Directivos

Las cinco claves de la agenda de un ejecutivo

El crecimiento y la expansión del negocio debe ser una de las prioridades

No basta con dinero, hace falta proyecto

Las cinco claves de la agenda de un ejecutivo

La angustia por crecer. Toda empresa debe tener obsesión por expandirse en nuevos mercados. Pero no todo lo hace el dinero, hay una serie de intangibles que condicionan todo el proceso de expansión y en los que el primer ejecutivo ha de estar involucrado. Así lo cree Carlos Mira, director de Cre100do, una iniciativa impulsada por la Fundación Bankinter, el Círculo de Empresarios y el Icex para contribuir al desarrollo del modelo productivo español, basado en ayudar a las empresas a ser más grandes. De todo ello habló en el club de Emprendimiento Corporativo, organizado esta semana en Madrid por Deusto Business School, donde destacó que es importante ser generosos con el talento, sobre todo el interno. Y ante todo tener claro qué se quiere hacer. Asimismo esbozó cinco tareas que deben formar parte, hoy día, de la agenda de todo consejero delegado.


1. Saber anticiparse

La tecnología hace que todo vaya muy rápido, por lo que cualquier alto directivo debe dedicarse a anticipar los cambios que se producirán en el mundo, y sobre todo en su sector. “Igual tiene que replantearse su cadena de valor, la manera en la que actúa con su ecosistema”, explica Carlos Mira, quien dibuja como prioridad del consejero delegado estar atento a las tendencias para las próximas dos décadas. “El atractivo de un mercado se encuentra en la evolución de la clase media, en ver cómo se comportarán los millennials, cuya economía se basa en el uso y no tanto en la posesión material de objetos. Saben conducir pero no desean tener un coche, por ejemplo”. Sobre todo, debe mirar cómo prospera la clase media en el mundo. En este sentido, apunta Alicia Coronil, directora de economía del Círculo de Empresarios, cada vez es más necesario este colectivo, pero no solo en la sociedad, sino también en el mundo de la empresa. “Los países prósperos son los que tienen clase media”.


2. Cambiar el modelo

Debido a que los cambios son cada vez más rápidos, las ventanas de oportunidad son cada vez más cortas. Por tanto, conviene que el alto ejecutivo sea capaz de replantearse su modelo de negocio. “Ya no sirve con el crecimiento orgánico, esto es, con las capacidades internas para crecer. Con esta fórmula es difícil crecer por encima del 20%, ahora hay que buscar también las oportunidades procedentes de alianzas y adquisiciones”, señala este experto, que acumula más de tres décadas de experiencia en puestos directivos en empresas como Thales o Alcatel-Lucent.


3. Diseñar un nuevo traje

Si la empresa crece y adquiere tamaño, y las organizaciones del siglo XXI lo hacen de manera rápida, el consejero delegado debe cambiar el traje de la empresa porque, a buen seguro, se le ha quedado pequeño y conviene hacerle uno nuevo a medida de los tiempos actuales. “Debería ser en función de cómo va a ser la empresa en los próximos años, orientada a ese ecosistema con el que se relaciona”, añade Mira, que apunta que el primer ejecutivo ha de mirar por lo menos a tres años vista y estar atento a los recursos, cada vez mayores, que no están en nómina, pero que a la vez son necesarios para impulsar ese crecimiento dentro de la organización, y que debe estar motivado por los proyectos que se desarrollen.

 

 4. Motivar el talento

Todo alto ejecutivo debe ser consciente de que su organización no cuenta con todo el talento que requiere para afrontar todos los planes de crecimiento que tienen a la vista. Se trata de un bien escaso, que ya no solo se atrae con dinero. La retribución, apuntan los expertos en gestión empresarial, ya no sirve como estímulo para fichar y para atraer a los mejores. “Ahora hay que tener un proyecto atractivo, con el que tanto la empresa como el profesional crezcan. A las nuevas generaciones, a los millennials, se les atrae más por esta vía más que por el dinero en sí mismo”, señala Mira.

 

5. Crear marca

Para poder atraer a los mejores se necesita reputación y marca. Y esto se traduce en tener la confianza tanto de los clientes como de los proveedores. “Se trata también de compartir los errores y las equivocaciones”, señala el director de Cre100do. Esa es una de las labores prioritarias de los consejeros delegados, que han de trabajar para contar con una marca, no solo reconocida, sino también respetada, que genere confianza. Porque las nuevas generaciones de profesionales quieren trabajar en empresas de las que se sientan orgullosos, con reputación corporativa. Por ello también cobran gran importancia dentro de la agenda de la alta dirección los temas de responsabilidad social corporativa.