Tribuna

El gasto farmacéutico, un caballo de batalla

Pese al impulso de políticas de contención y moderación del gasto farmacéutico en el ámbito hospitalario, los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas apuntan que esta partida creció un 26% entre febrero de 2015 y enero de 2016, y que se ha convertido en una de las grandes responsables del aumento del déficit estatal.
Desde el mes de mayo del pasado año, los Gobiernos autonómicos deben informar periódicamente a la Administración central sobre cuál es su gasto en medicamentos y productos sanitarios, tanto los que se dispensan con receta en farmacias como los que se utilizan en los hospitales.
Si bien en el primero de los casos el presupuesto apenas creció un 2,23% con respecto a 2014, en el área hospitalaria y centros de atención sanitaria se disparó alcanzando los 10.706 millones de euros. Aunque una parte importante de este incremento tiene su origen en la introducción de nuevos medicamentos para la hepatitis C, se observa cierto agotamiento en los sistemas de gestión tradicionales dentro del campo de la farmacia hospitalaria. Un agotamiento que deriva no solo en mayores costes, sino que también puede incidir en la productividad del servicio asistencial.
Los modelos basados en la compra de equipamientos y soluciones tecnológicas hace tiempo que dejaron de ser rentables. Según un estudio de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), uno de cada cuatro equipos de diagnóstico, monitorización y terapia puede considerarse obsoleto.
Ante esta evidencia, la sanidad española debería apostar por otros formatos de inversión, que posibiliten el acceso a infraestructuras avanzadas y contrataciones más dinámicas y evolutivas. Y que, además, permitan ahorrar costes y mejorar al mismo tiempo la calidad de las prestaciones. Estaríamos hablando de métodos de pago basados en el uso y/o la evaluación del rendimiento frente a políticas alineadas con el establecimiento de precios fijos. En la actualidad, existen nuevos modelos de colaboración que pueden aportar importantes ventajas con respecto a los sistemas tradicionales. Un ejemplo de ellos son los acuerdos de riesgo compartido, que están obteniendo muy buenos resultados, y más en concreto en este campo que nos ocupa, pues permite acceder a la tecnología en las mejores condiciones y de modo sostenible. Su aplicación en diferentes centros hospitalarios ha demostrado mayores garantías en los procesos de adquisición, conservación, preparación y administración de medicinas. Asimismo, facilita el cumplimiento de la legislación que afecta a aquellas sustancias que requieren de un control específico y establece un protocolo informativo de los fármacos a nivel interno, mejorando de forma notable la eficiencia.
Cada vez son más habituales las compras de fármacos por esta vía o la adopción de soluciones tecnológicas en las que el proveedor factura en función del valor que aportan sus servicios.
Precisamente la Ley de Contratos del Sector Público (LSCP) prevé este tipo de fórmulas variables. Entre otras, determina la posibilidad de que el precio de los productos adquiridos por un centro sanitario pueda variar en función de determinados objetivos, plazos o rendimiento o que pueda establecerse un reparto de riesgos entre la Administración y el contratista. Esta normativa establece incluso una serie de procedimientos a través de los cuales las Administraciones deben formalizar dichos acuerdos.
No cabe duda de que el sistema sanitario español tiene que hacer una clara apuesta por la innovación y acometer muchos cambios estructurales y de concepto si quiere mantener el nivel de calidad que le ha posicionado como una referencia mundial. El gasto farmacéutico es y será durante mucho tiempo uno de sus principales caballos de batalla dada la evolución de los tratamientos médicos y el incremento de la esperanza de vida. El objetivo no solo debe ser controlarlo, sino avanzar en una posible reducción de los costes, sin detrimento de la calidad asistencial.
En estos momentos, tanto los hospitales como los profesionales están preparados para asumir esa transformación, solo queda que los responsables de las Administraciones, los actuales y los que están por llegar, afronten este reto con valentía.

José Manuel Álvarez es Consejero delegado de Lug Healthcare Technology