorno regulatorio de 14 jurisdicciones de inversores activistas críticos. El mapa global de activismo de accionistas contiene datos de campañas activistas a 31 de diciembre de 2016, provenientes de Activist Insight. El mapa examina cerca de 4.500 campañas activistas y excluye las campañas destinadas a modificar los estatutos, ya que a menudo son presentaciones automáticas de los inversores pasivos.

El análisis de FTI Consulting revela que el año pasado tuvieron lugar 342 campañas de activismo fuera de Estados Unidos, en comparación con solo 70 en 2010. En el mismo periodo, en Estados Unidos el número de campañas pasó de 135 a 645. La investigación muestra que Canadá, Australia y Reino Unido tienen el mayor riesgo de un aumento en el activismo, impulsado por cambios en los factores económicos, con un dólar estadounidense fuerte, la rebaja de los precios de los activos y el mayor escrutinio de las normas de gobierno corporativo.

Se habla de riesgo porque “desde el punto de vista de la compañía puede causar una inestabilidad en el proceso de toma de decisiones del consejo y su aprobación en junta”, señala José María Piñeiro, managing director de FTI Consulting España. Sin embargo, “desde el punto de vista del accionista minoritario, el activismo sería una forma de ser escuchado cuando hay decisiones que no se entienden o no se comparten”.

Para medir el riesgo potencial en cada jurisdicción, FTI Consulting creó un índice para rastrear el nivel de amenaza del activismo por país y asignar a los activistas clave dentro de cada ubicación. En el espacio EMEA se consideran solo siete países: Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, Holanda, Irlanda e Israel. “En España hay un activismo accionarial, pero no de perfil tan alto como ocurre en otros mercados”, apunta el ejecutivo de FTI Consulting. Y ello, “porque no hay hedge funds o fondos de inversión tan agresivos o con el capital que pueden tener inversores como Carl Icahn o John Paulson. También la estructura accionarial de las cotizadas españolas estarían más limitadas en la capacidad de hacer activismo accionarial”, reconoce Piñeiro.

Nuevos mercados, como Corea del Sur y Japón, han sentido el efecto de los cambios en la gobernanza y un sentimiento cada vez más favorable a los accionistas en 2016 con campañas de activismo. Y los expertos de FTI Consulting prevén que los inversores continuarán ejerciendo su influencia en esta región a medida que se sientan más cómodos con este entorno.

“Los inversores son cada vez más demandantes de que se escuche su interés y su voz. Y cada vez es más complejo el panorama de inversión y por lo tanto también de la información que se solicita o analiza en un consejo o en una junta”, concluye Piñeiro. Por ello, la amenaza disruptiva del activismo presenta a las juntas directivas de todo el mundo un nuevo ímpetu para comprender mejor las cuestiones y preocupaciones de los accionistas con el fin de prevenir que el activismo se produzca y estar mejor preparados en caso de que tenga lugar.

Vías de acción para hacerse oír

La estrategia de activismo empresarial funciona habitualmente con un patrón común, explica José María Piñeiro, managing director de FTI Consulting en España: los activistas, normalmente hedge funds, ven el potencial de valor de una compañía y compran determinados paquetes de acciones que les dan suficiente capacidad para participar en las juntas. “Y dentro de las juntas, lo que hacen es ganar adhesión de otros accionistas minoritarios, para a través de este proceso proponer consejeros que representen sus intereses”.

El interés de los grupos de presión es muy diverso, expone Piñeiro. Los hay con un objetivo social, “como se dio en Estados Unidos con compañías petroleras en su momento, en cuanto a acciones contra la contaminación, por parte de grandes ONG”. Y también el caso de grandes compañías textiles, a propósito de las condiciones laborales que tienen en sus talleres en Asia u Oriente Medio.

Otros ámbitos que también están evolucionando es el de la participación de las mujeres en los consejos de administración –“que es de interés en España”, destaca Piñeiro–, o la diversidad dentro de estos órganos de gobierno de las empresas.

Otra vía de acción, señala el ejecutivo de FTI Consulting, es la evaluación de los consejeros que tiene la compañía y si esos consejeros son los más idóneos o capacitados para representar el interés de los accionistas. Y, en caso de no serlo, proponer el cambio de consejeros o incluso del consejero delegado. También se puede proponer la revisión de la política remunerativa, el cambio de auditores o distintos cambios en cumplimiento normativo. O puede ser una propuesta de valor, “al considerar que no se está maximizando el valor de la compañía o considerar que hay líneas de negocio que no son rentables y proponer su venta o la adquisición de un competidor para generar valor a largo plazo”.

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