Emprendimiento social

De la cultura del pelotazo al valor de las personas

Las empresas sociales sostienen más de 2,2 millones de empleos.

De la cultura del pelotazo al valor de las personas

“Empatía, creatividad, trabajo en equipo y liderazgo compartido. Sin esos valores los jóvenes no van a poder afrontar los retos de este siglo”. Con esta contundencia Tito Spínola, responsable del área de educación y jóvenes de Ashoka, la mayor red internacional de emprendedores sociales, resume los pilares sobre los que se sostendrán las empresas del futuro.

Lo cierto es que algo está cambiando en la forma de concebir la economía. La economía social española cerró el ejercicio de 2015 con un censo de 42.929 empresas, que representa un 13,5% sobre los cerca de 3,2 millones registrados a nivel nacional. Y sostiene a su vez 2,2 millones de empleos (el 12,5% del total), de los cuales el 80% es estable y de calidad. Asimismo, el 47% son menores de 40 años.

Cifras que ponen de manifiesto que de la primacía de los grandes beneficios, los emprendedores se interesan cada vez más por proyectos que además de ser rentables generan un impacto positivo en la sociedad.

Una transformación que se percibe también en lo externo: de las reuniones en despachos a puerta cerrada se ha pasado a encuentros informales entre muros de hormigón de viejas fábricas en las que al entrar huele a palomitas, café y nubes de algodón.

Las empresas sociales ya aportan el 10% al PIB español

Es el caso del mercado Yes Alliance, una feria de innovación social durante la que el pasado martes se presentó el primer Mapa del Emprendimiento Social.

Impulsado por el centro de innovación social Impact Hub Madrid y la Asociación de Apoyo a Emprendedores Sociales (Punto JES), el mapa pretende servir de guía para “todos aquellos jóvenes que quieran poner en marcha proyectos de innovación social, a quienes se conecta con entidades y expertos que ofrecen soluciones en las distintas fases de desarrollo”, explica Elena Alcalde, portavoz de Impact Hub.

Un viaje que va desde la formación hasta la financiación y que “parte de la filosofía de compartir, mediante la que hemos conseguido hacernos globales y transmitir que emprender es una opción y un derecho”, añade Mikel Oleaga, cofundador de Punto JES.

La plataforma, a la que se accede desde Puntojes.org, cuenta ya con 239 entradas, de las que 50 pertenecen a emprendedores sociales, en su mayoría menores de 30 años; y 29 a organizaciones de apoyo y entidades que cuentan con herramientas de financiación, entre ellas Microbank, Fundación Telefónica, Injuve o Fundación Tomillo.

  • Cambio de paradigma

El que la economía social haya contribuido el 10% al PIB en 2015 y que las empresas sociales destruyeran un 6,5% menos de empleo durante la época de crisis es un incentivo para potenciar su papel como complemento al modelo económico y empresarial tradicional.

Para ello, “es imprescindible un cambio de paradigma en la educación”, insiste Spínola. En esta línea, desde Ashoka han puesto en marcha la primera red global de centros educativos en los que el alumno es el protagonista.

Son las escuelas Changemaker, que tienen como eje central de sus programas formativos impulsar que pequeños y jóvenes estudiantes “se conviertan en agentes de cambio”. Desde que arrancó la iniciativa, hace poco más de un año, ya son siete los colegios a nivel nacional que participan en la red, entre ellos el Centro de Formación Padre Piquer de Madrid, que cuenta con 1.000 alumnos de secundaria y escuela profesional; Escola Sadako de Barcelona, con 700 de infantil, primaria y secundaria o el CEIP Ramón y Cajal de Zaragoza, con 35 escolares de infantil y primaria.

Vista de la presentación del Mapa de Emprendimiento Social en Madrid.
Vista de la presentación del Mapa de Emprendimiento Social en Madrid.

El cambio va más allá del ámbito escolar. Aunque pueda resultar paradójico, organizaciones sin ánimo de lucro disponen de programas para impulsar el emprendimiento social. Es el caso de Acción contra el Hambre, que también participó en la feria. “Nos enfocamos en personas en riesgo de exclusión y las proporcionamos alternativas para que se puedan incorporar al mercado laboral”, explicó Cesare Rubino, asesor de la ONG.

Otra de las iniciativas que se han dado a conocer durante las dos jornadas fue la aplicación de Hackity app, diseñada “para mejorar nuestros barrios y ciudades”, detalla la responsable de marketing, María Isla. La aplicación permite compartir ideas con las que mejorar la habitabilidad de los espacios urbanos. Y es que las grandes metrópolis “no están pensadas para las personas”.

Además de la app, desde Hackity “enseñamos a prototipar”, una nueva línea de negocio que surge tras detectar que “los jóvenes saben que las ideas son una poderosa herramienta para cambiar el mundo, pero tienen miedo y, muchas veces, no saben cómo llevarlas a cabo”.

Tampoco faltó a la cita Think Big, el programa puesto en marcha por Fundación Telefónica que este año ha lanzado su cuarta convocatoria, y con el que se pretende apoyar con formación y financiación a jóvenes de entre 15 y 30 años que pongan en marcha proyectos sociales y digitales. La iniciativa ha respaldado más de 12.000 proyectos desde 2010, repartidos entre España, Alemania y Reino Unido.

El gran cambio del siglo XXI

De la cultura del pelotazo al valor de las personas

El colectivo de empresas de la economía social ha despertado el interés de las entidades financieras y ya no resulta extraño ver el logotipo de alguna o varias de ellas en iniciativas como Yes Alliance.

Es el caso de Caixabank, que a través de la Obra Social La Caixa, presentaba la tercera edición de eduCaixa, un programa gratuito que tiene como objetivo “impulsar la excelencia de la educación reforzando valores como el compromiso, el liderazgo compartido, o la cocreación”, señala Alejandro Fernández, del área comercial y educativa de la Fundación La Caixa.

Y añade: “Todas las entidades debemos girar hacia una economía en la que el centro sea la persona. Es uno de los grandes cambios de este siglo”. Esta nueva conciencia pasa a su vez por “inculcar el concepto de prueba-error. No pasa nada por equivocarse”, así como porque se redacte una regulación que, “nos guste o no, es necesaria para conseguir que el modelo sea sostenible en el tiempo”.

eduCaixa celebra este año su tercera edición y la afluencia de participantes es cada vez mayor. Frente a los 320 proyectos de 2013, este año se han presentado 1.300, de los que entre el 30% y 35% tienen opción de participar en el Desafío Emprende, apunta Fernández. El premio, viajar a Silicon Valley.