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Trabajar en el extranjero

Trabajar en el extranjero: cuando el sueño es volver

Jóvenes emigrados durante la crisis hacen balance de su carrera tras años de trabajo en el extranjero.

Algunos datos dicen que la economía comienza a marchar. Otros apuntan a ciertas mejoras en las escandalosas -y viejas conocidas- cifras del paro. Pero hay un número que, de momento, sigue creciendo: la cantidad de españoles que residen en el extranjero. A 1 de enero de 2016 eran más de 2,3 millones las personas con nacionalidad española inscritas fuera de nuestras fronteras, según los datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), un 5,6% más (120.000 personas) respecto al año anterior.

Jóvenes con más o menos formación, con ilusión y resignación a partes iguales y sin posibilidades laborales en España. Un goteo de emigrantes que desde 2009 han madurado, a la fuerza, lejos de casa. Así ha escapado una generación preparada y capaz de ofrecer lo mejor de sí mismos, pero en otro país.

Toca hacer balance: ¿se cumplen los sueños laborales cuando emigras? ¿Es todo tan bonito como aparece en los programas de la televisión? Henar Varela, madrileña, con 31 años, es arquitecta y expatriada. En su currículum relucen una carrera universitaria excelente en la Universidad Politécnica de Madrid, prácticas, idiomas, becas en otros países y un montón de intentos para ejercer cerca de su casa y de su familia. Llegó a trabajar a Suiza en 2013, después de haber luchado por quedarse en España, y asegura que “mis expectativas se han cumplido con creces". “Aterricé en este país sin conocer muchas cosas y sin hablar bien francés. He aprendido a construir a la manera suiza y nunca imaginé que pudiera liderar proyectos de forma autónoma. Sin embargo, confiaron en mí y he podido crecer profesionalmente", explica.

Y el proyecto se torció

Otras veces, la experiencia internacional se trunca por los abusos de aquellos que se aprovechan del trabajador inmigrante. Así lo han sufrido ocho profesionales españoles que fueron seleccionados para trabajar como terapeutas ocupacionales y fisioterapeutas en la sanidad privada escocesa.
“Tras varios cambios y excusas empezaron a ejercer en un puesto de menor categoría y a sufrir un acoso laboral constante, alimentado con horarios imposibles y pagas erráticas, que terminó en su dimisión", señalan desde la Oficina Precaria de Edimburgo.

“Empezaba mi jornada a las seis de la mañana y acababa a las doce de la noche", recuerda uno de los afectados. Además, “en los días libres que teníamos éramos acosados telefónicamente para acudir a trabajar", añade. Y todo ello se tradujo en nóminas de unas 400 libras (470 euros) por 50 o 60 horas semanales, "muy por debajo del salario mínimo británico", concluye.

No imagina cómo habría sido su carrera en España, pero sabe que “hoy por hoy, mi futuro no está allí. Creo que sería como empezar de cero", cuenta. "Pero desde luego, si pudiera igualar la calidad de vida que tengo en Suiza y el proyecto laboral fuera interesante, no me lo pensaría y volvería corriendo", reconoce Varela.

“El primer error de un expatriado es pensar que los años fuera no sirven para nada", señala Diego Ruiz del Árbol, uno de los tres fundadores de la plataforma Volvemos.org, herramienta que fomenta la búsqueda de empleo en España para trabajadores en el extranjero. “Una experiencia laboral en otro país asegura que conoces el idioma, la cultura y la forma de hacer negocios de ese país, algo que debería ser reconocido por las empresas a la vuelta", insiste.

En general, la mayoría de trabajadores expatriados reconocen que “los inicios son duros y cuesta adaptarse. Aunque, con algo de suerte, las posibilidades de crecer son más y mejores que en España", constata Ruiz del Árbol.

Resulta difícil arrancar una experiencia negativa o conocer una carrera profesional frustrada de un emigrado. Quizá el orgullo o el optimismo forzado del que está fuera no invitan a ello, pero las hay. Nuria Fraile es asesora legal en una de las delegaciones del colectivo Marea Granate en Edimburgo. Es una de las siete voluntarias que trabajan en la llamada Oficina Precaria y que ayudan a los inmigrantes ante situaciones laborales injustas o ilegales. Ella, mejor que nadie, conoce la realidad: “Los programas tipo Españoles por el mundo no reflejan nada más que la historia del que ha triunfado y no es el caso de la mayoría de nosotros", recalca.

  • El otro lado

“El sistema educativo español se basa en el título, mientras que en Europa lo que se pide es talento. Además, los idiomas siguen siendo nuestro talón de Aquiles y, cuando llegan al destino, muchos no salen del entorno hispanohablante, por lo que se hace difícil, aun siendo ingeniero, dejar de fregar platos para sobrevivir", arguye Fraile.

Por si fuera poco, al plano laboral se le añade, irremediablemente, el peso sentimental del que está fuera. "Nuestros usuarios, en general, han pasado dificultades, se han adaptado en otra sociedad y han aprendido a trabajar en otro país; pero ahora, la mayoría por causas personales, quieren volver", resume el creador de Volvemos.org.

Volver aun perdiendo, volver renunciando a salario o perspectivas de crecimiento, pero volver al fin y al cabo. Y lo demuestran las más de 5.000 personas que desde febrero se han inscrito en la plataforma Volvemos.org para encontrar una nueva oportunidad en España.

Y por si fuera poco, en los últimos meses, a los más de 100.000 españoles censados en el Reino Unido, ade,ças de los no registrados oficialmente, se ha añadido el Brexit: “En Escocia la mayoría votó permanecer en la UE y no sufrimos discriminación laboral en ese sentido, pero no es así en el resto del país", afirma la asesora Nuria Fraile.

María Marquerie, de 33 años, sabe bien a lo que se refiere. Llegó a sur de Inglaterra hace siete años para trabajar como odontóloga: “Las malas condiciones en España y la poca perspectiva laboral me empujaron a venirme", rememora. Ella ha ejercido siempre su especialidad en el sistema público de salud y, “a pesar de haber aprendido muchísimo y haber mejorado profesionalmente, últimamente es muy difícil nuestro trabajo, y más en el sector sanitario, ya que existen comportamientos racistas en algunos pacientes que antes no eran tan abiertos", confirma.

“Estas circunstancias hacen que me plantee si no estaría más cómoda trabajando en España", se pregunta Marquerie. La odontóloga intentó volver recientemente a Madrid, su ciudad natal,, pero tras buscar alguna oportunidad “me rechazaron en una conocida franquicia dental por considerar que mi experiencia no era suficiente".

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