Banca

Media Europa quiere sacar tajada del ‘brexit’

Fráncfort, París, Dublín, Amsterdam y ¡hasta Nueva York! tratan de atraer parte del negocio de la City

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Panorámica de Oxford Street, en Londres (Reino Unido), donde se colocó una bandera británica en la fachada de unos grandes almacenes, en los días previos al referéndum sobre la UE.

El baile del brexit ya ha comenzado. El Gobierno británico está decidido a iniciar cuanto antes las negociaciones para la desconexión de la Unión Europea (UE), y la banca empieza a analizar qué impacto tendrá en sus operaciones en Reino Unido y cómo amortiguarlo. Las grandes firmas de Wall Street, así como algunos grandes bancos alemanes, franceses, suizos y asiáticos, tienen en Londres importantes filiales.

Gracias al pasaporte europeo, la autorización obtenida por los reguladores británicos les basta para vender productos y servicios financieros en el resto del Espacio Económico Europeo (EEE, la suma de la UE más Noruega, Islandia y Lietschestein). Cuando se materialice el brexit, se acabará el pasaporte. Una circunstancia que ha animado a varias ciudades a postularse para captar parte de las operaciones financieras que hoy se desarrollan en la City londinense.

El Gobierno español juega sus bazas

El secretario de Estado de Economía, íñigo Fernández de Mesa.
El secretario de Estado de Economía, íñigo Fernández de Mesa.

El Gobierno español quiere que las entidades financieras afincadas en Londres se planteen el traslado de parte de sus operaciones a Madrid o a otras ciudades españoles. El secretario de Estado de Economía, Íñigo Fernández de Mesa, aseguró ayer en un foro que el brexit puede generar oportunidades como la opción de que tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) algunos bancos puedan cambiar su sede de Londres a España. Fernández de Mesa explicó que si finalmente no se mantiene el pasaporte para las entidades (la City de Londres es hogar de muchos bancos no europeos que usan el régimen de derecho de pasaportes de la UE para tener negocios en otros países de la Unión), algunos tendrían que trasladar parte de sus operaciones.

A su juicio, España cumple muchos requisitos para que los bancos se trasladen, entre los que ha destacado la regulación bancaria, la fiscalidad, el mercado laboral, el coste de alquiler de las oficinas, las infraestructuras y la calidad de vida.

En su intervención, en un foro organizado por KPMG y El Confidencial, aseguró que las oportunidades también se encuentran en el ámbito público, ya que el brexit podría permitir que se trasladasen a España la Autoridad Bancaria Europea (EBA), que emplea a 200 personas y realiza más de 300 eventos al año, y la Agencia Europea de Medicamentos, que podría ubicarse en Barcelona.

Es el caso de la gestora británica de fondos de inversión M&G, que ha solicitado autorización a las autoridades luxemburguesas para el lanzamiento de una nueva sicav (sociedad de inversión de capital variable) para inversores minoristas radicados fuera del Reino Unido. Esta decisión “nos permitirá ofrecer nuestros fondos a estos inversores europeos en el caso de que en unos años el Reino Unido pierda los derechos de pasaporte financiero como consecuencia de su salida de la UE”, apunta Grant Speirs, director financiero del Grupo M&G.

Si el Gran Ducado de Luxemburgo consolidará su posición como la gran central europea de distribución de fondos de inversión, otras ciudades quieren atraer otros nichos del negocio bancario.

El diario Sunday Times asegura que el banco de inversión Goldman Sachs estaría planeando trasladar a 2.000 de sus empleados de Londres –un tercio del total– a otras ciudades europeas, en caso de que la desconexión respecto a la UE fuera abrupta, y el Reino Unido perdiera el acceso a los beneficios del mercado único.

Las candidatas a hacerse con parte del negocio de la City son cada vez más numerosas. Capitales como París, Dublín y Amsterdam tienen ya programas específicos para atraer inversiones. El alcalde de Fráncfort viajó a finales de septiembre a Londres y se reunió con un nutrido grupo de banqueros para ensalzar las grandes ventajas que tiene la ciudad alemana, y se mostró convencido de que será uno de los principales polos de atracción de talento que huye del brexit.

En la carrera por captar negocio de la City empiezan a aparecer incluso competidores no europeos. En una reunión del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), en Washington, los consejeros delgados de JPMorgan Chase y Morgan Stanley –dos de las grandes firmas de Wall Street– apuntaron que sería Nueva York la ciudad más beneficiada, puesto que tiene una infraestructura de servicios financieros más avanzada.

Las consecuencias del brexit van más allá de la pérdida del pasaporte europeo. Habría implicaciones en cuanto al capital regulatorio. Bancos como Citigroup, Bank of America, Barclays o RBS tienen filiales en varios países comunitarios y el capital exigido por el regulador podría aumentar si las matrices británicas pasan a estar fuera de la Unión Europea.

Otro aspecto que será determinante es la cuestión de los impuestos. Londres tiene una política fiscal más ventajosa, tanto a la hora de gravar los salarios como los beneficios empresariales. El mayor nivel impositivo de Alemania o de Francia, y su mayor rigidez en el mercado laboral, podría hacerles perder puntos para atraer operaciones de Londres.

La gran incógnita es cómo negociará el Gobierno británico la desconexión de la UE. Algunas voces han defendido que la solución sería llegar a acuerdos bilaterales como los que mantiene Suiza con todos los países europeos. Sin embargo, ese entramado de acuerdos, se ha ido forjando durante los últimos 40 años, por lo que no es fácilmente replicable. Además, en países como Francia y Alemania están tomando mucha fuerza los partidos euroescépticos, por lo que es improbable que sus actuales dirigentes puedan defender un acuerdo de desconexión que sea muy favorable para Reino Unido.

A la cuestión del capital exigido a las filiales y del acceso al mercado único se unen otros factores. Los expertos están analizando cómo podría afectar el brexit a las cámaras de compensación de valores que están instaladas en Londres. También puede tener repercusiones sobre algunos negocios específicos de bancos británicos en Europa, como es el caso de la filial de tarjetas de Barclays, o incluso al negocio de mediación en derivados y swap que controla la Bolsa de Londres.

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