Tribuna

China, el quid de la cuestión

No hay duda de que hemos empezado el año con el pie cambiado en los mercados financieros. Todas las miradas se focalizan en la evolución del precio del petróleo, pero lo cierto es que la borrasca procede de Asia. El cambio de modelo de crecimiento en China está causando estragos en las bolsas de los mercados desarrollados desde el mes de agosto.

La debacle comenzó con una tímida devaluación del yuan, inferior al 2%, frente a su divisa de referencia, el dólar, seguida de otras dos de menor cuantía. Dos fueron los motivos argüidos para justificar la acción del Banco Popular de China. Por un lado, introducir más peso de las fuerzas de mercado en la fijación del precio del yuan contra el dólar, de cara a ser aceptado por el FMI en el grupo de monedas que forman los derechos especiales de giro; por otro, impulsar una economía cuyo crecimiento se ralentiza.

China movía ficha con carácter previo al inicio de la política monetaria restrictiva (subida de tipos de interés) por parte de la Reserva Federal que llegaría finalmente en diciembre y que justificaba una apreciación adicional del dólar y, por tanto, del yuan. Motivo plenamente aceptable. Pero, ¿qué significaba devaluar para impulsar el crecimiento?

Los mercados lo tradujeron instantáneamente por no me creo el crecimiento del PIB de China de consenso y necesito recalcular el impacto en las economías desarrolladas. Saltaron las alarmas, y no es para menos, pues el crecimiento de China en los últimos siete años ha aportado un tercio del crecimiento mundial. Tal era la incertidumbre que la Fed retrasó la subida de tipos en septiembre y, con su decisión, asustó todavía más a los mercados llevándolos a mínimos. Mínimos que ahora volvemos a visitar.

La devaluación del yuan es sinónimo de una deflación que China exporta a occidente, pero por ahora se está produciendo de modo controlado; de hecho, el país asiático está liquidando sus reservas de dólares para evitar la depreciación excesiva del yuan y ha intervenido recientemente subiendo el HIBOR (tipo de interés de préstamos a un día en yuanes) para evitar arbitrajes entre la divisa off shore y on shore. Controlada o no, la devaluación del yuan preocupa a los inversores porque podría acelerar la salida de capitales (500.000 millones de dólares en 2015). Después de todo, China ha ido incrementando sus reservas en dólares durante más de una década gracias a la entrada de inversiones extranjeras y exportaciones masivas.

La caída de reservas en dólares es un barómetro de la fuga de capitales porque las compañías se apresuran a cancelar deuda en divisa extranjera para proteger sus balances de la depreciación del yuan. Aunque ha ganado en flexibilidad, el tipo de cambio del yuan sigue referenciado al dólar, lo que imposibilita la efectividad de una política monetaria expansiva ad hoc. Es por ello que China implementa controles de capital.

Pero, ¿cuál es el estado actual de la economía china?, ¿podemos hablar de crecimiento más bajo pero estable?, ¿se verá el sector servicios contagiado por el pesimismo de las manufacturas?, ¿qué acontecerá en el ámbito de la deuda privada corporativa? La literatura sobre esta hilera de interrogantes es extensa y variada. La contracción del múltiplo de valoración de las bolsas está reflejando estas dudas y los bearish van ganando adeptos cada día con el goteo a la baja de los índices de renta variable.

Si China acomete con éxito y presteza las reformas estructurales proyectadas deberíamos descartar el desastre. A su favor juegan una ratio de deuda pública sobre PIB moderada (13%), un déficit público contenido que otorga margen para implementar política fiscal expansiva, una política monetaria acomodaticia, un todavía alto nivel de reservas (3,3 trillones de dólares) y un sector servicios que está creciendo a ritmos del 8%.

¿Compensan los argumentos positivos a los negativos? Nadie lo sabe con total seguridad. Lo único cierto es que todo en esta vida tiene un precio y como gestores debemos encontrar el punto de entrada.

Y en el presente año también el punto de salida, puesto que la volatilidad va a continuar siendo la invitada estrella que solo nos traerá la posibilidad de rentabilizar rangos.

Miriam Fernández Jiménez es Gestora de Inversiones en Ibercaja Gestión