Tribuna

Mejorar las subastas de energías renovables

Hace unos días se hicieron públicos los resultados de la primera subasta de producción de energía renovable, convocada por el MICYT. Resultados sorprendentes, no solo porque los oferentes renunciaron a cualquier tipo de mejora sobre los precios de mercado sino también porque las condiciones de la subasta empeoraban, debido a la necesidad de depositar avales, a las que hubieran obtenido acudiendo al mercado sin necesidad de pasar por este procedimiento. ¿Éxito de la convocatoria o problemas de diseño en la misma? En el aire se queda la sospecha de que algo de lo segundo ha podido pasar. El Gobierno había anunciado que los objetivos que buscaba asta eran la contribución al cumplimiento de los objetivos a 2020, el fomento de la industria española y la repotenciación de parques, todo ello con un precio lo más competitivo posible. Excluyendo sin justificación a la energía fotovoltaica. Efectivamente, el precio obtenido más competitivo no ha podido ser. Pero hay otros aspectos que nos hacen dudar que el diseño de la subasta haya sido el más adecuado. Particularmente, llama la atención que no se haya aprovechado la abundante experiencia internacional existente en el diseño de este instrumento.
El primer problema de la subasta era su carácter marginalista. La retribución de todos los ganadores se homogenizaba con la más alta que entrara dentro de la potencia adjudicada. Este sistema presenta dos inconvenientes importantes. Se pueden presentar ofertas bajo coste para conseguir la adjudicación de potencia, pensando en que luego el precio final será cerrado por una oferta superior de otros ofertantes. En cambio, si los oferentes realizan ofertas que se corresponden con la retribución que consideren adecuada las ofertas más bajas recibirán una sobre retribución.
Las subastas fueron uno de los primeros instrumentos de apoyo a las energías renovables que se utilizaron en Europa. Pero fue pronto abandonado por su fracaso a la hora de asegurar los objetivos de capacidad. Solo se terminaba construyendo un parque eólico de cada cuatro adjudicados. Esto se ha mitigado en experiencias posteriores en Iberoamérica incluyendo una fase de precalificación, sin embargo esta experiencia no fue considerada en la convocatoria. En una subasta fotovoltaica este punto no sería tan importante por el inferior periodo de maduración de los proyectos y la menor tasa de mortalidad. Sin embargo, al tratarse de proyectos eólicos la ausencia de este requisito plantea riesgos sobre el cumplimiento del objetivo de capacidad instalada, y por tanto su contribución a la consecución de los objetivos a 2020. Frente al criterio que parece más razonable y simple de presentar ofertas en función de un precio por kWh. producido la subasta se hacía en función de costes de inversión, ajustándose la retribución en función de una formula. Aparentemente, podría haberse dado el caso de que los ofertantes pensaran que estaban obteniendo un suelo a la evolución de los precios de pool cuando realmente no era así. Todo ello por homogeneizar los proyectos con el absurdo sistema basado en el mismo concepto con el cual se han llevado a cabo los cambios retroactivos.
La apuesta por un sistema de subastas como forma de fijar la retribución a las energías renovables debe conllevar la exposición de un calendario de subastas para que los agentes puedan tener una visión de continuidad. La convocatoria de una subasta aislada, sin visión de futuro hace que los resultados que se produzcan no pueden ser considerados significativos.
Al no establecerse ningún tipo de discriminación positiva para los proyectos de repotenciación sentido no se sabe en base a qué el Ministerio esperaba conseguir este objetivo. De hecho las primeras informaciones apuntan a que no hay proyectos de este tipo entre os adjudicados o su presencia es mínima. Tampoco Hay garantías que se vayan a instalar aerogeneradores españoles, los precios bajistas impulsan a priorizar precio en relación a otros condicionantes, particularmente si el suministrador tiene también financiación. Con lo cual es muy dudoso que se acuda a fabricantes locales.
Puede que hasta dentro de cuatro años no tengamos una fotografía exacta del resultado de esta subasta, pero todo apunta que su diseño era francamente mejorable. Esperemos que en el futuro se aprenda de la experiencia para nuevas convocatorias y , entre otras cosas, no se excluya de ellas a tecnologías como la fotovoltaica con excusas que luego se demuestran completamente inapropiadas.

José donoso es Director general de UNEF