El Foco

Es hora de no seguir la corriente

Un líder empresarial debe preguntarse si satisfacer al poder o mantener la visión a largo y crear valor de manera sostenible

Es hora de no seguir la corriente

Hoy transferimos el poder de Washington DC a vosotros, el pueblo americano”. Así comenzaba su discurso inaugural el pasado viernes Donald J. Trump, el cuadragésimo quinto presidente de la mayor potencia mundial sobre la faz de la tierra. Cuatro días después, tras tomarse el fin de semana libre, el nuevo inquilino de la Casa Blanca firmó una orden ejecutiva para forzar la activación de la construcción del controvertido proyecto Keystone XL, así como el Dakota Access Pipeline. Si no fuera suficiente, y evocando a algún líder totalitario de la Europa del siglo XX, el presidente Trump decretó que la construcción y los materiales utilizados deben ser forzosamente “hechos en América”. Estos proyectos han sido objeto de ardua polémica por consideraciones ambientales –seguridad, modelo energético, impacto sobre recursos naturales y sociales, recursos culturales e impacto en las comunidades. Esto precisamente llevó a Obama a decretar su cancelación, poco más de un año antes.

Lamentablemente esto no es un hecho aislado. Antes de su inauguración. ya hizo un ejercicio de bullying corporativo a compañías como Ford y Carrier, que de la noche a la mañana decidieron cancelar inversiones millonarias en México para quedarse en casa (1.200 millones de dólares en juego en el primer caso y 2.000 puestos de trabajo en el segundo). Esto es, cuanto menos, resbaladizo y grotesco.

"Un presidente no debería acosar y forzar decisiones de empresas privadas que no imcumplen la legalidad"

En primer lugar, porque un presidente –en este caso jefe del Ejecutivo y jefe de Estado– no debería acosar y forzar decisiones de empresas privadas que, no incumpliendo la legalidad, trabajan para crear valor para sus grupos de interés. Para eso existe el Consejo de Administración, las juntas de accionistas y los canales de diálogo con los stakeholders. En segundo lugar, porque en un mundo que aspire a ser inclusivo y generar prosperidad y bienestar a la humanidad, debemos generar oportunidad para el desarrollo en otros países, máxime cuando Estados Unidos es una economía con pleno empleo (la tasa de paro es del 4,7%) y que su renta per cápita es 6,19 veces la de México. Si el desarrollo inclusivo no es suficiente argumento, una mayor eficiencia productiva redunda en un beneficio para el consumidor americano, que ve incrementado su poder adquisitivo.

Esta nueva era de brotes populistas, como también sabemos, no es exclusivo de Estados Unidos. Lo estamos viendo de manera cada vez más frecuente en economías avanzadas, con sucesos como el brexit o el auge de movimientos políticos ex-céntricos. En este sentido, la gran pregunta que debe hacerse un líder empresarial es la siguiente. ¿Debo seguir la corriente y satisfacer los caprichos del poder, o, por el contrario, debo mantener una visión de largo plazo, tratando de crear valor de manera sostenible? Claramente, al menos en el corto plazo, la primera opción parece generar endorfinas suficientes como para aliviar el estrés en la psique del líder. La segunda, sin embargo, requiere poner toda la carne en el asador, pero seguro está más alineada con la creación de valor en el largo plazo.

Como si se tratara de una demostración empírica del dilema del prisionero, este año el Foro de Davos ha sido un buen escaparate para ver por dónde han adoptado un buen número de líderes empresariales. Alabar las perspectivas de crecimiento económico en Estados Unidos gracias a los estímulos (previstos) de la era Trump, ha ganado la batalla de las ideas, frente a los que temen los riesgos y las consecuencias que el acoso y la injerencia de Trump y sus pares, pueden generar al comercio y a la prosperidad mundial.

"Blackrock advierte a los CEOs de que moverse por el ruido a corto plazo puede afectar a su continuidad"

Larry Summers, presidente emérito de Harvard y exsecretario del Tesoro de Estados Unidos decía de manera crítica en Davos que “la gente que estaba terriblemente asustada” ante la perspectiva de Trump “ahora ensalza su inteligencia”. Y añadía que “el problema no es que la gente haga cosas mal, porque siempre habrá gente para hacer las cosas mal. El problema es la buena gente que sigue la corriente”. No puedo estar más de acuerdo.

En este proceso de debilitamiento de algunas convicciones que han llevado a compañías formidables a abrazar la sostenibilidad y la creación de valor compartido ha habido, sin embargo, un rayo de luz. Una señal alta y clara. Larry Fink, fundador y presidente de BlackRock, ha advertido a la comunidad de líderes empresariales de que, precisamente en momentos como este, el cuidado de los aspectos ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno) tienen mucho más sentido, no menos.

Antes de poner en valor este llamamiento, permítanme explicar a los menos familiarizados con el mercado de capitales qué es BlackRock. BlackRock es la gestora de activos más grande del mundo. Gestiona activos por valor de 5,1 trillones de dólares, lo que equivale a más de cuatro veces el PIB de España. Su volumen de inversiones le hace tener exposiciones en, virtualmente, cualquier activo cotizado del mundo. Solo en 2015 participó en 16.941 juntas de accionistas a nivel global. En resumen, un actor –aunque sigiloso– principal. Cada año, el señor Fink dirige una carta a los CEOs de las principales compañías en su cartera. Este año, con rotundidad, advierte de que el cuidado de los aspectos ambientales, sociales y de buen gobierno, son indicadores críticos que informan de los compromisos de los gestores con la sostenibilidad de los negocios en el largo plazo. Advierte, o más bien amenaza, a los CEOs de que moverse por el ruido del corto plazo puede tener serias consecuencias para la continuidad en sus puestos.

Creo que los líderes empresariales no deben sucumbir al chantaje o a la búsqueda de complacencia para evitar posibles controversias. El cambio climático, la escasez de agua, la expansión de la población, el cambio demográfico o la disparidad de la riqueza seguirán allí cuando Trump o cualquier otro haya dejado el cargo. Todos sabemos, además, que tales retos no se resuelven a golpe de tweet. Es hora de no seguir la corriente.

Jaime Silos es director de Desarrollo Corporativo de Forética y presidente de Spainsif.

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