Riqueza

La desigualdad frena su avance gracias a la recuperación económica

La Fundación BBVA-Ivie resalta los efectos beneficiosos de la recuperación pero advierte que la renta de los hogares se mantiene aún un 20% por debajo del nivel precrisis

Los efectos de la crisis sobre la desigualdad pulsa en la foto

Con el estallido de la crisis, España no pudo continuar con los avances logrados para reducir la desigualdad. Hasta 2007, había conseguido mantener estables los índices que miden la distribución de la renta. El más popular y reconocido por los expertos es el Índice Gini, que varía desde cero, donde habría ausencia de desigualdad, y 100, máximo de desigualdad, cuando un solo individuo concentra toda la renta. Pues bien, España contaba en 2007 con un Índice Gini de 32,5 puntos.

Sin embargo, durante la crisis este indicador se disparó más de dos puntos, situando a España como uno de los países donde más aumentaron la desigualdad y la pobreza de 2008 a 2013. Un estudio de la Fundación BBVA-Ivie presentado ayer pone de manifiesto cómo este fuerte deterioro en la distribución de la renta ha ido parejo a una brusca caída en los niveles de vida. De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) que elabora el INE, la renta disponible de los hogares cayó de promedio un 20% entre 2007 y 2013, interrumpiendo así un largo periodo de crecimiento sostenido en los niveles de vida, y se mantuvo estable entre 2013 y 2014 (último año disponible), coincidiendo con la salida de la recesión.

El informe reconoce que el aumento en la desigualdad que acompaña a la caída de la renta indica que tras los valores medios se esconden grandes disparidades entre hogares y encierran también un dato descorazonador: los efectos de la crisis se han repartido de forma asimétrica, “al recaer un mayor coste de la misma sobre los segmentos sociales de rentas medias y bajas”.

¿Por qué España ha sufrido más que otros países ese aumento de la desigualdad? La clave hay que buscarla, en opinión de la Fundación BBVA-Ivie, en el comportamiento del mercado laboral; sobre todo si se tiene en cuenta que en torno al 75% de la renta disponible de los hogares procede de rentas del trabajo. Así, durante los peores años de la crisis, en España se disparó la dispersión salarial. De un lado, creció con fuerza el empleo a tiempo parcial (lo que reduce los salarios en proporción al recorte de horas trabajadas), de otro se intensificó la diferencia de ingresos por el mayor peso de los trabajadores autónomos y, por último, se registró un mejor comportamiento de los sueldos de las personas altamente cualificadas.

Por todo ello, el estudio concluye que el 80% del aumento registrado en la crisis de la desigualdad “se debe a la disminución en la intensidad de trabajo en muchos hogares, por la combinación de un fuerte incremento del desempleo y un aumento del trabajo a tiempo parcial y de los empleos temporales”. Los asalariados a tiempo parcial aumentaron durante la crisis casi en medio millón, mientras el número total de asalariados disminuyó en casi tres millones, recuerda el informe.

Sin embargo, pese al efecto demoledor que ha tenido el mercado laboral sobre los recursos de los hogares, el estudio recuerda que existen tres tipos de intervenciones públicas que palían, en distinta medida, la desigualdad de rentas. Se trata de las prestaciones sociales monetarias (pensiones, paro y resto de prestaciones sociales), los impuestos directos, que descontados de la renta bruta dan lugar a la renta disponible; y la prestación de servicios públicos como la educación y la sanidad, que dan lugar a la llamada renta disponible ajustada.

De estas tres actuaciones, las prestaciones sociales son las que mayor efecto redistributivo poseen, en especial las pensiones de jubilación que según el estudio redujeron la desigualdad un 17,3% (que se traduce en 8,9 puntos menos en el índice Gini) en 2014. En cualquier caso, la renta de los hogares se sitúa hoy todavía un 20% por debajo de los niveles previos a la crisis.

En cuanto a los impuestos, éstos muestran una capacidad redistributiva moderada, lo cual lleva a los expertos de la Fundación BBVA y el Ivie a advertir que “el sistema fiscal español parece insuficiente para financiar determinados niveles de gasto público de forma sostenible en el tiempo, lo que puede ser particularmente preocupante en el futuro”. Sanidad y educación también moderan la desigualdad porque contribuyen a mejorar la calidad de vida sin tener en cuenta los ingresos. Sus efectos correctores son del 10% y del 8%, respectivamente, pero, sin duda, lo que será determinante para seguir corrigiendo la desigualdad es recuperar cuanto más empleo, mejor; y si es estable y de calidad, perfecto.

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