La UE, del revés

Berlín arrebata a Bruselas el control de la política comercial

Bruselas ha peleado durante décadas por el control de la política comercial europea

La canciller alemana, Angela Merkel.
La canciller alemana, Angela Merkel. EFE

Bruselas peleó durante décadas por el control de la política comercial europea y no lo logró hasta el Tratado de Lisboa, que entró en vigor a finales de 2009. Pero lo ha perdido de la noche a la mañana. En concreto, de la noche del pasado 28 de junio a la mañana del 29.

En ese breve lapso de tiempo, durante al cumbre europea celebrada en Bruselas para analizar las consecuencias de la victoria del brexit, la canciller alemana, Angela Merkel, dio por sentado que a partir de ahora las capitales volverán a tener la última palabra sobre los acuerdos comerciales que negocie la Comisión Europea. Y esa renacionalización de la política comercial se mantendrá mientras no amaine la desconfianza de la opinión pública hacia muchas de las iniciativas supranacionales que llegan de Bruselas.

Las organizaciones no gubernamentales que se oponen a la liberalización comercial cantaron inmediatamente victoria porque ven redobladas sus posibilidades de abortar acuerdos tan polémicos como el de EE UU, conocido por sus siglas en inglés TTIP. Entre los funcionarios encargados de llevar a cabo las laboriosas negociaciones que requieren esos acuerdos cuesta disimular el desánimo y la sensación de que, tal vez, el trabajo de años se quede atrapado por el veto de alguna capital.

La primera víctima del golpe de mano de Merkel será el acuerdo comercial con Canadá, descrito por la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, como “el más ambicioso que ha negociado la UE en toda su historia”.

El texto está concluido y se espera su firma en la cumbre de otoño con Canadá. Bruselas confiaba en que tras la rúbrica el texto fuera ratificado, tal y como prevé el Tratado de la UE, por el Consejo y el Parlamento Europeo. Pero la presión de Berlín ha doblegado al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el organismo se rindió el pasado martes (5 de julio). Muy a su pesar, la CEpropuso que el acuerdo con Canadá sea calificado como “mixto”, es decir, sometido a un proceso de ratificación a nivel europeo y a nivel nacional.

El departamento de Malmström asegura que tan pronto como concluya la ratificación a nivel europeo, previsiblemente más sencilla, el acuerdo podrá entrar en vigor de manera provisional. Pero los expertos alertan sobre la sombra jurídica que pesará sobre su aplicación, que solo podrá afectar a materias exclusivamente comunitarias mientras no se complete la ratificación nacional. Una línea difícil de precisar. Además, la ratificación nacional puede descarrilar en cualquier momento, tan pronto como algún país vote en contra del texto, lo que impediría sine díe la aplicación al 100% del acuerdo.

Y la amenaza de bloqueo se multiplica porque en algunos Estados, como Bélgica, se pronunciarán Parlamentos nacionales y regionales. El Parlamento de Valonia, por ejemplo, ya ha expresado su rechazo al acuerdo con Canadá mientras no se supriman las cortes de arbitraje (para litigios entre empresas y Administraciones públicas), también previstas en el futuro TTIP.

A pesar de esas amenazas, el equipo de Malmström sigue trabajando sobre esos acuerdos. La UE y EE UU inician hoy la 14 ronda de negociaciones del TTIP. La delegación europea asegura que la cita, la tercera de este año, “muestra que estamos avanzando a todo ritmo y que después del verano se empezará a vislumbrar el esqueleto del nuevo tratado”. Las dos partes esperan cerrar un principio de acuerdo antes de que el presidente de EE UU, Barack Obama, deje el cargo en enero de 2017. El calendario parece difícil de cumplir. Pero la mayor incertidumbre ya no gira solo sobre la negociación entre Bruselas y Washington, sino sobre el proceso de ratificación posterior, que vuelve a estar en manos de las 28 capitales europeas.

 

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