El Foco
Formación e información financiera

Formación e información financiera

El ahorro, la inversión y el acceso a ciertas fuentes de financiación es ya una práctica popularizada

Parece evidente que uno de los aspectos más relevantes en el que deben centrarse las actuaciones de las instituciones de un país, tanto políticas como sociales y económicas, entre otras, consiste en cuidar la formación en general y la financiera en particular, de sus habitantes.

Desde ya algún tiempo, y quizás muy especialmente desde que apuntaba en 2007 una situación de crisis económica generalizada, se ha ido tomando conciencia de la necesidad de formar financieramente a los usuarios de los productos y servicios que se ofrecen por las entidades especializadas.

El proceso de aparición de fórmulas cada vez más novedosas, así como la transformación de las que se han venido utilizando en las últimas décadas, se ha incrementado notablemente en la última parte del pasado siglo y en los primeros años del actual. Aspectos tales como el ahorro, la inversión y el acceso a determinadas fuentes de financiación se han convertido en una práctica habitual y bastante popularizada entre las entidades especializadas y los usuarios.

Por otra parte, la política monetaria expansiva desarrollada especialmente por la Reserva Federal norteamericana, seguida posteriormente por otros bancos centrales, ha supuesto cantidades ingentes de dinero, que se han traducido en posibilidades crediticias exageradas, y que unidas a una especial visión del negocio desembocaron en fórmulas tales como las hipotecas subprime, suficientemente conocidas por todos en la actualidad y cuyas desastrosas consecuencias son ya parte de la historia financiera y económica reciente.

La permanente bajada de tipos de interés en los últimos años ha constituido igualmente uno de los factores decisivos que ha llevado a las entidades a ofrecer vías de rendimiento diferentes a las de los depósitos bancarios, y a los inversores a intentar obtener rentabilidades según sus objetivos y que les compensen adecuadamente.

"La primera pregunta que podemos hacernos es si existe un exceso de confianza de los inversores en sus asesores”

Los colectivos de inversores perjudicados por inversiones inadecuadas ha sido constante a lo largo de los últimos años, y las autoridades financieras, por un lado, se han visto obligadas a efectuar cambios en la legislación, especialmente en lo que atañe a la protección de los inversores, y por otro, los propios inversores han tomado cartas en el asunto y han buscado vías para recuperar en su caso las pérdidas sufridas o al menos minimizarlas.

A nivel internacional la OCDE, promocionando la International Network on Financial Education (INFE), el Comité de Expertos de la Comisión Europea, el G20 y, en el caso de España, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores han visto la necesidad de paliar el déficit de formación financiera existente en muchas capas de la población.

La primera pregunta que podemos hacernos es la de si existe un exceso de confianza de los inversores en sus asesores. Cuando un cliente acude a una entidad financiera y desea invertir dinero solicita a su persona de contacto el abanico de posibilidades existente. Tras un somero análisis o simplemente fiándose del consejo, materializa la inversión. Y ello se sustenta en que se supone que el asesor tiene una formación financiera de primer nivel y además, información veraz y consistente, y por supuesto, busca lo mejor para su cliente. Las entidades financieras además forman e informan a su personal para esta labor.

La segunda pregunta que nos surge es si el personal especializado de los bancos suele o no ser proclive a poner a disposición de sus clientes los productos del propio banco. Porque no olvidemos que en muchos casos se pueden encontrar presionados por cubrir determinados objetivos impuestos en cuanto a volúmenes y rentabilidades de sus unidades de negocio, lo que puede llevarles a tener la tentación de colocar productos más acordes con los objetivos que persigue la entidad que con el perfil del inversor. Así pues, puede haber intereses diferentes.

Tampoco podemos olvidar que en la mayor parte de las entidades se establecen dos niveles de clientela en función del volumen de dinero depositado en un banco, lo que conlleva que algunos clientes disponen en principio de mejor acceso a la información que otros, aunque sigue sin resolverse el asunto del riesgo que se asume. En este sentido, las entidades han tenido que observar la Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros, conocida como Mifid, como vía de protección de los inversores y que clasifica a los mismos según su experiencia, conocimiento de los mercados y de los productos, situación financiera y objetivos. En función de ello, hay clientes profesionales y clientes minoristas y al desarrollarse estas categorías se encuadran los clientes y sus inversiones determinándose la idoneidad o no de las diferentes fórmulas de inversión existentes.

"En España, el Plan de Educación Financierabusca aumentar la cultura financiera de los ciudadanos"

En definitiva, nos encontramos con sistemas de protección de los inversores cada vez más exigentes, con mecanismos de cobertura de riesgos desarrollados a lo largo de la historia económica, tales como los fondos de garantía de depósitos y los fondos de garantía de inversiones, y una preocupación creciente por parte de la sociedad en general por formar financieramente a sus ciudadanos. En esta línea se han desarrollado en España una serie de proyectos tales como el Plan de Educación Financiera, impulsado por el Banco de España y la CNMV, con una clara vocación de contribuir a incrementar la cultura financiera de los ciudadanos. Además, instituciones privadas han llevado a cabo también diferentes programas formativos con el mismo objetivo.

Una sociedad formada, en cualquier ámbito y por supuesto en el que nos ocupa, está preparada para afrontar y resolver los problemas y retos que se le plantean y a superar determinadas situaciones especiales, como pueden ser las derivadas de los cambios en los mercados financieros en cuanto a productos y rentabilidades.

Sin embargo, a pesar de que se mejore la formación financiera y de los sistemas de protección implantados, surgen serias dudas de si se volverán a reproducir situaciones vividas en estos últimos años, donde algunos inversores se han lanzado a la compra de ciertos productos de riesgo, conociendo o desconociendo las características de los mismos, y donde algunos intermediarios financieros y los asesores correspondientes han vendido productos informando adecuadamente en ciertos casos y en otros menos, según se ha podido deducir.

Cecilio Moral es catedrático de Economía Financiera en Icade. Director del Máster en Finanzas.

Normas
Entra en EL PAÍS