Emprendimiento

La vida después de vender mi ‘startup’

Vivir de lo ganado sería la opción lógica, pero pocos emprendedores lo hacen

La vida después de vender mi ‘startup’

"Después de seis años trabajando como un loco en Hostalia, debí tomarme un descanso. El exceso de optimismo puede llevar a arriesgar mucho dinero en nuevos proyectos”. Habla Eneko Knörr, un referente en el mundo del emprendimiento en España, consejero delegado y fundador de Ludei y que en 2007 vendió su compañía, Hostalia, a Nazca Capital.

Como él, otros emprendedores de éxito se están enfrentando al dilema de vender o no su negocio y tener que empezar de cero, en muchos casos, sin haber cumplido la treintena. Porque algo se mueve en el ecosistema de startups e inversión en España. Según los datos provisionales de la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri), el ejercicio 2016 dejó un volumen inversor de 2.992 millones de euros por parte de capital privado, un 3% más, repartidos en 584 operaciones. Además, la captación de nuevos fondos para invertir por parte de operadores nacionales alcanzó los 2.235 millones de euros, un 51% más. Hay más liquidez en el mercado y más apetito comprador.

Llegar a un buen acuerdo es importante, como también calcular los pasos a dar una vez cerrado el trato. Las opciones para quien consigue vender su negocio son diversas:mantenerse en la empresa adquirente, si la naturaleza de la operación lo permite; reinvertir lo ganado para emprender de nuevo o formar un vehículo de inversión, si la venta ha sido cuantiosa; o, simplemente, descansar.Esta es la opción que recomienda Luis Martín Cabiedes, fundador de la firma de capital riesgo Cabiedes & Partners, que desde su papel de inversor ha visto de cerca muchas operaciones de este tipo:“Existe una ley, que es la del 30%. El emprendedor va a perder el 30% del dinero que haya podido ganar, casi sin darse cuenta, en los primeros 12 y 18 meses tras la operación. Mi consejo es tomarse un tiempo, no hacer nada y tener mucha calma”.

“En EE UU no puedes pensar en emprender para vender. Tienes que demostrar que tu negocio funciona”, dice Luis Sanz, director ejecutivo de Olapic

 

Pero el ADN del emprendedor invita a hacer otra cosa. “No conozco ninguno que haya vendido y no se haya metido en algo nuevo de inmediato”, relata Eneko Knörr, quien, pese a reconocer que las prisas no le beneficiaron, no se arrepiente de los pasos que siguió dando. Para él, el encontrar una nueva idea tan exitosa como la anterior no le supone una presión: “Es una cuestión de hablar con gente, leer mucho y ver nuevas tendencias”.

El lado inversor

Quien no se pensó su siguiente paso fue José del Barrio, cofundador de La Nevera Roja, vendida a principios de 2015 a Rocket Internet por 80 millones de euros. Tras tres meses de transición en los que mantuvo su cargo ejecutivo, el cual pudo conservar, decidió salir y poco después fundó Samaipata Ventures, un fondo de capital semilla:“Una decisión arriesgada. Hacer rondas de financiación simultáneas, o el mismo proceso de venta, fueron un máster de negociación y un aprendizaje sobre el sector”.

Una venta, explica, que fue rápida, como también lo fue la de Olapic. Esta startup fundada en Nueva York por los españoles Pau Sabria, José de Cabo y Luis Sanz fue adquirida por Monotype, que cotiza en el índice Nasdaq, por 130 millones de dólares (123 millones de euros). En su caso, siguen en la empresa como directores ejecutivos. “Seguimos funcionando como una empresa autónoma, y podemos seguir ejecutando nuestro plan. Si hubiese sido diferente, quizá hubiéramos tomado otra decisión”, afirma Luis Sanz. Que Olapic haya dejado de ser propiedad suya no ha cambiado su forma de actuar, en tanto su influencia ejecutiva sigue intacta: “Si te compran es porque lo que has hecho antes estaba bien. Hay casos en que se ha prescindido de los fundadores, y las cosas no han salido bien”, dice Sanz. El hecho de que los creadores mantengan un papel relevante pese a la llegada de inversores es, según José del Barrio, una garantía de que estos no perderán su motivación.

“En España nadie compra ‘startups’.Si Mercadona quiere negociar su web, debería comprar”, dice Eneko Knörr

Las ventas de Olapic o de La Nevera Roja surgieron de la propia evolución del negocio, no como una idea preconcebida de sus fundadores. Esto último parece estar extendiéndose, según afirma el fundador de Bandit y de Nubelo, Francesc Font, quien vendió esta última el pasado diciembre a la australiana Freelancer.com. “El objetivo de emprender debe ser crear valor y ser rentable. Hacerlo para vender es un planteamiento equivocado”, explica. “Ahora se lleva el modelo de crear un negocio, levantar dinero y venderlo. No es lo adecuado y te hace entrar en una dinámica arriesgada”, opina Eneko Knörr. Por su parte, José del Barrio, en su nuevo papel de inversor, señala como un desincentivo para invertir en una empresa que su fundador hable de venta futura: “Si es lo primero que cuenta, transmite que su negocio no le apasiona. Hay que ser ambicioso y valorar una venta, pero cuando llegue. Aún te va a quedar mucho para llegar a ese supuesto”, explica. Y si se vende, coinciden todos, es clave conocer los ejemplos de otros emprendedores en la misma situación.

Los casos de Knörr, Del Barrio y Font tienen un punto en común:vendieron los negocios a inversores extranjeros. El 66% de la inversión del capital privado en España en 2016 vino de fuera, aunque los fondos españoles aumentan cada año. Es por ello que Font reclama un mayor peso de inversión nacional. “Aquí nadie compra startups”, dice Eneko Knörr, que ejemplifica:“Si Mercadona quiere mejorar su comercio electrónico, debería comprar cinco o seis startups. Es la forma de adquirir negocio y talento”.

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