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Merkel enfría su política del clima

Tras meses de disputas, la gran coalición no ha llegado a un acuerdo sobre cómo alcanzar los objetivos de París

Central de carbón de Vattenfall en Jänschwalde (Alemania).
Central de carbón de Vattenfall en Jänschwalde (Alemania).

Que Angela Merkel muestre frialdad hacia el cambio climático es motivo para preocuparse. La canciller alemana ha luchado de forma extraordinaria contra el calentamiento global antropogénico, impulsando el abandono de los combustibles fósiles, entre otras medidas.

Pero en casa, el entusiasmo de Merkel por el asunto se está agotando. Tras meses de enconadas disputas, la gran coalición de Merkel no ha llegado a un acuerdo sobre cómo alcanzar los objetivos de París (limitar el aumento de la temperatura global a dos grados). Un primer y ambicioso borrador, propuesto por la ministra socialdemócrata de Medio Ambiente hace seis meses, se ha diluido. Por ejemplo, se han descartado tanto un difícil plazo para la eliminación de las plantas de carbón, como el objetivo de que la mayoría de los nuevos coches funcionen con baterías en 2030.

Alemania ya se estaba quedando atrás. Corre el riesgo de no alcanzar el objetivo de reducir las emisiones en 2020 en un 40% con respecto a 1990. Pese a los fuertes subsidios para la energía verde, las emisiones apenas han variado en los últimos cinco años. En 2015 incluso aumentaron un poco.

Se han descartado tanto un plazo para la eliminación de las plantas de carbón, como el objetivo de que la mayoría de los nuevos coches funcionen con baterías en 2030

El ciclo político también influye. La reducción de carbón, que aún representa más del 40% de la generación de electricidad del país, implica arriesgar puestos de trabajo. Lo mismo ocurre con la idea de ralentizar o limpiar la industria automovilística. A un año de las elecciones federales, y con el tema de los refugiados también en cuestión, es difícil ver cómo puede Merkel anteponer las emisiones al empleo.

Si la canciller vacila, también lo hará la credibilidad de Alemania como defensora de políticas climáticas estrictas. También sería una lección preocupante para el resto del mundo. Si una de las naciones más ricas no puede desarrollar la estrategia de París teniendo un mercado de trabajo desbordante y un fuerte apoyo público para las políticas verdes, el riesgo es que los demás ni lo intenten.

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