Fondos cotizados

Fondos 'smart beta', la última moda en inversión, ¿qué son?

Fondos 'smart beta', la última moda en inversión, ¿qué son?

La estrategia smart beta es la nueva moda en el sector de los fondos cotizados (ETF), una industria que va camino de otro año récord y que gestiona ya activos por valor de más de tres billones de dólares en todo el mundo. A fecha de mayo de 2016, los ETFs registraron entradas de capital del orden de los 79.000 millones de billetes verdes, de los que nada menos que 18.500 millones fueron a parar a smart beta, es decir, un 23% o uno de cada cuatro dólares. En tan solo un año, este segmento de los ETFs ha incrementado su demanda en más de un 15%.

“La estrategia smart beta pertenece a la división de fondos de gestión pasiva, es decir, que replican el comportamiento de índices, pero incluye algunas particularidades que permiten que se ponderen algunos aspectos, como la búsqueda de dividendo o de una menor volatilidad, entre otros” , explica Aitor Jauregui, responsable de desarrollo de negocio de Blackrock para España, Portugal y Andorra. Y es que Blackrock se ha convertido en el abanderado de los fondos smart beta en el mundo y suyos son 70 de los 850 productos de inversión que emplean esta estrategia.

Los fondos smart beta mantienen una alta liquidez y funcionan con ponderaciones que, según Jáuregui, se revisan cada seis meses. “Esto permite garantizar que se invierte en las compañías del índice replicado que mejor se ajustan al enfoque que se le quiere dar a la inversión”, comenta.

A día de hoy existen tres tipos de estrategias smart beta: la de mínima volatilidad, la de dividendo y la llamada factoring o multifactoring (por la que se ponderan uno o varios aspectos que mejoran el ratio rentabilidad-riesgo). Actualmente, la estrategia de mínima volatilidad es la más demandada, algo que los expertos achacan al repunte de volatilidad que han sufrido los mercados. “Esperamos que la demanda de este tipo de ETFs aumente considerablemente al tiempo que lo haga la volatilidad. Venimos de tres años con una volatilidad mucho más baja que la media y esto debería normalizarse”, señala Jauregui.

Las aportaciones que una posición en smart beta puede reportar a la cartera difieren según el perfil del inversor. Según el análisis realizado desde Blackrock, los institucionales compran este tipo de fondos buscándole un uso estratégico. Así, demandan los de mínima volatilidad con la idea de sacarles rentabilidad automática conforme esta vaya repuntando en los próximos años. Por el contrario, los inversores particulares hacen un uso más táctico de las smart beta, al buscar, a través de este tipo de fondos, una exposición muy concreta que, además, le permite diversificar su cartera sin incurrir en importes mínimos de contratación.

  • Gran demanda en institucionales

Según la encuesta Greenwich, realizada a alrededor de 300 inversores institucionales, el 20% de los mismos utiliza ya productos smart beta. La estrategia más demandada por parte de los gestores es la de mínima volatilidad, utilizada por el 86%. Pero es que el 57% de los inversores que ya hacen uso de estos particulares fondos de gestión pasiva sostiene que incrementará su uso en los próximos años y, de ese mismo porcentaje, cerca de la mitad elevarán en más de un 10% el peso de las smart beta en sus carteras.

“El interés que han mostrado los inversores institucionales es enorme, pero es que los particulares no se quedan atrás”, comenta Jauregui. Según los datos manejados por la industria, el peso de las smart beta en las carteras que las utilizan supera el 8% de media. Y las previsiones para los años venideros apuntan a que sin incrementarse la demanda de ETFs, el peso de las smart beta pasaría de ese 8% a superar el 20%. “Pero es que, además, se espera que la industria siga creciendo”, señala el experto. A lo largo de 2015, los fondos cotizados experimentaron un crecimiento orgánico del 22% a escala mundial. “No nos sorprendería si el total de activos gestionados en Europa por este tipo de fondos pasara de los 510,9 mil millones de dólares actuales al billón de dólares en 2019”, concluye Jauregui.